miércoles, 3 de agosto de 2011

ESTADO NACION EN PELIGRO

POR ANDRES PENACHINO


El estado del estado

“El Estado debe velar por la seguridad de la población”, este axioma que se repite hasta el cansancio, suele ser argumento de quienes creen que su responsabilidad pasa solamente por el pago de impuestos antes del segundo vencimiento.

El Estado, divide el problema de la seguridad en dos vertientes: una interna y otra externa. Cuenta entonces con organizaciones militares y de inteligencia para atender la problemática allende las fronteras.
En el ámbito interno, las policías provinciales y la federal, junto a la custodia de las fronteras, gendarmería, prefectura y policía aeronáutica, deberían alcanzar.

Pero esta división hoy por hoy, es meramente sistémica y no pasa de ser más que una estructura anacrónica, declamatoria, vaga y totalmente inoperante.


DELINCUENCIA IMPORTADA Y NACIONAL


Organizaciones supranacionales exportan sus quehaceres delictivos por medio de redes que llegan hasta donde el poder público lo permite.


Los Carteles, dictan sus propias leyes, códigos, crean ejércitos, se infiltran en el tejido social dejando severas cicatrices.

Los atentados a entidades bancarias con explosivos y otras acciones, ponen de manifiesto un incipiente clima hostil por parte de organizaciones aun no muy expuestas popularmente.

La delincuencia autóctona, por otro lado, ha cambiado su modus operandi por formas y acciones más feroces, crímenes atroces y sanguinarios.

La clase media se repliega, descree y genera sus propios anticuerpos y en lugar de brindar su apoyo al Estado, huye hacia adelante, crea cuerpos paralelos de policías privadas y vive en ghettos con sofisticados sistemas de alerta temprana y protección.


Los depositarios del dinero privado, los bancos, ante la posibilidad de robo, confían en la recuperación por medio del seguro, más que en la prevención..

El delito también crea sus propios santuarios, como los históricamente reconocidos “ciudad oculta”, “la Carlos Gardel” “fuerte apache” por nombrar solo una pequeña porcion de aguantaderos, en los que un operativo rastrillo o allanamiento, se transforma en una operación bélica de combate en localidad con la utilización de aeronaves, fuerzas especiales y operativos cerrojos de gran magnitud.


La delincuencia adquiere material ofensivo poderoso, fusiles automáticos, granadas antipersonal, chalecos antibalas y sofisticados aparatos de comunicación, pero sus objetivos son cada vez más pequeños

Unos si, otros no

Pero la gran masa, los de menos recursos, siguen inermes e indefensos.
Esta dicotomía: seguridad paga/exposición al delito por carencia, parece convertirse en el futuro incierto.
La globalización y el avance tecnológico incrementan la aparición de mayor cantidad de desempleados.
La mayor parte de la población expuesta, está en las capas medias, que como amortiguadores históricos de las tensiones sociales extremas, es la última en tomar decisiones.
En principio buscan la solución personal, se transforman en ácidos críticos de la situación y en meros espectadores del acontecer diario.

El mayor crecimiento no se da estadísticamente en la cantidad de delitos en general, sino en el incremento de la ferocidad y la violencia.
El más elemental de los medios de apropiación ilícita, ha abandonado los ágiles dedos del punguista por el corte de bolso con una navaja, que puede terminar en una herida cortante en los casos de resistencia. El arrebato y huida tradicional, es reemplazado por la agresión previa, casi siempre muy violenta.
¿Es la desprofesionalización del delito como asumen algunos estudiosos del tema?,¿impunidad?¿garantismo? ¿Una situación económica angustiante? ¿Un poco de todo?
El que está en verdadero peligro, es el Estado Nación.


¿Es idóneo el Estado para enfrentar el desafío?


Se ha oído decir por ahí, “hay que encarar una política de Estado”.
Y la población interpreta que va a surgir un nuevo acuerdo súper estructural, un consenso ínter partidario o una resolución plenaria de una asamblea legislativa, como otras tantas que no han dado resultado.
La problemática de la seguridad, pasa por cuatro pilares fundamentales: la justicia, el sistema penitenciario, la policía y la población. Sobre los tres primeros el Estado puede ejercer presiones, modificaciones, cambiar estructuras y dictar medidas correctivas. Pero sobre el último componente, no existe manera de «forzar» un cambio de actitud.
Entonces, es necesario cambiar el enfoque de la pregunta.
..
¿Queremos revertir esta situación?

Andrés Penachino

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