viernes, 2 de septiembre de 2011

ASESORAMIENTO Y RECURSOS PARA LA INTERVENCION DE LOS/AS PROFESIONALES DEL DERECHO Y FUNCIONARIOS/AS JUDICIALES EN SITUACIONES DE VIOLENCIA FAMILIAR

Publica: Andres Penachino
Capitulo 1


CARTILLA PARA PROFESIONALES DEL DERECHO Y FUNCIONARIOS DEL PODER JUDICIAL 

PRESENTACION: 

Los y las representantes del sistema de Justicia tienen una importante 
función que cumplir en la tarea de detección y protección de las víctimas 
de Violencia Familiar, la provisión de asistencia legal y la prevención del 
daño con los recursos jurídicos disponibles para estos casos. 
Aquellos/as que patrocinan o han de juzgar situaciones en las que se 
encuentran personas afectadas por algún cuadro de Violencia Familiar han 
de tener una capacitación básica y realista de lo que significa, para orien- 
tar eficazmente a quienes pueden estar en peligro de muerte y que ya han 
sufrido graves daños, dado que las víctimas suelen tardan bastante en 
decidirse a realizar consultas o iniciar acciones legales. Por lo general no 
les resulta fácil comentar a alguien lo que sucede en sus hogares, pues, 
aunque padezcan, no siempre tienen conciencia cabal de la gravedad y 
peligro en el que están. Mucho menos se atreven a buscar un remedio 
judicial ya que ignoran que están siendo objeto de delito, debido a que este 
concepto no acostumbra a asociarse con la experiencia de la convivencia 
familiar por dolorosa que ésta sea. 

La autoridad profesional y el rol de dedicación y servicio a miembros de 
la comunidad, son factores decisivos para ejercer una influencia cons- 
tructiva y protectora en personas que se encuentran en una situación de 
riesgo. Los/as profesionales del derecho tienen una responsabilidad de 
primera línea pues son quienes pueden lograr que se amparen y protejan 
los derechos básicos y fundamentales de las personas. 

Sea en la consulta privada de un estudio jurídico o en la esfera pública 
de un Juzgado Civil o Penal, usted no está exento/a de que alguien acuda 
a consultarlo/a o a solicitar su auxilio por motivos o circunstancias que 
pueden estar señalando la presencia de una víctima de violencia. Por lo 
tanto es necesario que conozca algunas nociones básicas de la atención 
en crisis, qué se puede decir y hacer, los recursos disponibles, etcétera. 
Pero sobre todo tomar conciencia de que, a veces, será la única persona 
que tiene la oportunidad de poder oír una historia de dolor frente a la cual 
se requiere actuar sin demora para proteger la salud y la vida. Esto siem- 
pre y cuando usted detecte el problema, ya que por lo general, las perso- 
nas no relacionan el daño que viven como consecuencia del maltrato que 
recibieron y/o reciben. Pueden negar su situación por vergüenza, por temor, o tal vez no registran qué les está sucediendo, ya que suele pensarse 
que si no hay violencia física no hay perjuicio. Es usted quien debe tener 
claras algunas cuestiones para poder informar, aclarar y realizar un inter- 
vención preventiva, ya sea con su asesoramiento o con la aplicación de 
un recurso legal. 

Desde la Asociación Argentina de Prevención de la Violencia Familiar, con el auspicio y el financiamiento de la Secretaría de Desarrollo Social, ofrecemos estas cartillas como un aporte más para sensibilizar, concientizar y dotar de elementos a quienes por su rol están investidos de una responsabilidad particular: la de poder dar una respuesta legal adecuada frente a situaciones críticas. Lo hacemos con la confianza de que llegarán a manos de quienes han elegido trabajar en la esfera del derecho y la tutela de os bienes jurídicos fundamentales de las personas. Pero en especial de quienes sufren maltrato y abuso, contribuyendo a devolverles su dignidad humana y el ejercicio de sus derechos, a aquellas y aquellos que, más allá del impacto en su vida y en su salud, sufren injusticias inmerecidas ya que ningún ser humano merece ser maltratado. 


INTRODUCCION 
La Violencia Familiar es un problema social que debe ser reconocido 
masivamente por toda la población, para dar la debida importancia a una 
cuestión que se ha mantenido oculta a lo largo de los tiempos. Entre toda/os 
estamos construyendo la historia de la sensibilización y concientización acerca de la extensión, la gravedad y los costos que los malos tratos dentro de la familia ocasionan a toda la sociedad y sus instituciones. Existen alternativas para los comportamientos destructivos. Todos y todas estamos obligados a favorecer la difusión de este concepto para disminuir la naturalización de la conducta violenta. Cualquier ciudadano/a puede dar un ejemplo y un mensaje positivo a las víctimas que han padecido o padecen maltrato, desaprobando activamente y con firmeza a quienes maltratan, actuando como freno social de las personas abusivas. 
Este fenómeno social afecta a un alto porcentaje de familias de cualquier 
comunidad, en todos los niveles económicos y culturales. Se trata de relaciones que implican un abuso de poder de parte de quien ejerce maltrato. 
La consecuencia del maltrato es el daño en diferentes niveles de la integridad personal, por eso los abusos pueden ser emocionales, físicos, sexuales, financieros y/o socioambientales. La persona abusiva desarrolla su comportamiento en privado, mostrando hacia el exterior una fachada respetable, insospechable, educada. La conducta violenta es compatible con cualquier aspecto, capacidad, inteligencia, actividad, profesión, etcétera. Inclusive en aquellos cuyo desempeño familiar, institucional o comunitario sea aparentemente intachable. Por eso hay que prestar atención a las víctimas, controlando la sensación de incredulidad y rechazo, pues muchas veces 
aparecen describiendo una imagen de alguien que jamás imaginaríamos 
cometiendo los abusos que se detallan. En términos técnicos se produce 
una “disonancia cognitiva”, nos cuesta conciliar en nuestra mente la imagen 
de quien comete un delito en privado con el hecho de que el acusado sea 
padre de familia, profesional, respetado en su entorno, etcétera. Por lo tanto 
nos sentimos propensos/as a no creer en lo que se denuncia. A esto se 
agrega que podamos estar afectados/as por el factor cultural y emocional 
que lleva a cuestionar a la víctima y sentir rechazo a identificarnos con ella 
por su situación de “perdedora, quejosa, perturbada, incoherente, 
verborrágica, etcétera.”. Cuando esta descalificación es comprendida bajo 
otra perspectiva y trabajada dentro nuestro, empezamos a ver estos rasgos como las señales que prueban que esta persona ha sido realmente dañada. 
La mayoría de las víctimas presentan este deterioro emocional que suele 
causar un impacto negativo en quien las oye. Es necesario recalcar este 
fenómeno pues se requiere una comprensión y un entrenamiento especial 
para superar la sensación de impotencia. Y de que no se consigue una 
comunicación adecuada ya que, parecen no escuchar, no comprender la 
situación o esperan soluciones mágicas. 
Las investigaciones en todas partes del mundo demuestran que las mu- 
jeres, las niñas y los niños, constituyen la mayor población en riesgo de 
sufrir malos tratos. Las mujeres son quienes realizan el mayor número de 
consultas legales, de denuncias por Violencia Familiar o inician trámites de 
divorcio por causa de malos tratos. Esto se enmarca en la ancestral discriminación y violencia que han sufrido y sufren las mujeres como género en 
las sociedades de organización patriarcal, cuyas leyes precisamente contribuyeron a su sometimiento y a su inexistencia como ciudadanas hasta épocas recientes. El Parlamento Europeo en febrero de 2000 ha dado a cono- 
cer una macroestadística que, entre otros datos, revela que en el territorio 
europeo 1 de cada 5 mujeres son maltratadas por su pareja. 
El remedio a esta inequidad se encuentra como prioridad en la agenda 
de los principales organismos mundiales como Naciones Unidas, la Unión 
Europea, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial de Desarrollo, etcétera y los Ministros de Justicia de la Unión Europea acordaron 
destinar millones de euros a la puesta en marcha, durante los próximos 
cuatro años de este siglo, del Proyecto DHAFNE, para prevenir toda forma 
de maltrato a mujeres, niñas y adolescentes. 
En nuestro país a la espera de reglamentación y aplicación tenemos la 
CONVENCION SOBRE LA ELIMINACION DE TODAS LAS FORMAS DE DISCRIMINACION CONTRA LA MUJER DE 1979 – ley nacional 23.179 con 
RANGO CONSTITUCIONAL (ART. 75 INC. 22 Nueva Constitución – 1994), 
la CONVENCION INTERAMERICANA PARA PREVENIR, SANCIONAR Y 
ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER (BELEN DO PARA, 1994) 
ley nacional 24.632 DE 1996 que pueden invocarse frente a los tribunales.

¿COMO ES POR LO GENERAL UNA FAMILIA EN LA QUE EXISTE VIOLENCIA? 

Es una familia que tiene una estructura muy rígida, verticalista, autoritaria, 
que discrimina entre varones y mujeres, con roles estereotipados, intolerante 
y castigadora, en la que se cree que se debe obedecer ciegamente y en la que 
se castiga o maltrata creyendo que eso constituye un estímulo para la superación personal. En ella se suele utilizar la crítica, la humillación, el silencio, las prohibiciones no razonables, el control y la vigilancia o el retacear el dinero, 
como formas de ejercer el dominio desde uno de los miembros sobre el resto 
de la familia. Las decisiones son unilaterales, no hay diálogo e impera el temor 
y la sensación de culpa en quienes reciben el maltrato. 
A veces las personas involucradas no se reconocen como inmersas en 
un cuadro de Violencia Familiar, pues muchas de sus características coinciden con el perfil tradicional de las antiguas familias en las que un varón 
ejercía un poder absoluto. Ahora vemos esta situación como una de las formas en que se naturalizó la violencia y quedó oculta dentro de la organización y contexto social en el curso de la historia. 
No hace falta que haya golpes físicos para que se consideren cuadros muy graves que afectan las defensas psicofísicas, producen enfermedades, depresión y deseos de morirse en las víctimas. El maltrato crónico disminuye la expectativa de vida de las personas. Por eso hay que ponerle un límite a tiempo. El maltrato en todas sus formas es un delito integral que afecta los bienes más preciados que posee un ser humano: su dignidad, 
sus derechos, su salud. 

LA VIOLENCIA ES UN PROBLEMA DE SALUD PUBLICA Y DE SALUD PERSONAL PERO FUNDAMENTALMENTE ES UNA CUES- 
TION DE DERECHOS HUMANOS 

A las víctimas les cuesta mucho relatar lo que les sucede pues tienen mie- 
do, vergüenza y, por lo general, tienden a echarse la culpa de lo que pasa. 
Cuando alguien en lugar de escuchar y orientar a una víctima, la 
critica, la responsabiliza o le reprocha “que algo habrá hecho”, está 
ejerciendo maltrato y es una segunda victimización que agrega más 
daño. Si no se está en condiciones de soportar esta dura tarea emocional, 
hay que conducirla a una entrevista con otra persona que pueda abordar la 
cuestión sin culpabilizar, atendiendo el foco de la urgencia.
Una víctima necesita tiempo, paciencia, desahogo, solidaridad, protec- 
ción, recursos, revalorización como persona, información sobre sus dere- 
chos, expectativas realistas, estrategias de resolución, instrucciones en un 
lenguaje claro y directo, ponerse en contacto con personas que desaprue- 
ben la violencia. 
Los cuadros principales de la Violencia Familiar son el Maltrato Infantil, la 
Violencia Conyugal, el Maltrato a Ancianas/os y el Maltrato a Discapacitados/ 
as. Los dos primeros son los más investigados y conocidos, también los que 
afectan al mayor número de personas. 

CRITERIOS DE SEGURIDAD Y PREVENCION 

El que ejerce violencia es alguien peligroso aunque se presente con una 
actitud seductora y amable. Es capaz de manipular, confundir y desconcertar. No hay que arriesgarse a entrevistas, conversaciones o audiencias si no se toman precauciones de seguridad pues, cuando se encuentran descubiertos, pueden decidir terminar con la situación. El violento no tolera que se le pongan límites o que se ventilen sus asuntos en presencia de su víctima y de terceros. Sienten atacada su identidad y su costumbre de manejarse impunemente en privado. Verse obligado a fingir lo que no es ante otros lo enfurece más con la víctima y con quienes cree que supuestamente la apoyan o ayudan. 

Las noticias policiales presentan a diario casos de crímenes familiares en los que el que ejerce violencia mata a la esposa, los/as hijos/as y/ o a terceros y luego se suicida. El desconocimiento acerca de la problemática de la Violencia Familiar lleva a los/as profesionales a minimizar y desestimar los riesgos. En todas partes del mundo y también en Argentina hay agresores domésticos que portan armas en las audiencias judiciales o inician episodios de violencia dentro de los despachos. En puertas de juzgados y comisarías Hombres Violentos cometieron homicidios de esposas o ex esposas, a la salida de audiencias y/o entrevistas en conjunto. Esto ha sucedido incluso en casos en los que previamente había antecedentes de maltrato emocional pero no de violencia física. Por lo tanto se recomienda rever las medidas de seguridad cuando se trata este tipo de casos sin minimizar los riesgos. Se recomienda no tomar audiencias o entrevistas en conjunto. La víctima no se merece volver a pasar por situaciones de tensión y confrontación con quien la ha tenido sometida durante mucho tiempo. Y –salvo que esté en una etapa avanzada de recuperación— tiende a inhibirse, no pudiendo hablar con libertad delante de su victimario. Este suele tener un código especial de gestos, miradas y tonos que resultan amenazadores, perturban a la víctima y le impiden un adecuado desempeño en beneficio de sus intereses.

CRIMENES EN SITUACION DE VIOLENCIA CONYUGAL 

En Argentina no existen estadísticas oficiales sobre crímenes dentro de la familia. No hay un registro diferenciado por este rubro en los organismos correspondientes encargados de cuantificar la criminalidad en el país. Los datos que presentamos no incluyen los casos locales del resto de las provincias, eso daría un número mucho mayor de delitos. Aunque los incluyeramos tampoco responderían a la realidad pues los medios de comunicación no publican todos los casos. Los crímenes de Violencia Familiar se corresponden con una de las mayores cifras negras (desconocidas) del delito, sobre todo si a los homicidios agregamos las lesiones, las violaciones, los homicidios que pasan por “accidentes” (que se disfrazan o no son detectados, sobre todo en niñas/os de menos de 5 años y/o en personas ancianas), los abusos financieros, la destrucción de la propiedad, etcétera.
La estadística es parcial también pues los medios de comunicación sólo dan cuenta de un 20% de los casos reales. 
No obstante estos inconvenientes —producto de una falta de concientización, de investigaciones oficiales y de políticas de seguridad familiar las cifras diarias anuales, vistas en conjunto, muestran la gravedad del problema en la cantidad de vidas humanas perdidas. Y lo peor es saber que TODAS SON MUERTES EVITABLES si se realizan intervenciones preventivas y adecuadas. 
En EE.UU. los datos del FBI e investigadores del tema señalan que las 
mujeres sufren más lesiones por golpes de maridos y novios que por accidentes de trafico, robo o violación sumados; que una mujer corre un riesgo 
mucho más alto de ser asesinada por su pareja que por un desconocido, 
que los delitos contra las mujeres se multiplicaron 4 veces más rápido que 
la tasa general de crímenes; que cada dos horas es asesinado/a un/a niño/ 
a a manos de su padre o una mujer a manos de su compañero; que cada 6 
segundos es golpeada un mujer en algún lugar del territorio estadounidense de acuerdo a los registros obrantes en juzgados, hospitales, jefaturas policiales, refugios y centros de asistencia para mujeres maltratadas. 
En Estados Unidos cada semana un promedio de 70 niños/as menores de 
5 años son asesinados por sus padres y 4 millones son maltratados cada año.

RECUERDE: 

Hay que realizar un diagnóstico de riesgo frente a cada caso. Cuando 
ocurre un homicidio en un contexto de Violencia Familiar no se trata 
de muertes por “pérdida de control”. Las situaciones de violencia no 
se producen tipo causa-efecto, como se cree desde el mito de la “provocación”. Son procesos de larga data y los resultados son eslabones de la cadena de violencia. Utilizarla es la única alternativa conocida por el violento para influir en aquella persona a la que quiere dominar. 

Cuando eso falla por algún motivo, decide matar para ejercer el control definitivo. Negarse a aceptar los límites es más importante que la vida misma para un violento, por eso no vacila en suicidarse luego del crimen. Pero no lo hace por remordimiento sino para sentir que ejerció control hasta el final y porque no tiene sentido vivir sin la dependencia emocional hacia la víctima. Matar en este contexto no es un descontrol ni una reacción de demencia: es una decisión. Es la culminación de una historia de abuso de poder, al cual consigue retener hasta el fin. 
Ante cada caso de Violencia Familiar en que le toque intervenir, sea como profesional del derecho y/o funcionario/a judicial, con su accionar usted puede esta revitando una o varias muertes y/o poniendo un límite a los abusos que acortan la vida y arruinan la salud. Las medidas de seguridad lo/la incluyen como norma elemental de autocuidado. 
No desestime los riesgos de su trabajo ni los riesgos que corre cualquier víctima. 
El hecho de que una persona acusada por violencia sea marido, padre, profesional, religioso, etcétera, no lo hace menos peligroso si tiene características violentas. Por el contrario tiene mucho que perder si se hace pública su situación y eso puede llevarlo a decisiones extremas. En EE.UU. la Violencia Conyugal es la segunda causa de muerte de policías en acción, enfrentándose a maridos, ex maridos, novios o ex novios. 
Cualquier forma de violencia es potencialmente peligrosa. Se sabe mas o menos cómo comienza pero no cómo puede terminar. Por eso son necesarios los recaudos de seguridad y protección en cualquier situación. 
Y tenga presente que en todas las noticias policiales la opinión unánime de la gente es que “nadie esperaba que pudiera hacer algo así” y que el homicida “siempre les pareció tranquilo y cordial”. 

FUNDAMENTOS TEORICO-TECNICOS EN RELACION A INCIDENTES EN SEDES JUDICIALES 

Es necesario abordar aquí situaciones clave que se observan en la práctica 
con el fin de esclarecer actitudes y mejorar el desempeño. Los/as profesionales y funcionarios/as son seres humanos con sentimientos y experiencias como 
tales. Por lo tanto no quedan inmunes o indiferentes frente a los hechos en los 
que les toca intervenir. Pero, dada la delicada función que cumplen y que sus 
decisiones o sus actos afectan la vida de quienes acuden para hallar solución 
a sus problemas, se torna imprescindible revisar qué les puede suceder en el 
plano emocional y cognitivo ya que intervenir en situaciones de maltrato en la 
familia resulta desagradable y causa rechazo de por sí, en la medida que 
contradice las creencias idealizadas respecto a ese ámbito. 
Por ejemplo, frente a los casos de Violencia Familiar suelen aún desconocerse las devastadoras consecuencias que acarrea el ejercicio del poder abusivo, desarrollado en la impunidad y privacidad de los hogares aparentemente “bien constituidos” pertenecientes a clases de cierto nivel socio-económico-educativo, por ciudadanos presuntamente intachables. Ello se debe a que de este tema no se habló nunca antes y cuesta mucho aceptar que ahora aparezca la epidemia que se mantuvo oculta mostrando sus peores características. La cuestión de los abusos sexuales a niñas y niños y el ncesto constituye uno de los temas más urticantes pero que se está revelando en toda su tragedia. 
La propia formación, la socialización recibida y las vivencias personales se ponen a prueba y en juego frente a cada historia 
Por lo tanto es necesario puntualizar algunas cuestiones fundamentales para el mejor esclarecimiento de quienes intervienen y para mejor tratamiento de las víctimas. 

EN REFERENCIA A LA ACTITUD DE LOS FUNCIONARIOS JUDICIALES, PROFESIONALES Y/O PERITOS FRENTE A CASOS DE MALTRATO Y ABUSO SEXUAL 

Dentro de los ámbitos judiciales el conocimiento directo o indirecto de 
situaciones de maltrato y/o abuso sexual, por ejemplo, de un marido a su 
esposa, de un padre hacia una hija o hijo, suscita una serie de fenómenos 
—articulados entre sí— en los/as funcionarios/as que es necesario develar con claridad, por: 
“La falla de quienes aplican la ley y de las autoridades judiciales para proteger a las mujeres de 
abusos o de condenar a los violadores o a los abusadores de niños...” 
 EMILIO VIANO. Violencia, victimización y cambio social.  

Ed. Lerner. Pag. 54 ... en cada Sala de Audiencias se reflejan las normas y tabúes de una comunidad, que ésta no debe ver y que tampoco verán sus jueces y fiscales” 
* ALICE MILLER. Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño. Ed. Tusquets. Pag. 202 


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