domingo, 6 de noviembre de 2011

EL DELITO MIRADO POR EL DELINCUENTE DESDE EL PUNTO DE VISTA ECONOMICO


POR ANDRES PENACHINO


Muchas de las mas grandes compañías fueron alguna vez las empresas noveles, de propietarios que aceptaron los considerables riesgos de iniciar una empresa cuyo objetivo fue: lograr sus sueños, mejorar su bienestar, obtener riqueza, independencia y satisfacción personal, cualquiera sea lo que hayan entendido por satisfacción personal.

Existen cinco factores esenciales para el éxito de toda empresa
- La oportunidad apropiada para un negocio exitoso;

- Una estrategia para explotar esta oportunidad;

-Disponibilidad de elementos para explotar esa oportunidad;

-Experiencia en esa área;

-Habilidad y un poco de suerte.

Estos párrafos pueden ser leídos en cualquier libro de administración.

Sicólogos, sociólogos expertos e idóneos han analizado el fenómeno del delito desde vastos puntos de vista. Pero muy pocas veces ha sido planteado desde un punto de vista estrictamente económico.

Mirado desde ese punto de vista cuando mayor sea el beneficio y las posibilidades de éxito, mayor será el aliciente para la delincuencia.
No es casual que, los hechos delictivos que hasta hace poco era patrimonio de las periferias urbanas hoy hayan desembarcado en las grandes urbes, especialmente en los barrios mas acomodados, tomando como objetivo no solo a sus habitantes sino que también a sus proveedores de bienes y servicios, agencies de autos,, supermercados, restaurantes, etc.

En el 99 % de los asaltos a entidades bancarias, los hechos se ejecutan sin oposición alguna por parte de los guardias e la entidad.
Independientemente del dinero recaudado poco o mucho, el éxito esta casi asegurado.

Si bien, cuando ejecuta un delito jamás piensa que lo vayan a detener, el delincuente debe evaluar otros riesgos en su negocio.

Si es detenido las posibilidades de ser condenado;

La escasa posibilidad de ser condenado, actúa también como aliciente a delinquir;

Si es condenado la dureza de la pena

En este caso el costo de la realización de una acción determinada actúa como incentivo o desincentivo.

Si la pena es la misma para el que roba una gallina que el que roba un banco. El objetivo será un banco.

La pruebas están a la vista y a diario.
El castigo social. Este es un fuerte desincentivo para iniciarse en la carrera del delito. Hoy el rechazo social es escaso o nulo.

Fenómenos sociales derivados en gran parte de la recesión que vivimos, ha llevado a que ciertos delitos no son considerados como tales, sumado a eso ciertas ideologías políticas y predicas religiosas que justifican el robo en determinadas condiciones de pobreza, la aparición de grupos musicales que revindican acciones delictivas, los hurtos, arrebatos o pungüeos, no reprimidos hacen que ciertos sectores de la sociedad expuesta hayan tomado este tipo de hechos como normales.
O simplemente el aceptar en los tiempos que corren, que me roben pero que no me maten.

La perdida de la imagen y el rechazo a la policía actúan también es un factor a tener en cuenta.

El delito violento

Hasta no hace mucho, las normas morales, religiosas y culturales actuaban como muro de contención sobre el individuo, de modo que la agresividad quedaba inhibida o tal vez disfrazada.
La caída de estas inhibiciones ha hecho que la violencia se haga más evidente. Ahora del impulso se pasa al hecho en forma directa.
Por otro lado, y no menos importante, los medios de comunicación si bien no son el origen de la violencia, refuerzan y aumentan su aceptación como algo natural y cotidiano.
A cualquier hora del día se pueden ver programas con escenas violentas.
Los informativos, captan lo sensacionalista, el suceso violento en cuanto al hecho que llama la atención. Un episodio violento puede ocurrir en cualquier parte del mundo, sin embargo la noticia lo recorre en forma inmediata y lo instala exactamente dentro de nuestro hogar, que, como un parte de guerra, día a día se encarga de enumerar la cantidad de heridos o muertos por hechos violentos de ambos bandos.
De los buenos y también de los malos.

No sucede lo mismo con un suceso pacífico o habitual.
La balanza de información entre lo agradable y lo desagradable, normalidad- catastrofismo, paz-guerra, placer-dolor, pacifismo-violencia, se desequilibra a favor de los segundo conceptos.

Padecemos desde hace rato una saturación de noticias violentas que crea un clima de opinión favorable a magnificar y a considerar como cierto el supuesto reinado de la violencia.

El hecho es que la sensación de inseguridad aumenta en las personas al tener presentes en su imaginación hechos violentos.

Autor Andrés Penachino

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