viernes, 7 de octubre de 2011

LA EXCLUSION SOCIAL Y LOS CHICOS EN CONDICION DE CALLE


POR ANDRES PENACHINO

Ahora la pobreza suele definirse como una situación de carencia de acceso a ciertos bienes y servicios o la imposibilidad de alcanzar un cierto nivel de ingresos. 

Sin embargo este concepto deja afuera la exclusión, cuyas consecuencias son aún peores que la pobreza misma

Los débiles programas que procuraron y procuran remediar algunas manifestaciones de pobreza, ya sea en alimentación, salud, educación, vivienda o en trabajo, parcializaron la realidad del pobre, ya que el pobre no lo es en: salud, en educación o en trabajo, sino en todo ello simultáneamente. La superación transitoria de alguna carencia aislada suele tener como consecuencia entonces un impacto menor y momentáneo sobre la condición de pobreza.

No solo a través de un mayor ingreso por la facilitación de bienes y servicios que se supera la condición de pobreza; el pobre lo es además por un reconocimiento social como tal, por su débil inserción en el aparato institucional de la sociedad, por su baja estructuración organizativa, por su reducida capacidad para generar demandas orgánicas sobre el aparato estatal, etc. En esto consiste a grandes rasgos la exclusión.
La mayoría de los pobres son niños, la mayoría de los niños son pobres es una frase que impacta porque los chicos no son el futuro sino el presente.

Si solo pensamos en nuestros jóvenes cuando sean adultos será demasiado tarde, porque muchos no llegarán a serlo y más allá de los alarmantes índices de mortalidad, por diversos factores, los chicos pobres lo saben y lo viven.

Se saben marcados por el sistema, se saben violados, ultrajados, manoseados, independientemente de que estos hechos se hallan producido materialmente o no. Se saben excluidos, mal alimentados, hacinados, expulsados del sistema educativo, carentes de todo servicio básico, desnutridos, enfermos, esclavos del trabajo esclavo, obligados a prostituirse, a delinquir, a participar en piquetes como punta de lanza.............. 

La calle es dura

Como hemos expresado en anteriores notas, la calle tiene sus códigos, y los chicos los conocen.



EN LA CALLE, O DE LA CALLE
La definición más comúnmente usada proviene de UNICEF y distingue dos grupos:
-Niños en la calle: son aquellos que pasan la mayor parte del tiempo en la calle, pero que tienen algún tipo de soporto familiar y vuelven a su casa por la noche.
-Niños de la calle: pasan el día y la noche en la calle y están funcionalmente sin soporte familiar.
Contexto actual de la infancia pobre
La pobreza en América Latina produce muerte, enfermedades evitables, causadas por las falencias, ausencia de sistemas sanitarios y educativos, el abandono y la falta de hogar.
Es sabido que la pobreza y el desempleo de los adultos es fuente de desesperanza, complicando las relaciones entre padres e hijos y creando situaciones límite en la configuración familiar. Se intenta responsabilizar a los padres sin conciencia, pero si existe esa calidad de padres, por lo general soportan la misma marginación que sus hijos.
Dijo el padre Cajade acerca de esto en 1999 : "La realidad de los chicos en riesgo es consecuencias de problemáticas que empiezan en sus familias. Cuando decís que a los chicos de Argentina les faltan sus derechos, estas diciendo que le están faltando los derechos a los padres de los chicos. En la medida que aumenta la franja de exclusión de los padres esto se reproduce sobre la niñez.
Aún cuando la problemática de los niños de la calle aparece ante la sociedad como un hecho crítico en aumento, su cuantificación resulta dificultosa. Ello se debe a que los mismos niños en general deambulan de un lado al otro de la ciudad y al hecho de que gran cantidad de niños van al centro de las ciudades en calidad de trabajadores, solos o con sus progenitores, distorsionando la evaluación de su situación.
" La idea de mafias del sexo o de la droga, que manejan algunos grupos de chicos, niega la situación estructural que los arroja a los lugares vacíos de la ciudad. Quedan a merced de la calle y sus dueños los aprovechadores de esas circunstancias que se aprovechan de su inocencia y su soledad"
PROBLEMAS DE LOS CHICOS DE LA CALLE
Salud física: los traumatismos y algunas infecciones de carácter hídrico (parasitosis), son más las más comunes entre los chicos de la calle.
Un enorme porcentaje usa drogas regularmente, las más frecuentes usadas son los adhesivos de contacto (tipo poxiran) muchas veces para matar el hambre, iniciándolos así en la droga, siguiendo en frecuencia la cocaína y la marihuana.
La actividad sexual comienza a edades tempranas, los embarazos en adolescentes son muy frecuentes.
Salud Mental: Los niños realizan actividades intermitentes. Lavar o cuidar autos, venta ambulante, pedir limosna, robar o caen la prostitución.
Algunos pocos forman bandas que presentan una estructura de tipo jerárquico, pero la mayoría forman grupos menos estables y con roles menos definidos, y consecuentemente más adaptables a los problemas de la calle.
Muchos son correos para pequeñas dosis de drogas, que son pagadas con un sándwich y la cuota de pegamento o marihuana.
Frecuentemente los niños callejeros viven momentos en los que desean dejar la vida en la calle. Sin embargo, el arraigo que tienen a la vida en la calle es muy fuerte y les ha generado un deterioro físico y emocional que no les permite proyectarse a futuro y tomar la decisión de modificar su vida.
Si llegan a tomar esta decisión en un momento de crisis, es muy poco probable que logren mantenerse fuera de la calle por más que unas cuantas semanas o meses. Esto se manifiesta claramente en la itinerancia de los niños callejeros a través de diversas instituciones sin lograr establecerse en ninguna de ellas.
 Algunos funcionarios públicos piensan en una propuesta que ahora parece tener eco entre ciertos legisladores: llevarse por la fuerza a los niños que viven en la calle a los centros de atención en los que deben de permanecer de manera obligatoria.
Esta visión parte del supuesto de que los niños, por su deterioro y grado de adicción no pueden tomar decisiones y es necesario "pensar por ellos".
¿Qué pasa con la identidad del niño?
Desde esta perspectiva, la vida en la calle más que una patología individual, representa un sistema de relaciones y representaciones construidos a partir de una realidad concreta por un grupo específico y cumple, entre muchas otras cosas, la función de brindar un sentido de identidad que es necesario para la construcción y supervivencia del sujeto en lo individual y lo colectivo.
La permanencia en la calle, las estrategias para sobrevivir, la violencia e incluso la droga misma, son componentes de esta vida en la calle y, pese al daño que muchos de estos elementos causan a los niños, cumplen la función de integrar y dar sentido a este grupo.
De ahí que, actualmente, cada vez más programas busquen formas para abordar a los niños de la calle de manera que este sistema de relaciones en el que se insertan sea modificado y reconstruido paulatinamente, se oriente hacia fortalecer una identidad diferente a la que los mantiene en la calle y no termine por reforzarla.
Si bien desde esta perspectiva se van construyendo modelos y revisando los actuales, existen evidencias de que hay modelos que terminan por reforzar la estancia en la calle.
En el desarrollo de una identidad alternativa a la callejera, va quedando claro la necesidad de construir modelos que faciliten un ambiente en donde los niños se sientan integrados, escuchados, participantes y seguros. Los modelos masivos aún con las mejores intenciones, presentan de origen una dificultad para lograr este proceso y terminan casi siempre convirtiéndose en bodegas de niños.
Creo que el Padre Luis Farinello expresa muy bien esta problemática: "El chico de la calle es un pibe que sufre y que vive de frustraciones. Atrás de ellos no hay mafias: hay familias desnutridas, sin trabajo, un papá alcohólico, una mamá golpeada. Está expuesto al desprecio de la gente y de la policía que lo cataloga como negro, sucio, feo y chorro
Nuestra identidad se funda y se desarrolla dentro de una familia. Esta a su vez pertenece a una cultura, a una lengua, a una historia y una geografía particular y, fundamentalmente a una comunidad con sus hábitos y valores. Un padre, para cumplir la función esencial de la paternidad debe cumplir el lugar de transmisión de la Ley, de un orden no arbitrario ni creado por él, sino que lo trasciende y que, a su vez legará al hijo con la posibilidad de transmitirlo. El niño es en relación a ese lugar, donde se formula la pregunta de la identidad: quien soy para.
La crianza del niño en el ámbito familiar constituye un vínculo proveedor de identidad, complementado por quienes representan una continuidad afectiva, cultural o social(ej: la comunidad) El soporte material es esencial para el funcionamiento de la trama familiar. Las condiciones socio-económicas se articulan directamente con la posibilidad efectiva de alcanzar el pleno derecho a la identidad. En el contexto de la pobreza, el fenómeno de abandono aparece como un componente de la geografía social, desde el cual no es posible atribuir responsabilidad primaria a los padres abandonantes del hijo gestado.
Por lo antedicho, vemos que necesitamos la palabra del otro, para ser historizados como sujetos. Es decir debe haber alguien que nos vaya contando nuestra vida ¿de donde vengo? (una creencia), la función de la historización del otro adulto requieren de la creencia, este otro así abre la posibilidad de construcción de proyectos de pensar el futuro. ¿Qué pasa cuando esto no se da?
Estos niños pierden la posibilidad de saber su propia historia(no conocen a su madre, padre ni tienen registro de que el existió en el pasado) No tienen a nadie que les cuente su historia(a lo sumo su paso por la calle, o institutos) Existe la ausencia de ese adulto que "los expulso" a la calle, impidiéndoles pensar en proyectar en un futuro. El hacer una inscripción simbólica de la vida les queda cercenado, por lo cual su vida se limita al hacer, la inmediatez, y en muchos casos a la desesperanza y descreimiento.
Distintas instituciones no gubernamentales durante momentos estratégicos de sus programas educativos se valen de centros en los cuales coinciden cantidades considerables de niños, sin embargo, cuando se trata de consolidar los procesos primarios siempre disponen de centros conformados por no más de 20 niños que han vivido en la calle, pero que han pasado por un proceso paulatino de desincorporación de la misma y que, por ende requieren fortalecer su nueva identidad.
La oposición a los modelos institucionalizantes, no significa dejar a los niños en su condición callejera, sino cuidar de no repetir modelos que tienen a todas luces más riesgos que los beneficios que se proponen. En este sentido, la oferta masiva le ofrece al niño una identidad abstracta: la institución. Dicha identidad es por naturaleza temporal.
Aún si imagináramos los vínculos con los responsables del tratamiento como ideales, estos se construyen en torno a una acción laboral y no presentan una opción a largo plazo para el chico. Se le presta escasa atención al fortalecimiento de las capacidades de relación y vínculos del niño con su medio.
Así mismo, es nula la atención que se presta al fortalecimiento de espacios que ofrezcan alternativas de desarrollo a largo plazo fuera de la institución.
De tal suerte cuando llega el momento de que el chico deje la institución carecerá de los elementos necesarios para desarrollarse de manera independiente. Su trabajo, amigos, vínculos afectivos, red de apoyo etc. serán dependientes de la propia institución.
Suele pensarse en este sentido que con brindarle abrigo, alimento, cariño, comprensión será suficiente par que el chico no vuelva a la calle, pero esto es un análisis simplista, ya que ser un chico de la calle implica haber aprendido a sobrevivir en ella.
Esto quiere decir elaborar valores y referentes identificatorios que le dan sentido a ese "ser y estar en la calle" sin los cuales sería imposible tolerar el desamparo, convivir con el terror, el hambre, el frío, la violencia, la caridad y el desprecio reiterado.
Esta vinculación con los otros y las cosas, el espacio y el tiempo, conforman su modo de ser y hacer su identidad, su cultura. Los cuales, al sacarlo de la calle ofreciéndole abrigo, afecto, protección y comprensión, deberá abandonar, lo cual hace tan difícil las estrategias de intervención con estos chicos.

CONCLUSIÓN
Concluyendo, se podría pensar que así como la caridad no resuelve la injusticia económica y social, tampoco lo hacen las instituciones tutelares, aún con su sofisticado marco legal y tecnocrático, puesto que a través de ellas se sigue negando, ocultando (es decir: es un claro síntoma), aislando las causas que producen el desamparo el maltrato y el abandono, culpabilizando a los padres y a los niños mismos, de esta situación.
A pesar de la crítica a esto, sería utópico pensar que estas formas de instituciones de control deben desaparecer o que el trabajo social (o cualquier otra disciplina) encontrará una solución al problema.
Por lo cual estás son las formas, los recursos y las instituciones que tenemos para abordar la problemática de los chicos pobres y de la calle, (esto implicaría cambios estructurales)
Lo que nos compete hoy, es ver como todas estas estructuras nos permitan elaborar intervenciones con los niños, más humanizadas, que no olviden que el niño es sujeto de derechos y sobre todo un ser humano como cualquier otro (aunque más vulnerable por su condición de niño). Saber que el niño de la calle se vio obligado a forjar su subjetividad e identidad en la calle o en la miseria, y lo cual es un proceso muy difícil de revertir. Ya que las tienen muy arraigadas.
Entonces nos hallamos ante un desafío (pertinente también al trabajo social) de que para brindarle protección, comprensión, afecto y mejores condiciones de vida, estás serán necesidades que deberemos volver a crear en el niño, en contraposición a la identidad elaborada en la calle. Sin olvidar rescatar la historia de los niños que estos tienen un origen que merece ser contado por más que provenga de condiciones extremas de miseria, tratando de establecer vínculos con su familia, comunidad, por que en cierta manera son parte de él y no penalizarlo y encerrarlo por un destino que seguramente él no eligió.

BIBLIOGRAFÍA
Material ubicado en la biblioteca del Programa Comunidades Seguras
 KUCLA 1999
ALLIDIERE, Noemí: "Algunas observaciones sobre la infancia. Una categoría problemática". En "Cuadernos de Trabajo Social" N°1 UBA
AUGLANIER, Piera: "La violencia de la interpretación". Amorrortu. Bs. As.1998.
COREA, Cristina y LEWKOWICZ, Ignacio: "¿Se acabo la infancia? Ensayo sobre la destitución de la niñez." Edit. Lumen/Humanitas. Bs.As,(s/a)
DONZELOT, Jaques: "La policía de las familias "Caps.2 y 3. Edit. Pretextos. Bs.As.. 1987.
Ficha de cátedra: "Algunas puntuaciones sobre la constitución del sujeto y lo histórico social."
FERNANDEZ, Ana María."De lo imaginario social a lo Imaginario Grupal." Actualidad Psicológica Nov.1992
GRIMA, J.M y LE FUR, A.: "¿Chicos de la calle o trabajo chico? Lumen/Humanitas, Bs. As.1999
GUIDO, Liliana y MORIACHETTI, Alberto: "Minoridad y violencia" (S/e, s/a) 


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