jueves, 17 de noviembre de 2011

DESAPARECIO EL NIÑO TOMAS DAMENO SANTILLAN EN LA LOCALIDAD DE LINCOLM, CONSEJOS PARA EVITAR ROBO DE CHICOS

POR ANDRES PENACHINO

Tomás Dameno Santillán, un niño de 9 años, mantiene en vilo a la ciudad bonaerense de Lincoln y a todo el país. Según los testigos fue visto por última vez el mediodía del martes, al salir de la Escuela Nº 1 de esa localidad de tan solo 42 mil habitantes. 
La policía bonaerense dispuso un operativo en la ciudad y alrededores y el ministro de Seguridad, Ricardo Casal, se puso al frente de la búsqueda en una provincia.


Esta modalidad de delitos, lejos de estar en vías de erradicarse constituye una amenaza latente y creciente.


NUESTROS CONSEJOS.


Estamos asistiendo a una inusual cantidad de robos de niños de todas las clases sociales. 
En el pasado reciente, las organizaciones dedicadas al robo de niños actuaban en forma dispersa, generalmente en las provincias donde la pobreza azotaba con mayor crudeza, apoderándose de niños en pequeñas cantidades, prefiriendo los chicos abandonados para no llamar demasiado la atención. 
Si bien hay una cantidad importante de niños, generalmente adolescentes, que son vendidos por sus progenitores, existe un índice importante de robos cuyas modalidades van desde:

  A) El cambio de identidad.

  B) Entrega de un  bebé cuando en las ecografías mostraban mellizos.

  C) Cambios de bebés vivos por muertos.

  D) Robo  dentro de maternidades públicas y privadas.

  E) Recientes robos en la calle a cualquier hora del día.

Aunque muchos niños terminan siendo encontrados después de algún tiempo, son innumerables los que desaparecen para siempre.

BEBES EN RIESGO:

En la República Argentina nacen unos 3.500 chicos por año, cuyas madres no superan los 15 años. Alrededor del 5 % de los niños recién nacidos corresponden a lo que se denomina población infantil en riesgo de venta, despojo o abandono. Mueren 15.000 chicos al año cuyas edades van entre 1 y 5 años.
Si bien muchos bebés quedan en el país apropiados mediante adopciones ilegales, en menor proporción son llevados a países limítrofes donde está legalizada la adopción internacional.
Una excelente investigación realizada en los noventa llevo a conocer el modus operandi de una red internacional que operaba desde Paraguay, donde mantenían a los niños en casas denominadas “casas de engorde”, a la espera de un comprador.
Allí eran vendidos a personas que no pueden o no quieren hasta por problemas estéticos procrear hijos.
Se cree que  Copenhague, (Dinamarca) es una ciudad potencialmente compradora de bebés.
Si bien la región es una importante abastecedora de chicos a países desarrollados, lamentablemente, los chicos argentinos son los más buscados, pues son considerados sanos. No portan enfermedades serias y poseen una fuerte descendencia europea.
También son comercializados para satisfacer las demandas de pervertidos y depravados sexuales, en lo que ahora se denomina turismo sexual; siendo el objetivo primordial  la confección de videos altamente condicionados, cuya circulación es restringida a coleccionistas privados.
 Es de destacar que a medida que se avanza en el tiempo se detectan más casos de abuso sexual infantil. La edad de iniciación en la prostitución es de doce o trece años, coincidiendo con la pubertad en ambos sexos.

Según informes internacionales, la venta de personas ocupa en el posicionamiento de negocios sucios el tercer lugar después de las drogas y las armas, constituyendo una de las actividades ilícitas más lucrativas de este nuevo siglo. Se sabe que organizaciones internacionales, han llegado a comercializar bebés con tarjetas de crédito.
Conocido es que las normas de protección personal no pueden imponerse a los chicos en forma arbitraria, pero es necesario que estas sean aceptadas voluntariamente. Es prioritario que los menores entiendan sobre la importancia de mantenerse a salvo de estas verdaderas organizaciones mafiosas.
Descartando el robo de chicos por parte de alguno de sus progenitores, tomados como botín de guerra (recordemos el caso de los hijos de la señora Gabriela Arias Uriburu), en familias normales, lógico es aceptarlo, la sustracción de niños en líneas generales siempre se debe a la negligencia o a la falta de atención de los padres. En realidad no debería existir ningún motivo para que se actúe negligentemente en la vigilancia de los niños por parte de sus progenitores, niñeras o personas a cargo.

Es recomendable:

Desde el alumbramiento y dado que la madre no está en condiciones de reconocer al recién nacido  -  tampoco intuir que sucede con él  -  alguien cercano a la familia deberá observar la fisonomía y signos vitales de la criatura inmediatamente después del parto, a los efectos de que no pueda ser cambiada por otro bebé vivo o  muerto.

Se exigirá que le tomen las huellas de las plantas de los pies no bien nace y que le indiquen el lugar dónde va a ser trasladado  el bebé dentro del recinto.

Cuando la madre se disponga a dormir o ausentarse de la habitación es conveniente llamar a una enfermera para que retire al recién nacido de la habitación o lo cuide hasta el regreso de la progenitora.

El niño, no debe ser entregado a personas no acreditadas.

Ante la presencia de desconocidos en la habitación, aún vestidas con uniformes apropiados, se DEBE DAR AVISO inmediatamente al personal de seguridad.

Si en el barrio hay antecedentes de robos de bebés, se evitará colocar anuncios, globos, pasa calles, u otro artículo de bienvenida en la casa donde residirá el bebé.

Una vez retirado de la maternidad la criatura deberá quedar al cuidado de personas hábiles y ágiles.

Cuando se traslade al bebé en un carrito, este debe quedar mirando hacia la persona que lo traslada.

Se evitará que gente extraña se acerque al bebé, o bien que trate de acariciarlo, tomarlo o alzarlo  para observarlo mejor o sacarse una foto.

No dialogar con desconocidos, aunque parezca descortés.

Por ninguna circunstancia se dejará el carrito del bebé alejado de la mano. Se colocará un cinturón accesorio por debajo de los cobertores, fijándolo al mismo. Ante la eventualidad de arrebato, el malviviente se encontrará que existe un impedimento extra.

Cuando se traslade al recién nacido en brazos es preferible hacerlo en un porta bebé perfectamente atado al cuerpo.

Se deberán adoptar medidas precautorias para con la niñera que se contrate. Es imperativo  contar con antecedentes comprobables de la misma. No obstante ello durante un tiempo prudencial, no  se permitirá que salga de la casa con el bebé.
Lamentablemente, en el caso de los  ancianos,  - igual que en otras modalidades delictivas - son vulnerables a este tipo de arrebato, en razón de poseer escaso poder de reacción y movilidad. Por lo tanto es muy probable que no puedan retener en brazos a un niño ante un intento de desapoderamiento.

Existen equipos rastreadores de bebes por satélite, que se sujetan a una pierna mediante un cinto de nylon. En el caso de una desaparición se podrá rastrear de inmediato.

Cuando más grandes son los niños, aun si llevan una infancia normal, es  más difícil protegerlos, por lo tanto, no se los debe descuidar  “ ni por un segundo “, pues ese es el tiempo que emplea el delincuente para despojarnos de ese ser.
Sería apropiado que dentro de la educación de los hijos se incluya la materia “Seguridad” en distintas etapas, o bien que personal especializado brinde charlas sobre el particular.

A los niños se les deberá explicar claramente, con un lenguaje aplicado a las respectivas edades, que pueden ser secuestrados y que atravesarán  serios inconvenientes. Ellos poseen un profundo sentido de conservación, razón por la que estarán alertas ante cualquier situación anormal.

No escapará al conocimiento de los mayores que pondrán especial cuidado cuando se lleva a los menores a grandes centros de esparcimientos o de vacaciones, especialmente si lo hace frente al mar, lagos o un río. Allí actúan con mayor facilidad los secuestradores y maniáticos sexuales, mezclados en la muchedumbre.

Si se concurre a adquirir mercaderías a un shopping o a un súper mercado acompañado de los hijos,  éstos no deberán aceptar invitación para salir con alguien extraño del centro de compras.
Si los niños  pierden de vista a sus mayores, pedirán colaboración al personal de seguridad  o a un vendedor del lugar a fin de comentarle la circunstancia atípica que está sucediendo.
Se acompañará a los pequeños al baño, toda vez que es allí donde los maniáticos sexuales dan rienda suelta a sus bajos instintos.

En su casa, si las condiciones edilicias lo permiten, deberá destinar a los niños  un cuarto no accesible desde la calle u otros edificios, manteniendo la puerta del mismo abierta, especialmente durante la noche.
Se les indicará que se alejen de personas extrañas, no aceptando obsequios o invitaciones a paseos, rechazando todo contacto corporal a partir de las caricias.

Es menester enseñar al menor acerca de la conveniencia de no guardar secretos, toda vez que podría ser perjudicial ante la posibilidad de una posible agresión sexual o hecho irregular similar.
Deberán pasear en grupo; de esa manera se protegerán entre todos. De análoga manera se conducirán para ir a la escuela, a las plazas o lugares públicos.
No  entablarán conversaciones con extraños y no se facilitará el domicilio a desconocidos.
Deben informarse acerca del lugar exacto adonde irán a jugar. Los padres tendrán a mano el teléfono de los amigos.

Se tendrá presente la inconveniencia de bordar el nombre del niño en sus prendas exteriores, guardapolvos, camperas, etc. De esa forma se evitará que algún desconocido llame al niño por su nombre y, de esa manera, logre algún tipo de acercamiento

Es beneficioso que el niño sea socio de algún club de comprobable trayectoria.

Se les enseñará a los menores a utilizar teléfonos públicos con sistema de pago revertido para comunicarse desde la calle en caso de haberles ocurrido algo. No es conveniente que el niño viaje en colectivo o taxis. Es preferible que utilice el servicio de algún remís del barrio.

Se evitará que jueguen en la calle después de la caída del sol.

Si los menores se encuentran solos dentro de la casa y alguien llama a la puerta; lo aconsejable es que el niño esté instruido al respecto y, sin abrir, dirán que el papá o la mamá  están ocupados, o que se encuentran en el fondo del patio, o acomodando algo en el altillo o circunstancia parecida; nunca mencionar que están solos y menos aún abrir la puerta de calle.

Si el niño desaparece de la casa y después de un tiempo prudencial no se tiene ningún tipo de comunicación; si se presiente que el hijo a sido robado o secuestrado se radicará inmediatamente la denuncia a la policía, adjuntando todos sus datos y fotos recientes. Las fuerzas policiales poseen  expertos en este tipo de delitos. Ellos le dirán cuales son los pasos a seguir.

Si el motivo no es un secuestro extorsivo, habida cuenta que no existen exigencias, se acompañarán todas las copias de fotografías que estén al alcance, donde se puedan observar sus rasgos lo mejor posible y serán distribuidos en los grandes centros de reunión de personas: shoppings, bancos, aduanas fronterizas, canales de televisión, edificios públicos, terminales de transporte de pasajeros, organizar por mail una cadena a través de amigos pasando a cada uno la foto del desaparecido. Cada uno debe pasarla a su ves a sus amigos y todos imprimir las copias que puedan y pegarlas en lugares de alta concurrencia, etc.

Con el propósito de  que disminuya el robo de chicos se deberá actuar en forma simultánea sobre varios aspectos:

1 ) En el caso de  robos de recién nacidos en las maternidades, los respectivos colegios médicos deberán adoptar medidas tendientes a neutralizar este tipo de hechos.

2 ) Se deberán intensificar los controles fronterizos.

3 ) Legislar adecuadamente con el propósito de desalentar estos deleznables  delitos.

4 ) La sociedad por su parte no deberá quedar ajena a este tipo de hechos y estrechar lazos solidarios cada vez que  sucedan episodios similares.

De no adoptarse urgentes decisiones serias en este aspecto, lamentablemente seguiremos llorando cada vez más desapariciones de niños.
FUENTE: PORTAL WEB GRATUITO www.prevenir.org.ar de co autoria de Andrés Penachino




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