jueves, 27 de octubre de 2011

LA VIOLENCIA DELICTIVA, ¿SE HAN ROTO LOS CODIGOS?

publica: Andrés Penachino
Hemos abordado en entrada anterior, el tema de la violencia colectiva. Siguiendo nuestra propia cronología sobre el tema, hoy desarrollaremos brevísimamente la violencia delictiva: 

En todas sus manifestaciones,la violencia delictiva, desde el simple arrebato de un celular, el robo de la cartera a una anciana, o un asalto a un domicilio, la delincuencia ejecuta su accionar con una violencia totalmente desmedida. 
Y este es un tema que hoy mas preocupa a la sociedad toda, pues cada ves es mas frecuente la culminación del episodio con la muerte de la victima.

Hace mas de unos seis años escribíamos una nota sobre el tema que hoy nos ocupa, cuyo titulo fue ¿estamos en guerra?. 
Hoy preguntamos ¿se han roto los códigos?

Sin dudas ya no existen códigos, ni los escritos para preservar a la sociedad, ni aquellos que todos respetaban por ser ancestrales y dignos de confianza.
Alguien, en algún momento saco los pies del  plato, y encima rompió el plato. 

Esos códigos que nacen de lo mas profundo de nuestro sentido de supervivencia, que nos hacían respetar el no hagas a otros lo que no quieres que te hagan.

Para el delincuente, el sentido de la vida ha sido reemplazado por el culto de la muerte.

Ya no importa la vida ajena, menos la propia. 
Aquellos uniformados que en algún momento han tenido la enorme desgracia de enfrentarse cara a cara y “arma” en mano con la delincuencia, "y ha podido contarla", suponemos que todos deben haber recibido las dos mismas manifestaciones por parte de los cacos en el medio del enfrentamiento, la primera: “matame, me haces un favor!, cuando los tantos ya no estaban del lado del caco, y lo peor, y que va mas enserio, fue escucharles gritar en el medio de la refriega. !Ya estoy jugado!, !No pierdo nada! !O me matas o te mato!.

Este tipo de sucesos acontecen cada ves mas frecuentemente porque, para la mayoría de los delincuentes la vida es algo sin importancia por eso les da lo mismo matar que morir.

Pero cuando la suerte esta del lado del caco, hacen sufrir a la víctima por puro placer. Buscan los medios mas horribles que encuentran a la mano para causar dolor.

No es la cultura tumbera del sufrimiento carcelario, ni las “malas” que pudieron pasar allí dentro.
Es cierto que una requisa en busca de armas tumberas dentro de una penitenciaria, no es un juego de rayuela, ni una estadía en un solitario es algo aconsejable para el reuma.

El verdadero sufrimiento de una paliza, aun propinada por los propios internos, es la impotencia de no poder defenderse y el saber que no hay ayuda posible. Y las razones siempre existen así sea por el solo hecho de haber violado la tenue línea del código tumbero.

La mayoría de los delincuentes “pesados” que hoy pululan en nuestra sociedad, probaron el rigor de la disciplina carcelaria hasta convertirse en dóciles internos que evitaban a toda costa el castigo.
Pero, contar historias truculentas al entorno, de cómo se la “bancaron”, crea prestigio. 


En sus nuevas fechorías, sin dudas agregan una cuota de sadismo que le dará mayor “brillo” a su faena. Y por supuesto más respeto entre los perejiles que no se animaran a discutir nada. A obedecer con premura y a facilitar cualquier cosa.

Un ejemplo reciente es el caso en que torturaron a la victima del robo con una plancha caliente.

Y la premisa es; “hay que demostrar todo el sadismo que se pueda para mantener el prestigio”. No basta con la anulación de la defensa por la supremacía de la fuerza. Hay que doblegar a la victima, reducirla a servidumbre, bardearla en el argot carcelario.

Y si se cruza la “gorra” negociar con los de los derechos humanos para sacarla barata.
Hoy una toma de rehenes, es la consecuencia de no haber podido escapar del lugar del hecho. 
Ello no agravara en nada el hecho principal, solo bastara pedir que venga el juez o el fiscal, una cámara de TV que ya saben no se podrá negociar, la llegada de un familiar directo para buscar al abogado amigo, mientras esperan que los provean de pizza y gaseosas, para discutir (con la panza llena) un par de horas con el negociador de turno.
Ninguno de los secuestradores le teme a los franco tiradores que aseguran el lugar, saben que no tienen orden de tirar.

Se puede recordar una toma de rehenes reciente, en la que los secuestradores aparecieron todos juntos en el balcón del departamento mientras discutían a los gritos con el negociador. En ese episodio “todo salio bien”. No hubo muertos ni heridos, total, los traumas que arrastren las victimas no se notan.









Fuente: Apuntes del Profesor Hugo Díaz, Presidente de la ONG Programa Comunidades Seguras.
Notas varias, 1ras Jornadas sobre violencia organizadas por la Policía Federal Argentina

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