domingo, 29 de marzo de 2009

ROL DE LOS GOBIERNOS MUNICIPALES BONAERENSES EN LA PREVENCION DE DELITOS





Morfológicamente, la población bonaerense al ser tan grande como vasto territorio en donde vive, y tan disímil, como sus recursos naturales, o medios de vida, algo por esto y mucho por lo que sigue, no conforma una verdadera comunidad.
Una población con componentes étnicos menos autóctonos de lo que literariamente se inculca, aglutinada en ciudades y pueblos que a menudo invocan su derecho a la identidad cultural para conservar costumbres ancestrales no conocidas, no pueden invocar rasgos comunes.

En algunas ciudades como consecuencia de su nivel de vida, la preocupación es el consumismo, y en otras por igual razón, están preocupados por la pobreza endémica. Estilo de vidas distintas, necesidades opuestas.
¿Qué une a los bonaerenses cuando ni siquiera étnicamente somos una sola población?. Es acaso “un sistema dinámico de individuos que interaccionan”.

No obstante un pasado y pasiones comunes, gestas gloriosas y tristes, y la idea fija de un destino manifiesto de grandeza, son lazos que en los momentos difíciles nos unen, y gracias a una lengua común nos entendemos.
Pero la megalomanía nos amalgama, y nos concientiza que somos una gran comunidad.

Este preconcepto se encarna también en nuestros gobernantes y es por eso que desde la administración central, a veces distante a cientos de kilómetros, suele implementarse una política común para cientos de comunidades dispersas y con distintos problemas, aun en sus sensaciones de inseguridad. Como estas comunidades fueron ajenas en la elaboración de tal política, se sienten también ajenas ante el fracaso.

Como proteger y mantener el orden de millones de habitantes acostumbrados a que la solución dependa del Estado únicamente, que se quejan por la inseguridad imperante, pero no cooperan.

Considerando que en nuestro territorio hay cientos de comunidades y, la mayoría de ellas hay múltiples agrupaciones comunitarias, las que deben proponer y cooperar en la ejecución de una política preventiva que mas se adecue a su realidad socio económica, mientras que el Estado debe ayudar a esas comunidades para que mediante la instrucción adopten diversas formas de prevención de delitos mediante un programa de instrucción de cómo hacerlo y adaptado a las particularidades del lugar.

En tal sentido, cada Municipio se define como la primera articulación en grandes áreas territoriales, con identidad urbana y coherencia interna, que permiten poner en marcha el proceso de reforma administrativa y de descentralización Siendo el municipio, la primera instancia de la estructura estatal.

Las comunas tienen por objetivo la creación de una estructura descentralizada en relación al gobierno central, por su tamaño y representatividad, tienen el suficiente poder político e institucional, para ser verdaderos gobiernos locales, condición básica para la descentralización real y viable que obtenga aceptación política y ciudadana.


La división territorial prioriza el principio de identidad que es reconocible por todos los habitantes. Esta identidad tiene su máxima expresión en el centro de cada barrio.

De igual modo, el municipio es la plataforma de la comunidad, por su íntimo contacto diario con los problemas de habitante, su capacidad de dar soluciones concretas, y el potencial inagotable del ejercicio directo de la participación.
Es decir, la concertación efectiva entre la gestión Municipal y la participación de la comunidad.

Actividad civil, diseño estructural del municipio en el marco de la seguridad

La percepción vecinal de los factores de inseguridad en cada barrio y sector de la ciudad, define al municipio como marco primario de la seguridad urbana. En unidades territoriales acotadas como los municipios especialmente los del interior, prevalecen el sentido de auto protección vecinal, que facilita el ideal de una “seguridad urbana”

En términos de una concertación de la seguridad, las comunidades de ciudades y pueblos del interior, tienen buena disposición a compartir esfuerzos con la institución policial, y esta participación puede aumentar mediante un buen plan de acción contra el delito donde ambas partes queden involucradas efectivamente en la consecución del objetivo básico que es vivir en paz y armonía.

Es menester entonces, involucrar en el plan a la municipio de modo que, no se ejecuten acciones aisladas, que como sabemos no alcanzan los logros deseados, sino que la planificación de los planes preventivos respondan a una plataforma de estudios, que se identifiquen con la problemática general y particular de la zona.

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