jueves, 24 de noviembre de 2011

SEGURIDAD PRIVADA, ANTES Y AHORA


POR ANDRES PENACHINO

SEGURIDAD PRIVADA

Desde sus inicios en la década del sesenta, el negocio de la seguridad formó parte de la actividad rutinaria para algunos miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, no sólo retirados sino también en actividad. En sus principios, no existía regulación ni reglamentación para empresas de seguridad privada, fue en el año 1976, puntualmente el 21 de marzo que la Junta militar gobernante sanciona la ley 21.265 que especifica la expresa prohibición de prestación de servicios de seguridad personal a empresas y particulares, facultando a la policía federal a la habilitación y regulación de dicho servicio.
El 25 de junio del mismo año se reglamenta la ley mediante el decreto Nro 1.063 donde en su primer articulo se lee:
La policía federal  tendrá a su cargo en todo el territorio nacional, la regulación, habilitación, registro y contralor del servicio de seguridad personal prestado por empresas particulares, por medio de custodias para protección de personas.
De este párrafo observamos que originariamente la seguridad privada ejercía sus funciones como custodias para protección de personas.
Avanzado los 70 ya en el mundial del año 1978 el EAM78 (Ente Autárquico Mundial 1978) contrato empresas privadas para ejercer funciones como custodias e estadios y personas.
Esta actividad, hasta esos tiempos solo estaba formada por personal policial y militar, al mando de algunos cuadros superiores
de las fuerzas armadas y de seguridad, que se reconviertan en el sector de la seguridad privada.
Durante los años noventa, la sociedad argentina atravesó una profunda crisis social y económica que implicó una serie de transformaciones en diferentes esferas (social, económica, cultural, etc.) que alteraron la vida cotidiana de un vasto sector de la población.
Estos cambios se hicieron sentir con fuerza en la evolución que mostró el mercado de trabajo a lo largo de estos años, cuyos principales rasgos estuvieron signados por la magnitud que alcanzó el desempleo y su duración sostenida a lo largo de la década.
Asimismo, estas transformaciones implicaron una significativa reformulación de las relaciones establecidas entre los trabajadores y sus ámbitos laborales, dando cuenta de una profunda desestructuración y destradicionalización del mundo del trabajo. En este contexto de desocupación creciente, una de las características más sobresalientes de la seguridad privada, es que se trata de una de las pocas ramas de actividad en las que el empleo crece.
Los trabajadores de la vigilancia, con sus singulares modos de composición y estructuración, con sus trayectorias sociales y laborales sumamente heterogéneas, forman parte de un mercado de trabajo complejo con sus propias leyes y reglas de funcionamiento, que tiende a priorizar a trabajadores hombres, con bajas calificaciones formales.

Esta situación del empleo constituye un marco en el que puede comprenderse la particularidad de los puestos de trabajo y las prestaciones en el sector de la seguridad privada, que se estructuran, sin embargo, a partir de principios generadores de prácticas que tienen su origen en determinados espacios estatales
En el marco de la fuerte expansión de los años noventa, dos categorías sociales relativamente alejadas, los hombres de armas y los trabajadores informales, se encontraron en un mismo ámbito de actividad.

La expansión cuantitativa del sector que acompaña el aumento de los “objetivos” vigilados, es decir, el aumento de la demanda de seguridad, ocasionó también una creciente demanda de fuerza de trabajo, que las empresas no podían ya satisfacer con los individuos capacitados por una larga trayectoria en roles policiales y militares que, según una concepción aún operante en el sector, “ya sabían de qué se trataba la prestación de servicios de seguridad”.
Nuevas categorías sociales entran entonces en el sector. El personal retirado de las fuerzas armadas y de seguridad se concentra cada vez más en las tareas de encuadramiento y supervisión, dejando las tareas más sencillas (vigilancia en edificios públicos y oficinas, control de accesos, rondas de plantas y otras tareas afines) en manos de estos nuevos contingentes de trabajadores, capacitados en las escuelas de las propias empresas, o directamente en el propio puesto de trabajo.
El ingreso de estos nuevos trabajadores “no calificados” no sólo coincide con la expansión del sector, sino también con la progresiva desaparición de los servicios armados, que se restringen a los objetivos que ofrecen más riesgos: transporte de caudales, custodia de mercadería en tránsito, custodia personal, etc.
Para la vigilancia perimetral de plantas industriales, barrios residenciales,  centros comerciales, viviendas colectivas, comercios minoristas, edificios de oficinas, universidades, hospitales, restaurantes, transportes ferroviarios, etc., comienza a ofrecerse un servicio sin armas.
El abandono progresivos de las armas en los objetivos nombrados en párrafo anterior, que es en parte condicionada por la propia experiencia de los empresarios del sector (que descubren los costos judiciales derivados de un uso impropio de las armas), pero que depende sobre todo de una transformación en el modo de regulación estatal de la autoridad: se sancionan leyes en las principales provincias del país, limitando la prestación de servicios armados y no armados,. Este proceso, que termina de completarse en los últimos seis años, configura el escenario de las prestaciones de seguridad que observamos en la actualidad.

Es así que vemos que, los primeros treinta años de desarrollo del sector privado de la seguridad muestran cómo miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, retirados, o en funciones se proyectan hacia nuevos ámbitos de acción antes inexistentes, haciendo del sector de la seguridad privada un apéndice del Estado en el mercado, tanto en lo relativo a su encuadramiento como en lo que hace a las pautas de organización y prestación de los servicios.
En este nuevo marco de organización de la industria de la seguridad, ¿hay un espacio profesional privilegiado para el personal retirado de las fuerzas armadas y de seguridad?.
No, al menos en las posiciones gerenciales de la grandes empresas. Ahora la tendencia es una mayor profesionalización en seguridad privada.

Dejando de lado a los propietarios y socios de las empresas de seguridad, existen dos tipos de posiciones dominantes en las nuevas estructuras de empresas de seguridad:
- por un lado, las del servicio administrativo y comercial;
- por el otro, las del servicio operativo.

En las empresas más pequeñas (casi ya no existen comercialmente sino asociadas) esta distinción es sólo funcional, porque ambas tareas están en manos de las mismas personas o sus familiares.

En  el caso de las empresas más grandes, la distinción es clara y se opera una fuerte separación entre ambos grupos.
Ahora bien, sea que sólo se ocupan de tareas operativas, sea que también se encargan de cuestiones administrativas, lo cierto es que el puesto de “jefe de seguridad” o “director técnico” es el que condensa las capacidades juzgadas necesarias para la prestación del servicio específico que ofrecen las empresas del sector.
Son los encargados de la gestión operativa, de la conducción de los hombres y del cuidado de los materiales.

El Profesor y Presidente del Foro de los Profesionales Latinoamericanos de la Seguridad, Dr. Edgardo Frigo, estima que, los sectores relacionados con la Seguridad Privada están cambiando, y se acentúan tendencias que comenzaron a desarrollarse en los últimos años. 

A partir de la rápida globalización de los mercados y de la competencia vemos: 

- Menos competidores pero más fuertes y profesionales, 

- Cambios continuos en la base de clientes y en sus necesidades,
  
- Un permanente desarrollo de nuevas tecnologías, productos y procesos, 

- Una mayor presión social demandante de regulaciones y control gubernamentales más estrictos y;

- Una tendencia general hacia una mayor transparencia en los negocios de seguridad. 

Al mismo tiempo que el sector madura las empresas de seguridad se van haciendo más complejas.

Ahora requieren mecanismos de administración más refinados y nuevos modelos de liderazgo basados en principios diferentes a los de la década de los ´90, que en nuestra región pueden considerarse los años de creación de un sector de la Seguridad Privada verdaderamente profesional. 

Hay dos nuevas tendencias en la administración de empresas de seguridad que vale la pena conocer mejor: 

-      El cambio en la pirámide jerárquica de las grandes empresas de seguridad y;
-      los nuevos modelos de liderazgo requeridos para dirigirlas. 

LA DESAPARICIÓN DE LA PIRÁMIDE:
 


Hasta hace pocos años una persona joven y trabajadora podía ingresar en una empresa de seguridad en los niveles más bajos y, con esfuerzo y perseverancia, llegar a una posición gerencial.

Hoy vemos una exigencia casi universal de que el ingresante tenga por lo menos una carrera universitaria -cuando no un postgrado- para ingresar al primer escalón de una carrera gerencial en las principales empresas de seguridad. 


¿Porqué cambiaron las exigencias iniciales?

La principal causa puede adjudicarse al cambio en la misma esencia de la estructura jerárquica, en las organizaciones de Seguridad con de cierto grado de desarrollo.

En los últimos años la pirámide jerárquica ha sido sustituida por una estructura dual, compuesta por una amplia pirámide trunca que incluye a los Guardias, empleados y supervisores operativos, y otra pirámide menor sobre ella, formada por la gerencia superior.


Los guardias y empleados de la pirámide inferior están viendo su crecimiento profesional cada vez más limitado. Es muy difícil que un guardia o supervisor pueda llegar a gerente de operaciones, o que un empleado de cobranzas pueda llegar a hacerse cargo de la dirección administrativa de la empresa. 

La frontera entre ambas estructuras se está haciendo menos permeable, y es cada vez más necesario tener educación universitaria para ingresar en la pirámide superior.
Actualmente, para poder alcanzar las posiciones más relevantes en empresas de Seguridad Privada con dotaciones de miles de hombres, se han vuelto casi imprescindibles tanto una formación de postgrado como un largo y complejo entrenamiento multidisciplinario. 



Esa pirámide superior que dirige la empresa, a su vez, está dividida en tres estratos definidos por las habilidades y competencias necesarias para un desempeño eficaz. 


Antes, al estrato inferior de esta pirámide directiva ingresaban jóvenes competentes en términos de habilidades técnicas o conocimientos adquiridos.

Los ingresantes con buen desempeño, algún tiempo después podían comenzar a ascender al estrato intermedio, en el que era necesario un mejor desempeño en términos de habilidades interpersonales. 

En los niveles intermedios la competencia técnica debía ser complementada con habilidades de coordinación, comunicación, dirección y liderazgo, (lo que en empresas de otros sectores se solía acompañar con la rotación de los funcionarios por las áreas más relevantes de la empresa). Esto preparaba a los mejores para la siguiente transición, a la alta dirección. 

Alcanzar el estrato directivo superior requería una suma de habilidades conceptuales e integradoras. Esto significa la capacidad de ver el cuadro completo, y los modos eficaces de integración de las diferentes funciones de la empresa. Durante los años necesarios para recorrer este camino, teóricamente había una convergencia que puede graficarse con una ecuación:

Tiempo = Nivel = Competencia 

Pero el tamaño y la complejidad destruyeron la validez de esta ecuación. Las grandes empresas de seguridad se han vuelto tan complejas que se hace más difícil que una persona pueda dominar todas las dimensiones relevantes del rol directivo. 

Por esto las carreras profesionales en empresas de seguridad se están volviendo más especializadas, y la transición para las tareas unificadas requeridas en la alta dirección se ha vuelto cada vez más complicada. 





NUEVOS REQUISITOS PARA LOS INGRESANTES:



La necesidad de habilidades técnicas, humanas y conceptuales continúa siendo relevante. Pero ahora, cuando se hace la selección de personal se busca jóvenes que en su perfil reúnan estas tres características al ingresar, porque la velocidad de evolución de los negocios no da tiempo para que las desarrollen internamente. 
El trabajo en Seguridad hoy requiere interdependencia funcional y capacidad de tomar decisiones en condiciones difíciles, ambiguas e incluso contradictorias, lo que suele representar un serio problema para los mandos medios con un fuerte perfil técnico. 
Al mismo tiempo se sofistica el conocimiento necesario para resolver los problemas cotidianos, por lo que las empresas de Seguridad necesitan que los jóvenes de sus estratos intermedios sean más fuertes en varias áreas funcionales simultáneamente. 


Por ejemplo, los jóvenes jefes de las áreas de operaciones no pueden dejar de conocer al menos los rudimentos del marketing y del manejo de un presupuesto, y cómo estas funciones se relacionan con su trabajo cotidiano. De otro modo no pueden desempeñar adecuadamente su rol en operaciones.


La frontera entre las pirámides superior e inferior será cada vez menos permeable, los requisitos para ingresar en las posiciones iniciales de jefatura serán más exigentes y requerirán mayores estudios, y seguramente veremos un cambio en el estilo de liderazgo en el que muchos directivos carismáticos serán complementados por otros con habilidades administrativas más desarrolladas... o reemplazados por ellos. 


FUENTES: BIBLIOTECA DEL PROGRAMA COMUNIDADES SEGURAS
FORO DE LOS PROFESIONALES LATINOAMERICANOS DE LA SEGURIDAD

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