sábado, 19 de noviembre de 2011

LA POBREZA, SEGUN LA IGLESIA AFECTA A UN 34.9 % DE LA POBLACION DE LA CAPITAL Y 34 MUNICIPIOS ALEDAÑOS, NUESTRA OPINION



POR ANDRES PENACHINO
Un cóctel de pobreza, inseguridad, riesgo alimentario, empleo precario y déficit de viviendas envuelve a gran parte de los 12,8 millones de personas que viven en el área metropolitana de Buenos Aires, formada por la Capital Federal y 30 municipios aledaños. Así lo refleja un informe presentado ayer por Cáritas, el brazo social de la Iglesia, y el Observatorio de la Deuda Social Argentina, que advierte que el 34,9% de la población, unos 4,4 millones de personas en esa área metropolitana, vive bajo la línea de pobreza.
"En la grave crisis de 2001, los números eran muy superiores. Se hizo mucho y todavía falta más, pero se mantienen proporciones muy altas", afirmó Salvia. Explicó, por ejemplo, que la pobreza no sólo tiene que ser medida por los niveles de ingreso, sino también por la capacidad de las familias para atender distintas demandas….. FUENTE: DIARIO LA NACION
NUESTRA OPINION
El tema de la pobreza no es nuevo, Los antiguos escritos ya hablan de este flagelo, Platón en su periodo de madurez, (año - 385 a – 370 ) en su obra Republica aborda este tema en varios de los libros. La Biblia menciona a los pobres con contundencia.
El tema de la pobreza en la región tampoco es desconocido, podríamos afirmar que la pobreza viene del tiempo de la colonia y aparece en la sociedad moderna como marginalidad, generalmente asociada con ciertos espacios urbanos y rurales.

Si analizamos algunas de las ciudades de América Latina, donde se registra con mayor crudeza la explotación de las familias pobres con fines diversos, encontraremos que la mayoría tiene origen colonial, donde todas las ciudades con más de un millón de habitantes fueron fundadas por Españoles y Portugueses.
Desde el tiempo de la colonia no existieron en estas fundaciones economías sin ciervos o esclavos, o, por lo menos mano de obra cuasi esclava, hoy llamada mano de obra barata.
En las áreas mas densamente pobladas eran a menudo seleccionados para la construcción y reconstrucción de los nuevos emplazamientos de las administraciones coloniales.
En estas ciudades fue impuesta sistemáticamente la segregación cultural y social.
La frase mas usada en las ciudades coloniales donde residían europeos de pura cepa, especialmente ingleses, fue el “distrito sanitario”. Así se denominaba a los barrios residenciales construidos exclusivamente para ellos, únicos lugares con infraestructura y servicios de alta calidad.

Paralelamente, los desplazamientos de la población autóctona (indígena) fueron controlados para servir o defender las economías coloniales y los nuevos sistemas administrativos y legales impuestos.

A lo largo de la historia los pobres han creado su propio hábitat, sus viviendas en barrios periféricos a las ciudades “legales”, sin tomar en cuenta lo que podría denominarse las regulaciones edilicias de las ciudades legales. Las mismas varían según la región, la cultura y el periodo histórico.

Desde esos tiempos la mano de obra regalada, los bienes y servicios baratos que sus habitantes proveen son fundamentales para la economía de la ciudad “legal”.

En el siglo pasado, episodios como la reconstrucción económica y política de la Europa Occidental luego de la segunda guerra puso de manifiesto cual es el papel que juega la región en el Contexto Internacional.
Mientras la reconstrucción física y de las unidades productivas del territorio Europeo, en una escala que no tenia precedentes en toda su larga historia, se llevaba a cabo en el contexto de una expansión extraordinaria de la economía “internacional”, América Latina, por el contrario entra en un ciclo de estancamiento en la evolución económica mundial.
Mientras Europa estaba favorecida por una masiva transferencia de capitales, entre ellos (no el único) el Plan Marshall, por el cual Estados unidos concedió 12.400.000 millones de dólares entre 1948 y 1951 permitiendo con ese dinero, comprar alimentos, bienes y equipos especialmente de los Estados Unidos, contribuyendo de ese modo a una acelerada reactivación, América Latina, comenzaba a agobiar la deuda externa, cuyos acreedores impusieron condicionamientos tales como exportación de capitales hacia los Estados Unidos y en menor mediada hacia el club de Paris, por sumas equivalentes al Plan Marshall.

Entre tanto Europa se unía por el horror de la guerra y luego por un mercado común con el propósito de incorporarse a una política expansiva que asegurase el crecimiento económico, el pleno empleo y un sostenido ascenso en los niveles de vida de las grandes mayorías nacionales, América Latina se comenzaba a hundir en procesos económicos recesivos cuyos efectos globales consagraron el “darwinismo social” del mercado y sus escandalosas consecuencias sobre la justicia y la equidad. Política fervorosamente compartida por algunos gobiernos de la región.
La posterior tecnificación de los procesos industriales, las sociedades se volvieron mucho mas complejas, comenzando a vislumbrarse progresivamente lo que luego se denomino sociedades duales..
El efecto colateral y quizás no querido de la tan mentada Globalización, el mundo en general y la región en particular se ha convertido en un gigantesco fabricante de pobres
Llegando ya a estos tiempos vemos que, la migración centrípeta desde las zonas menos productivas hacia las de mayor producción y consumo agravo aun mas la situación del pobre en la Región al verse sobre ofertada la mano de obra para tareas simples.

A los nuevos emigrantes debe agregarse la emergencia de los recientes pobres surgidos de las clases medias, lanzados a la pobreza por los cambios tecnológicos y la reconversión productiva. Aunque ellos no se reconocen como pobres escondiendo su pobreza, defienden los valores típicos de la clase media y tratan de participar de los valores que promueve la sociedad consumista, siendo este un factor de anomia y de frustración
Arribando a estos tiempo encontramos lo que se denomina Sociedades Duales donde se contrasta la miseria con una obscena superabundancia de aquellos que han quedado del otro lado.
En la ciudad legal la preocupación básica de sus ciudadanos como consecuencia de su nivel de vida, es el consumismo, mientras que, en la ciudad ilegal, sus habitantes están azorados por su pobreza endémica..
Con metros de distancia, en algunos lugares se puede apreciar el contraste entre los privilegiados y los parias; los que nadan en la abundancia y los sin salida que pretenden huir del espanto, las privaciones y la escasez,
Cada día se mezcla en la gran urbe, el sobrepeso y el hambre, la riqueza y la pobreza, la exuberancia y la carencia, patrones y esclavos, hartos y hambrientos, despilfarros y penurias, el aroma de los perfumes importados y olor a miseria, el auto importado y el carrito del cartonero.

Los unos son los llamados señores, los otros, bolitas, cabezas, negritos, espaldas mojadas, ilegales, balseros.
Los señores ven la miseria como un mero dato estadístico, los pobres la viven.
Los señores sacian sus apetitos en restaurantes de lujo, los pobres sacan las sobras de comida de los tachos de basura de esos restaurantes.

Ahora la pobreza suele definirse como una situación de carencia de acceso a ciertos bienes y servicios o la imposibilidad de alcanzar un cierto nivel de ingresos. Sin embargo este concepto deja afuera la exclusión, cuyas consecuencias son aún peores que la pobreza misma. Los débiles programas que procuraron remediar algunas manifestaciones de pobreza, ya sea en alimentación, salud, educación, vivienda o en trabajo, parcializaron la realidad del pobre, ya que el pobre no lo es en: salud, en educación o en trabajo, sino en todo ello simultáneamente. La superación transitoria de alguna carencia aislada suele tener como consecuencia entonces un impacto menor y momentáneo sobre la condición de pobreza.
No solo a través de un mayor ingreso por la facilitación de bienes y servicios que se supera la condición de pobreza; el pobre lo es además por un reconocimiento social como tal, por su débil inserción en el aparato institucional de la sociedad, por su baja estructuración organizativa, por su reducida capacidad para generar demandas orgánicas sobre el aparato estatal, etc. En esto consiste a grandes rasgos la exclusión.
La pobreza es una cuestión de estado que debe involucrar al gobierno nacional, provincial, y municipal e instar a la búsqueda articulada de una política social solidaria, eficiente y equitativa. Pero además la es un problema publico cuando se ha trasformado en una condición social que afecta a millones de personas.

El combate contra la pobreza exige eliminar definitivamente sus causas y no solo resolver los problemas más urgentes.
POR ANDRES PENACHINO

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