lunes, 10 de octubre de 2011

¿INTENTAR MATAR EN UN DELITO?


foto del Dr. Hugo Lopez Carribero

Publica: Andres Penachino

INTENTO DE HOMICIDIO


Entiéndase que en referencia al delito de homicidio en grado de tentativa equipararemos al propósito delictivo con el dolo, pues el grado de conato nos impone olvidarnos por un momento de los homicidios culposos, ya que la culpa no admite el grado de tentativa.

Las acciones delictivas llegan a la cúspide de su desarrollo con la consumación del ilícito, En contraposición a ello, las acciones que no llegan a la consumación, por circunstancias ajenas a la voluntad del agente, quedarán en grado de tentativa, siempre que la figura en cuestión admita tal situación, tal el caso del homicidio.

La tentativa es un instituto que aún estando en la parte general del Código penal establece la necesidad de una sanción para su autor, el que sería autor del delito tentado.
No se trata, en el conato, de un delito independiente sino de una conducta delictiva inconclusa donde se pretende penar el grado de peligrosidad puesto de manifiesto por el agente. Pues en este orden de ideas la persona que pretende cometer un homicidio, simple o agravado según el caso, comenzando su ejecución pero sin lograr la consumación por circunstancias ajenas a su voluntad, será del delito de homicidio en grado de tentativa, y no como comúnmente se dice “tentativa de homicidio”.

La razón de ser de la sanción en la tentativa ha sido objeto de diferentes justificaciones por los más destacados doctrinarios del Derecho penal
argentino. Básicamente existen dos grandes corrientes (objetiva y subjetiva). Como sostuviéramos antes puede castigarse penalmente al sujeto, sobre la base del peligro que hiciere correr al bien jurídico protegido por la norma, en el caso que nos ocupa la vida humana. Por el contrario la tesis subjetiva centra su atención en el dolo desplegado por el agente mediante la acción de vulnerar o afectar aquel bien jurídico penalmente protegido por la ley de fondo.

En síntesis podemos afirmar que el caso del homicidio en grado de tentativa o conato debe tenerse en cuenta, necesariamente, el disvalor jurídico que denota la conducta del autor.

Para redondear también podemos afirmar que el castigo penal, que en la tentativa se establece para el sujeto, responde al necesario resguardo de los intereses de los individuos, así como también de toda la sociedad.
Pues no es dudar, que el conato pone en peligro la incolumidad de aquellos, de una manera que incomoda al tejido social.

Más a fondo al análisis exegético de la normativa legal vigente, se advierte que el daño a los intereses de los seres humanos afecta de una forma decisiva el ordenamiento jurídico de la sociedad. Aunque también de una manera sutil, la penalidad del conato debe establecer, como lo hace, la necesidad de evitar el peligro efectivo en que ese daño se produzca, es decir que el delito pase de ser tentado a ser consumado, y el daño efectivamente se produzca en concreto, salvo que exista en el episodio en cuestión un desistimiento voluntario, tal cual lo establece en artículo 43 del Código penal.

También se observa en el homicidio en grado de tentativa, simple o agravado, la exteriorización de una firme y decidida voluntad hostil al Derecho.

Diferentes factores deben estar presentes en el delito tentado. El Código penal, en su artículo 42, no sólo establece el instituto de la tentativa, sino que además en su formulación proporciona un acercamiento normativo en cuanto el concepto de dolo, esto es así cuando habla de “el fin de cometer un delito determinado”. De allí la afirmación hecha con anterioridad en el sentido de la inexistencia de los delitos culposos en grado de tentativa.
El fin de cometer un delito determinado es un requisito que nace de la subjetividad del agente. Es por supuesto un intento fallido de delinquir, de darle muerte a otra persona.

Aquel sujeto que actúa con la intención de cometer un delito en particular y con esa finalidad se manifiesta, la hace con dolo directo; pero de ninguna manera con dolo eventual toda vez que éste último no puede, de ninguna manera, contener “el fin de cometer un delito determinado”. 
Sabido es pues que en el dolo eventual el sujeto tan sólo admite la perpetración del delito, pero no como un resultado certero y deseado, sino como una contingencia de su obrar ilícito.

Queremos dejar en claro que en materia de homicidio, el grado de conato dependerá principalmente de las constancias probatorias que la instrucción pueda recolectar del escenario de los hechos,así como también de la declaración del propio imputado, su eventual confesión y los antecedentes del caso.

Hemos hecho mención en primera instancia a las constancias probatorias que es lo mismo que decir elementos probatorios o pruebas, y luego a la declaración del sospechoso.

Esto es debido a que siempre hemos sostenido que la declaración indagatoria no es un elemento probatorio, sino un acto de defensa. En tal sentido ver “La declaración indagatoria, aspectos teóricos y prácticos”,

Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, número 24, junio de 1999, página 16; por Hugo López Carribero).


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