miércoles, 30 de noviembre de 2011

CAMBIO EN LAS FUERZAS DE SEGURIDAD, TRAVESTIS PODRAN USAR UNIFORME FEMENINO


ESCUDO DE LA POLICIA FEDERAL ARGENTINA

Por una resolución firmada por Garré, la Policía, la Gendarmería, Prefectura y la PSA tendrán que respetar la autopercepción de género de sus efectivos. También rige para los detenidos, que deberán ser alojados en celdas acorde a su identidad sexual.
La Policía y todas las fuerzas de seguridad federales deberán respetar la identidad sexual autopercibida de travestis, transexuales y transgénero tanto de los agentes de los distintos organismos como de los detenidos y de cualquier ciudadano que realice un trámite en sus dependencias.

La resolución 1.181/2011, firmada por la ministra de Seguridad, Nilda Garré, el 25 de noviembre establece, entre otras cosas, que los agentes deberán recibir uniformes y poder ir a baños y vestuarios acordes a su identidad sexual autopercibida. “Toda persona que se identifica como mujer pasará a usar el uniforme femenino y los baños y vestuarios de mujeres”, confirmó la directora de Derechos Humanos del Ministerio, Natalia Federman, ante la consulta deClarín.com.

Lo mismo corre para los detenidos, que deberán ser alojados en celdas acordes a su identidad sexual. Es decir que todos los detenidos que se identifiquen como hombres deberán usar las celdas y baños masculinos y todas las detenidas que se identifiquen como mujeres, las celdas y baños femeninos. Para quienes “no se identifican con el binomio masculino/femenino”, está previsto el alojamiento en celdas separadas. Dado que no existe un mecanismo para corrobarla, en los casos en los que eventualmente surgieran dudas sobre la veracidad de la identidad sexual autopercibida que manifiesta un detenido, este sería también alojado en una celda especial.

Federman dijo que, al menos por el momento, no hay inversiones previstas para el alojamiento y explicó que por ser tan baja la población de detenidos transdebería alcanzar con usar instalaciones ya existentes, como las celdas para menores que están en desuso en muchas comisarías.

La instrucción de Garré a los jefes de la Policía Federal, la Gendarmería, la Prefectura y la Policía de Seguridad Aeroportuaria apunta, explica el sitio web del Ministerio de Seguridad, a respetar el “derecho a ser quien se es”. Y es de cumplimiento obligatorio en todas esas fuerzas.

El mecanismo establecido es que cualquier integrante de las fuerzas de seguridad que desee realizar la adecuación registral del género debe solicitarlo al Centro Integral de Género de la institución que forma parte. Esos centros, que están terminando de conformarse, deberán estipular las condiciones de trabajo adecuadas, incluyendo la vestimenta y uniforme, el uso de instalaciones diferenciadas por sexo (baños, vestuarios) y “la asignación de tareas que correspondan según su identidad”. Lo último es para algunas tareas muy específicas, como que quien se identifica como mujer no tenga que realizar un cacheo a un hombre y viceversa.

La resolución establece que en ningún caso se exigirá cirugía de reasignación sexual ni tratamiento hormonal para la concesión del trámite. Y que a las personas trans que no estén en las fuerzas de seguridad, los efectivos deberán tratarlas por su género autopercibido y con el nombre de pila que adoptaron.

La resolución también establece que haya charlas y asesoramiento para “evitar conductas homofóbicas”. “La idea es que haya capacitación y sensibilización en los lugares en donde cumplan funciones para evitar situaciones de discriminación”, resaltó Federman, al tiempo que puso de relieve que “en este momento hay personas trans en las fuerzas y no han tenido ningún inconveniente”.

La resolución de Garré fue celebrada de inmediato por la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT), que hace pocas semanas se había reunido con la ministra para presentarle su “Plan de Ciudadanía”. “Celebramos la Resolución y ya estamos trabajando con los Ministerios de Seguridad de varias provincias para que resoluciones similares se extiendan a todo el país”, expresó, en un comunicado, Esteban Paulón, presidente de la Federación.

FUENTE; DIARIO CLARIN

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martes, 29 de noviembre de 2011

PREVENCION SITUACIONAL


PUBLICA: ANDRES PENACHINO
Según la Lic. Rossella Selmini, la prevención situacional se basa en la idea de que intervenir en el contexto territorial puede tener un efecto reductor sobre los fenómenos delictivos.

Entendiendo que las situaciones de vulnerabilidad están vinculadas a las condiciones ambientales y espaciales en las que se desarrolla toda actividad humana y, en consideración a las diferencias territoriales de nuestro país, es que la política de seguridad urbana plantea numerosas estrategias de intervención en espacios públicos y privados a nivel nacional, que promueve con ello la revalorización de la ciudad como escenario y soporte físico para el desarrollo y cohesión social de nuestras comunidades.

“El estado físico de los lugares, su limpieza y su nivel de mantenimiento influye en el sentimiento de seguridad. Los lugares poco alumbrados y mal vigilados, la degradación del mobiliario urbano, la suciedad, los graffitis o el ruido molesto, pueden dar señales « negativas » a los usuarios en cuanto a la seguridad del espacio.

La teoría de « ventanas rotas » ha mostrado ampliamente como la falta de cuidado de un espacio público puede conllevar su apropiación por personas que cometen fechorías, el alejamiento de los demás ciudadanos y el abandono progresivo del territorio.

En este contexto, la prevención situacional es un enfoque que pretende disminuir la probabilidad de comisión de delitos de oportunidad y reducir la percepción de inseguridad de la población en determinados espacios urbanos a través de estrategias orientadas a modificar ciertos factores y condiciones de riesgo físico espaciales, generando además la creación o regeneración de espacios públicos de calidad, seguros, integradores, que acoja la diversidad de funciones y usuarios.

Este enfoque señala que si el espacio urbano y  sus   características  ambientales son planificados, diseñados y con el manejo apropiado, ciertos tipos de delitos y lapercepción de inseguridad pueden ser prevenidos y/o reducidos, contribuyendo a crear un ambiente de seguridad y, por ende, una mejor calidad de vida de los ciudadanos.

Los proyectos vinculados a la prevención situacional de la violencia y el delito a través del diseño urbano integral  tienen una cobertura amplia, estimándose que se beneficia a un número aproximado de más de tres millones cuatrocientas mil personas. Para lograr que las intervenciones que se realizan en el área de prevención situacional sean eficientes y eficaces, es que la labor que se realiza se ha dividido en diferentes áreas: regulación urbana, políticas habitacionales, auditorias urbanas en seguridad y asesorías técnicas en barrios focalizados.


FUENTE: BIBLIOTECA DEL PROGRAMA COMUNIDADES SEGURAS

domingo, 27 de noviembre de 2011

CRIMENES QUE ENCIENDEN UNA ALERTA



PUBLICA: ANDRES PENACHINO
Candela, Tomás, Gastón. Tres nombres comunes en miles de chicos argentinos, pero cuya mención adquiere hoy otro significado a partir de casos aberrantes que conmovieron a la sociedad y encendieron señales de alerta entre los expertos.
Hechos que hablan, más que de la inseguridad común, de una locura ya no vinculada con sectores marginales, sino también presente en la clase media. Estos crímenes interpelaron a la conciencia colectiva. La agresión contra menores aparece como un abismo en el que la sociedad intenta no caer. Pero la grieta está ahí, abierta por psicopatías visibles para los profesionales que tratan asuntos de violencia sobre chicos, insertada dentro de diferentes clases de ataques de género. ¿Estás muertes marcan la pérdida definitiva de límites?
En la visión de especialistas de varios campos se trata de señales, de alertas, de situaciones por tomar en cuenta urgentemente antes de llegar al punto de que se conviertan en hechos cotidianos. Advierten a la conmoción que causan como un síntoma positivo si se actúa para que no se convierta en habitual lo que todavía es -afirman- extraordinario.
Desde el análisis del comportamiento de la sociedad, el filósofo Santiago Kovadloff reflexionó sobre esos crímenes que movilizaron tantas sensaciones en las últimas semanas: "Son hechos repudiables, pero entiendo que no determinan una orientación social nueva de violencia. No se ven como acontecimientos sistemáticos ni que formen parte de un ascenso de alguna clase de perversión. El comportamiento habitual de la violencia social todavía es más bien bajo en la Argentina en comparación con otros países". La posición de Kovadloff apunta que estos asesinatos -enmarcados en disímiles detonantes, como venganzas, violencia intrafamiliar y robos- "son visibles en la agenda pública durante un tiempo y luego quedan ocultos entre otras informaciones hasta su nueva irrupción". En definitiva, están siempre disponibles a ser observados por la sociedad cuando ésta tiene la predisposición para hacerlo.
Una mirada similar tiene Claudio Mate, que fue ministro de Salud bonaerense y que como psicólogo dirige el Centro de Estudios sobre Sociopatías de la Universidad Isalud: "Es indudable que bordes inconmovibles hace algunos años se han traspasado y lo aberrante ha perdido su condición de tal. Sin embargo, en la singularidad de estos hechos me reservo algunas dudas. Se sabe a partir del caso Candela que entre 15 y 20 niños son asesinados todos los años en nuestro país. Seguramente, la muerte de Candela tuvo -y tiene- contornos que la convirtieron en noticia inevitable y como eco de ella también a las muertes de niños que la sucedieron con alguna inmediatez en el tiempo".
"Vemos que formas de violencia que tradicionalmente han sido estudiadas y abordadas por separado -la violencia doméstica, la sexual, la criminal, la relacionada con las drogas, las formas de violencia privadas o públicas, individuales o colectivas- están, en realidad, encadenadas. En términos de calidad de relaciones interpersonales y de la vida pública, hoy los sectores populares viven peor que hace 15 o 20 años", opina el sociólogo e investigador Javier Auyero,
Si bien los casos más extremos son los que trascienden, la violencia dentro de las familias aparece como eje común en los ataques a niños. "No se trata de arranques de enojos, sino de manifestaciones más profundas. En la mayoría de los casos, el agresor sufrió a su vez violencia en su niñez", explicó Alicia Varela, de la Asociación Argentina de Prevención de la Violencia Familiar.
Para esta profesional con muchos años de trabajo en casos concretos, "una señal es que los chicos tengan mucho miedo a alguien cercano". Por lo general, las personas involucradas no son capaces por sí mismas de evaluar la situación ni los peligros, por lo que el consejo de familiares y amigos toma relevancia para que las víctimas puedan buscar una salida.
En muchas ocasiones, los agresores no tienen antecedentes delictivos ni denuncias previas por malos tratos. "Muchas mujeres están tan aterrorizadas que ni siquiera se animan a pedir ayuda cuando los golpeados son los hijos", dice Eva Giberti, coordinadora del Programa de Víctimas de Violencia del Ministerio de Justicia. En esa dependencia, de todas maneras, se contabilizan en los últimos cinco años más de 11.000 denuncias de mujeres sobre agresiones intrafamiliares.
Dentro del campo de ataques de género, la agresividad del victimario se dirige también a los menores por tratarse de quienes menos pueden protegerse. "La violencia y poder combinados se ejercen siempre contra los más débiles. Culturalmente reprobado, el odio hacia un niño no deja por eso de existir. Los últimos hechos nos alertan acerca de la vigencia de prácticas ancestrales contra la franja social más vulnerable y la manifestación de un odio que parecería manifestarse sin pudor", comentó Gloria Alrá, coordinadora de la Red Psicológica de Buenos Aires.
Las jóvenes turistas francesas brutalmente violadas y asesinadas en Salta podrían sumarse a una lista de casos que empujan a la sociedad a reconocer que una forma de violencia social se encuentra latente. Las señales que han encendido quizá sirvan para evitar nuevas muertes.
CANDELA SOL RODRÍGUEZ 
Tenía 11 años. Su cuerpo fue hallado a metros de la colectora de la Autopista del Oeste el 31 de agosto. Había estado desaparecida nueve días. Hay siete personas presas. Se sospecha de una venganza contra la familia.


TOMÁS DAMENO SANTILLÁN 
Tenía nueve años. Su cuerpo fue hallado 48 horas después de su desaparición. Lo mataron a golpes en la cabeza con un elemento romo. Por el crimen está detenido y acusado Adalberto Cuello, su ex padrastro.


GASTÓN BUSTAMANTE
Tenía 12 años. Lo golpearon y estrangularon con una media delincuentes que ingresaron en su casa de Miramar para robar. El cuerpo fue descubierto por su madre. Todavía no hay sospechosos detenidos por el crimen



FUENTE: DIARIOLANACION.COM..

viernes, 25 de noviembre de 2011

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR DEFINICION


PUBLICA: ANDRES PENACHINO

La violencia intrafamiliar es cualquier tipo de abuso de poder de parte de un miembro de la familia sobre otro. Este abuso incluye maltrato físico, psicológico o de cualquier otro tipo. Se considera que existe violencia intrafamiliar en un hogar, si hay una actitud violenta repetitiva, no por un solo hecho aislado.
La víctima de violencia intrafamiliar es cualquier persona considerada cónyuge del agresor o que haya convivido de alguna manera con él. Así, podría ser hacia un conviviente actual o ex pareja, entre padres de un hijo común, o hacia un pariente consanguíneo hasta el tercer grado. Además, es importante destacar que dentro de la violencia intrafamiliar están considerados el maltrato infantil, la violencia hacia el adulto mayor, hacia minusválidos y entre cónyuges. En este último tipo de maltrato el más común es de parte de los hombres hacia las mujeres; sin embargo, existen también algunos casos de violencia de mujeres hacia hombres.
Los tipos de actos considerados como parte de la violencia intrafamiliar son golpes o incidentes graves, insultos, manejo económico, amenazas, chantajes, control de actividades, abuso sexual, aislamiento, prohibición de trabajar fuera de casa, abandono afectivo, humillación y no respeto de opiniones. Todos estos tipos de maltratos se pueden clasificar en físicos, si se atenta contra el cuerpo de la otra persona; sicológicos, si existe el intento de causar miedo, la intimidación o cualquier tipo de insulto, descalificación o intento de control; sexuales, si hay un acto sexual impuesto o en contra de la voluntad de la víctima; y económicos, si no se cubren las necesidades básicas de la persona.
Se considera que si en una pareja o familia, con menos de cinco años de convivencia, han habido al menos 3 ocasiones de agresión, esa pareja o familia puede estar viviendo violencia intrafamiliar. Como una manera de reconocer si una persona es violenta, se debe identificar si la persona no es capaz de controlarse en una situación de diferencias de opinión. Si la persona reacciona con gritos o golpes para defender su postura, entonces se puede hablar de un agresor. 
Los factores que se consideran como causas de que una persona sea violenta, se asocian principalmente al aspecto sicológico y al social. El agresor, generalmente no tiene capacidad de autocontrol y actúa impulsivamente. Lo anterior puede deberse a experiencias infantiles de violencia que dejaron secuelas en el individuo; también existe la posibilidad de que sea causa de la presión social y el estrés. Los asuntos económicos también pueden se una causa importante de tensión que genera violencia. Una teoría afirma que cuando algunos hombres no son capaces de generar suficientes ingresos para mantener a su familia, surge en ellos una actitud violenta para demostrar hombría de esa manera, no habiendo podido hacerlo de la otra. Otra teoría también expone que mientras más equilibrado sea el poder del hombre y de la mujer en la familia, o el nivel de preparación de ambos, hay menos riesgos de violencia intrafamiliar.
Otros factores incluyen el uso excesivo del alcohol, enfermedades mentales, autoritarismo y otros.
Tanto el hombre como la mujer son responsables de violencia intrafamiliar. Mientras el hombre es más propenso a maltratar físicamente, la mujer lo hace sicológicamente. De todas maneras, el porcentaje es mucho mayor de parte de los hombres.
Lo importante de todo es saber actuar, dado que en todos los países existen leyes que protegen al maltratado y castigan al agresor y es importante que las personas pidan ayuda antes de que la violencia pueda llevar a la muerte.



FUENTE: BIBLIOTECA DEL PROGRAMA COMUNIDADES SEGURAS
DEFINICIONES.COM

jueves, 24 de noviembre de 2011

SEGURIDAD PRIVADA, ANTES Y AHORA


POR ANDRES PENACHINO

SEGURIDAD PRIVADA

Desde sus inicios en la década del sesenta, el negocio de la seguridad formó parte de la actividad rutinaria para algunos miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, no sólo retirados sino también en actividad. En sus principios, no existía regulación ni reglamentación para empresas de seguridad privada, fue en el año 1976, puntualmente el 21 de marzo que la Junta militar gobernante sanciona la ley 21.265 que especifica la expresa prohibición de prestación de servicios de seguridad personal a empresas y particulares, facultando a la policía federal a la habilitación y regulación de dicho servicio.
El 25 de junio del mismo año se reglamenta la ley mediante el decreto Nro 1.063 donde en su primer articulo se lee:
La policía federal  tendrá a su cargo en todo el territorio nacional, la regulación, habilitación, registro y contralor del servicio de seguridad personal prestado por empresas particulares, por medio de custodias para protección de personas.
De este párrafo observamos que originariamente la seguridad privada ejercía sus funciones como custodias para protección de personas.
Avanzado los 70 ya en el mundial del año 1978 el EAM78 (Ente Autárquico Mundial 1978) contrato empresas privadas para ejercer funciones como custodias e estadios y personas.
Esta actividad, hasta esos tiempos solo estaba formada por personal policial y militar, al mando de algunos cuadros superiores
de las fuerzas armadas y de seguridad, que se reconviertan en el sector de la seguridad privada.
Durante los años noventa, la sociedad argentina atravesó una profunda crisis social y económica que implicó una serie de transformaciones en diferentes esferas (social, económica, cultural, etc.) que alteraron la vida cotidiana de un vasto sector de la población.
Estos cambios se hicieron sentir con fuerza en la evolución que mostró el mercado de trabajo a lo largo de estos años, cuyos principales rasgos estuvieron signados por la magnitud que alcanzó el desempleo y su duración sostenida a lo largo de la década.
Asimismo, estas transformaciones implicaron una significativa reformulación de las relaciones establecidas entre los trabajadores y sus ámbitos laborales, dando cuenta de una profunda desestructuración y destradicionalización del mundo del trabajo. En este contexto de desocupación creciente, una de las características más sobresalientes de la seguridad privada, es que se trata de una de las pocas ramas de actividad en las que el empleo crece.
Los trabajadores de la vigilancia, con sus singulares modos de composición y estructuración, con sus trayectorias sociales y laborales sumamente heterogéneas, forman parte de un mercado de trabajo complejo con sus propias leyes y reglas de funcionamiento, que tiende a priorizar a trabajadores hombres, con bajas calificaciones formales.

Esta situación del empleo constituye un marco en el que puede comprenderse la particularidad de los puestos de trabajo y las prestaciones en el sector de la seguridad privada, que se estructuran, sin embargo, a partir de principios generadores de prácticas que tienen su origen en determinados espacios estatales
En el marco de la fuerte expansión de los años noventa, dos categorías sociales relativamente alejadas, los hombres de armas y los trabajadores informales, se encontraron en un mismo ámbito de actividad.

La expansión cuantitativa del sector que acompaña el aumento de los “objetivos” vigilados, es decir, el aumento de la demanda de seguridad, ocasionó también una creciente demanda de fuerza de trabajo, que las empresas no podían ya satisfacer con los individuos capacitados por una larga trayectoria en roles policiales y militares que, según una concepción aún operante en el sector, “ya sabían de qué se trataba la prestación de servicios de seguridad”.
Nuevas categorías sociales entran entonces en el sector. El personal retirado de las fuerzas armadas y de seguridad se concentra cada vez más en las tareas de encuadramiento y supervisión, dejando las tareas más sencillas (vigilancia en edificios públicos y oficinas, control de accesos, rondas de plantas y otras tareas afines) en manos de estos nuevos contingentes de trabajadores, capacitados en las escuelas de las propias empresas, o directamente en el propio puesto de trabajo.
El ingreso de estos nuevos trabajadores “no calificados” no sólo coincide con la expansión del sector, sino también con la progresiva desaparición de los servicios armados, que se restringen a los objetivos que ofrecen más riesgos: transporte de caudales, custodia de mercadería en tránsito, custodia personal, etc.
Para la vigilancia perimetral de plantas industriales, barrios residenciales,  centros comerciales, viviendas colectivas, comercios minoristas, edificios de oficinas, universidades, hospitales, restaurantes, transportes ferroviarios, etc., comienza a ofrecerse un servicio sin armas.
El abandono progresivos de las armas en los objetivos nombrados en párrafo anterior, que es en parte condicionada por la propia experiencia de los empresarios del sector (que descubren los costos judiciales derivados de un uso impropio de las armas), pero que depende sobre todo de una transformación en el modo de regulación estatal de la autoridad: se sancionan leyes en las principales provincias del país, limitando la prestación de servicios armados y no armados,. Este proceso, que termina de completarse en los últimos seis años, configura el escenario de las prestaciones de seguridad que observamos en la actualidad.

Es así que vemos que, los primeros treinta años de desarrollo del sector privado de la seguridad muestran cómo miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, retirados, o en funciones se proyectan hacia nuevos ámbitos de acción antes inexistentes, haciendo del sector de la seguridad privada un apéndice del Estado en el mercado, tanto en lo relativo a su encuadramiento como en lo que hace a las pautas de organización y prestación de los servicios.
En este nuevo marco de organización de la industria de la seguridad, ¿hay un espacio profesional privilegiado para el personal retirado de las fuerzas armadas y de seguridad?.
No, al menos en las posiciones gerenciales de la grandes empresas. Ahora la tendencia es una mayor profesionalización en seguridad privada.

Dejando de lado a los propietarios y socios de las empresas de seguridad, existen dos tipos de posiciones dominantes en las nuevas estructuras de empresas de seguridad:
- por un lado, las del servicio administrativo y comercial;
- por el otro, las del servicio operativo.

En las empresas más pequeñas (casi ya no existen comercialmente sino asociadas) esta distinción es sólo funcional, porque ambas tareas están en manos de las mismas personas o sus familiares.

En  el caso de las empresas más grandes, la distinción es clara y se opera una fuerte separación entre ambos grupos.
Ahora bien, sea que sólo se ocupan de tareas operativas, sea que también se encargan de cuestiones administrativas, lo cierto es que el puesto de “jefe de seguridad” o “director técnico” es el que condensa las capacidades juzgadas necesarias para la prestación del servicio específico que ofrecen las empresas del sector.
Son los encargados de la gestión operativa, de la conducción de los hombres y del cuidado de los materiales.

El Profesor y Presidente del Foro de los Profesionales Latinoamericanos de la Seguridad, Dr. Edgardo Frigo, estima que, los sectores relacionados con la Seguridad Privada están cambiando, y se acentúan tendencias que comenzaron a desarrollarse en los últimos años. 

A partir de la rápida globalización de los mercados y de la competencia vemos: 

- Menos competidores pero más fuertes y profesionales, 

- Cambios continuos en la base de clientes y en sus necesidades,
  
- Un permanente desarrollo de nuevas tecnologías, productos y procesos, 

- Una mayor presión social demandante de regulaciones y control gubernamentales más estrictos y;

- Una tendencia general hacia una mayor transparencia en los negocios de seguridad. 

Al mismo tiempo que el sector madura las empresas de seguridad se van haciendo más complejas.

Ahora requieren mecanismos de administración más refinados y nuevos modelos de liderazgo basados en principios diferentes a los de la década de los ´90, que en nuestra región pueden considerarse los años de creación de un sector de la Seguridad Privada verdaderamente profesional. 

Hay dos nuevas tendencias en la administración de empresas de seguridad que vale la pena conocer mejor: 

-      El cambio en la pirámide jerárquica de las grandes empresas de seguridad y;
-      los nuevos modelos de liderazgo requeridos para dirigirlas. 

LA DESAPARICIÓN DE LA PIRÁMIDE:
 


Hasta hace pocos años una persona joven y trabajadora podía ingresar en una empresa de seguridad en los niveles más bajos y, con esfuerzo y perseverancia, llegar a una posición gerencial.

Hoy vemos una exigencia casi universal de que el ingresante tenga por lo menos una carrera universitaria -cuando no un postgrado- para ingresar al primer escalón de una carrera gerencial en las principales empresas de seguridad. 


¿Porqué cambiaron las exigencias iniciales?

La principal causa puede adjudicarse al cambio en la misma esencia de la estructura jerárquica, en las organizaciones de Seguridad con de cierto grado de desarrollo.

En los últimos años la pirámide jerárquica ha sido sustituida por una estructura dual, compuesta por una amplia pirámide trunca que incluye a los Guardias, empleados y supervisores operativos, y otra pirámide menor sobre ella, formada por la gerencia superior.


Los guardias y empleados de la pirámide inferior están viendo su crecimiento profesional cada vez más limitado. Es muy difícil que un guardia o supervisor pueda llegar a gerente de operaciones, o que un empleado de cobranzas pueda llegar a hacerse cargo de la dirección administrativa de la empresa. 

La frontera entre ambas estructuras se está haciendo menos permeable, y es cada vez más necesario tener educación universitaria para ingresar en la pirámide superior.
Actualmente, para poder alcanzar las posiciones más relevantes en empresas de Seguridad Privada con dotaciones de miles de hombres, se han vuelto casi imprescindibles tanto una formación de postgrado como un largo y complejo entrenamiento multidisciplinario. 



Esa pirámide superior que dirige la empresa, a su vez, está dividida en tres estratos definidos por las habilidades y competencias necesarias para un desempeño eficaz. 


Antes, al estrato inferior de esta pirámide directiva ingresaban jóvenes competentes en términos de habilidades técnicas o conocimientos adquiridos.

Los ingresantes con buen desempeño, algún tiempo después podían comenzar a ascender al estrato intermedio, en el que era necesario un mejor desempeño en términos de habilidades interpersonales. 

En los niveles intermedios la competencia técnica debía ser complementada con habilidades de coordinación, comunicación, dirección y liderazgo, (lo que en empresas de otros sectores se solía acompañar con la rotación de los funcionarios por las áreas más relevantes de la empresa). Esto preparaba a los mejores para la siguiente transición, a la alta dirección. 

Alcanzar el estrato directivo superior requería una suma de habilidades conceptuales e integradoras. Esto significa la capacidad de ver el cuadro completo, y los modos eficaces de integración de las diferentes funciones de la empresa. Durante los años necesarios para recorrer este camino, teóricamente había una convergencia que puede graficarse con una ecuación:

Tiempo = Nivel = Competencia 

Pero el tamaño y la complejidad destruyeron la validez de esta ecuación. Las grandes empresas de seguridad se han vuelto tan complejas que se hace más difícil que una persona pueda dominar todas las dimensiones relevantes del rol directivo. 

Por esto las carreras profesionales en empresas de seguridad se están volviendo más especializadas, y la transición para las tareas unificadas requeridas en la alta dirección se ha vuelto cada vez más complicada. 





NUEVOS REQUISITOS PARA LOS INGRESANTES:



La necesidad de habilidades técnicas, humanas y conceptuales continúa siendo relevante. Pero ahora, cuando se hace la selección de personal se busca jóvenes que en su perfil reúnan estas tres características al ingresar, porque la velocidad de evolución de los negocios no da tiempo para que las desarrollen internamente. 
El trabajo en Seguridad hoy requiere interdependencia funcional y capacidad de tomar decisiones en condiciones difíciles, ambiguas e incluso contradictorias, lo que suele representar un serio problema para los mandos medios con un fuerte perfil técnico. 
Al mismo tiempo se sofistica el conocimiento necesario para resolver los problemas cotidianos, por lo que las empresas de Seguridad necesitan que los jóvenes de sus estratos intermedios sean más fuertes en varias áreas funcionales simultáneamente. 


Por ejemplo, los jóvenes jefes de las áreas de operaciones no pueden dejar de conocer al menos los rudimentos del marketing y del manejo de un presupuesto, y cómo estas funciones se relacionan con su trabajo cotidiano. De otro modo no pueden desempeñar adecuadamente su rol en operaciones.


La frontera entre las pirámides superior e inferior será cada vez menos permeable, los requisitos para ingresar en las posiciones iniciales de jefatura serán más exigentes y requerirán mayores estudios, y seguramente veremos un cambio en el estilo de liderazgo en el que muchos directivos carismáticos serán complementados por otros con habilidades administrativas más desarrolladas... o reemplazados por ellos. 


FUENTES: BIBLIOTECA DEL PROGRAMA COMUNIDADES SEGURAS
FORO DE LOS PROFESIONALES LATINOAMERICANOS DE LA SEGURIDAD