miércoles, 25 de marzo de 2009

LOS MEDIOS Y EL DELITO


La información periodística en materia de criminalidad presenta al ciudadano común una serie de sucesos que resultan difíciles digerir. No sabe en qué medida la violencia que se describe ante sus ojos es generalizada o forma parte de situaciones aisladas. Por ejemplo, ¿son fidedignas las informaciones oficiales sobre criminalidad ?.


Otro problema proviene del hecho que no resulta enteramente clara la diferencia entre la realidad objetiva del crimen y la percepción de temor que tiene la ciudadanía. ¿El hecho que las personas indiquen que el delito constituye una de sus principales preocupaciones cotidianas es reflejo de su experiencia personal, o más bien del conocimiento que adquieren por diversos medios sobre la experiencia de otros?


Estas dudas, ciertamente razonables, adquieren dimensiones aún mayores cuando el tema pasa a ser el de las políticas destinadas a reducir el crimen. Aquí los diagnósticos recorren toda la gama y pueden ser especialmente confusos. Hay quienes suponen que la ocurrencia del crimen se debe a la falta de voluntad de las autoridades para enfrentarlo: si éstas tuvieran el coraje necesario para tomar medidas más duras, se dice, el problema sería bastante menor y en un plazo bastante breve podría remediarse.


Se las acusa de negligencia, debilidad o apego excesivo a las normas legales. Por otra parte, están los que asumen en el extremo opuesto que la única manera de enfrentar el problema de la violencia criminal radica en solucionar las causas sociales últimas del fenómeno, que encuentra su raíz en la pobreza y en la desigualdad de ingresos y oportunidades sociales.


La investigación académica internacional y la documentación de experiencias internacionales permiten contestar en parte esas interrogantes. Conocer con exactitud la frecuencia con la que se cometen hechos criminales es extremadamente difícil, aunque es posible acercarse a esa realidad mediante el adecuado análisis de distintas fuentes de datos. Las percepciones sobre la violencia tienen una relación indirecta con la realidad de ella. Así, en general los adultos mayores y las mujeres tienen mayor temor al crimen, aunque en general corren menos riesgos que los jóvenes. Así también, muchas encuestas demuestran que las personas consideran más seguro su vecindario que la comuna o la ciudad que habitan.


La realidad es que sabemos menos de lo que necesitamos para decidir como ciudadanos respecto de las políticas más apropiadas para gozar de mayor seguridad. Las estadísticas nos dicen que los robos con intimidación o violencia vienen aumentando con rapidez. Sin embargo, desconocemos cuán frecuentes son los robos con violencia en la misma comunidad, los hechos que involucran gran violencia y cuáles son sus efectos.


Tampoco sabemos si la violencia que ejercen sus autores es producto del consumo de drogas o de alcohol, o si es puramente instrumental y destinada a obtener un botín mayor. Por último, es escaso el conocimiento existente respecto del grado de planificación que tienen esos robos y del proceso que lleva a la selección de blancos por parte de los malhechores.


Si conociéramos esa información, podríamos diseñar políticas preventivas más finas y efectivas. Allí donde se han producido avances en la reducción de la violencia, éstos se han fundado en gran parte en la producción de conocimiento respecto del fenómeno criminal y en la evaluación independiente y crítica de las medidas adoptadas para enfrentarla.
Fuentes: Observador del Vecindario, Lujan D. Muiño y Andres Penachino
Foro de los Profesionales de la seguridad.

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