jueves, 15 de diciembre de 2011

A 11 AÑOS DE LA VISPERA DEL DERROCAMIENTO DE DE LA RUA


Por Andrés Penachino

EN ESE MOMENTO ESTO ESCRIBIAMOS

Las masas se movilizan por razones justas y se agrupan según sus intereses sectoriales.
El fenómeno social identificado en Argentina popularmente como “cacerolazo”, tiene un antecedente no muy lejano. Fue en el período del presidente Menem, un llamado a la desobediencia civil como forma de protesta organizado por el Frepaso, acompañado por un apagón programado. No se previó en esa oportunidad ni marchas ni concentraciones.
La espontaneidad de los primeros movimientos aún en abierto desafío al estado de sitio impuesto por el ex presidente De La Rua no pregonaban ni alentaban ningún tipo de desmanes.
Sin embargo, junto al mismo se produjeron: desbordes, saqueos y enfrentamientos, con una muy incipiente organización.
Los impulsores y ejecutores de estos acontecimientos fueron pequeños grupos, sin experiencia, ni capacidad militar, que, remedando viejos movimientos, nostálgicos de “hazañas” de sus mayores, trató de emular algún tipo de rebelión urbana.

Juntamente con este grupo hubo otros movimientos mucho más silenciosos y que no deseaban ser visibles. Fueron bandas bastante organizadas, que utilizando las masas como cortinas de ocultamiento, aprovecharon el momento de la movilización para pasar en el anonimato de la multitud, cometer ilícitos y huir.
La espontaneidad del movimiento, lo extemporáneo de la citación al movimiento, exigió una capacidad de respuesta muy alta por parte de los encargados de mantener el orden.
Sin preparación adecuada para enfrentar estas manifestaciones, utilizaron las técnicas habituales de los desbordes en los espectáculos deportivos.
Confundieron depredadores, delincuentes y barra-bravas, con manifestantes pacíficos. La represión, entre la masa del Cacerolazo no hizo más que generar rencores con las Fuerzas de Seguridad, en especial contra la Policía.

Pero cual es la hipótesis de conflicto, que nos lleve a un análisis militar para la seguridad interior?
En términos militares, es sabido que el factor sorpresa, puede definir un episodio bélico.
Y esta situación se puede deber, a acciones distractivas o a desplazamientos de las fuerzas oponentes a posiciones equivocadas. Las fuerzas de seguridad, Policía, Gendarmería y Prefectura, se ven dedicadas a tareas no muy específicas, como es el control de grandes movimientos de masas, que es aprovechado por delincuentes, para su actuación delictiva, al degradarse la presión policial que es utilizada para otros menesteres y alejada de sus funciones preventivas y de investigación.

El cuidado de objetivos y resguardo de personas por parte de personal de Gendarmería y Prefectura fuera de sus ámbitos naturales en subsidio de la Policía también contribuye al relajamiento de la prevención.

Cuando en la aldea global se plantean problemas de terrorismo internacional, capaz de asestar golpes a miles de kilómetros de distancia del lugar de origen del primitivo conflicto.

Cuando las comunicaciones permiten generar redes en el ámbito mundial, y los fondos necesarios son trasladados electrónicamente de un lado al otro del mundo. Cuando la división entre seguridad interior y defensa nacional, pasa por un hilo de interpretación semántica, resulta difícil distinguir cuando un conflicto es generado por una justa causa domestica. O se crea una situación contenciosa, para facilitar otros planes ajenos a la motivación explicitada.

Cualquiera sea la razón, dado el conflicto, organizaciones supra nacionales, tales como cárteles internacionales de narcotraficantes, u organizaciones terroristas aprovechan el estado de confusión y dispersión de esfuerzos preventivos, para acrecentar sus bases, consolidar sus redes, establecer nuevos contactos, trasladar ingentes cantidades de dinero, ingresar o trasladar drogas, armas o personas.

En el aspecto domestico, la delincuencia trata de mimetizarse en estas manifestaciones populares, para actuar delictivamente, ampliar sus santuarios, generar nuevos corredores y trasladar a lugares más seguros a aquellos que por razones obvias eran buscados por la policía, ocupada en otras tareas. En las zonas liberadas, son acumuladas nuevas armas, producto de sustracciones, saqueos o arrebatamiento a personal policial.

Cualquier militar sabe, que en un conflicto localizado las tropas de línea responden a cánones previsibles, en cambio es mucho más engorroso al  enfrentar a fuerzas especiales o de Elite.

Estamos a las puertas de esperar nuevos conflictos de este tipo. Y las fuerzas de "elite", están preparando su intervención.

Es más proponen continuamente el movimiento de masas de tipo "cacerolazo" o como quiera llamarse, para poder actuar a sus anchas.

Conscientes de su escaso número y de pésima preparación militar, necesitan para crear "su movimiento" revolucionario, el vehículo de las masas. ………
Podríamos ahondar este punto aun mas pero preferimos dejarlo para mas adelante...

En suma, son cinco los componentes del contendor, ante un hipotético conflicto localizado como el que nos ocupa.

1.-
 El vehículo, vector necesario para el accionar de los otros cuatro. Masas ingentes, carentes de fundamentos ideológicos, dirección, de organización espontánea, con motivaciones justas e imposible de desmantelar en el corto tiempo, que requeriría soluciones económicas y sociales no siempre de aplicación inmediata.

2.- Organizaciones delictivas internacionales, sin raíces nacionales, que responden a estrategias globales, que no participan del movimiento, sino que aprovechan las condiciones sociales y de dispersión de las fuerzas de seguridad para acrecentar sus redes.

3.- Los carteles de narcotraficantes, que tampoco participan de estos movimientos y que al igual que el anterior, pueden moverse con libertad, ante el traslado de efectivos ocupados en el posible desborde social.

4.- Delincuentes domésticos, que aprovechan la destrucción del tejido social, para generar bandas, que disfrazadas de Ordás en busca de alimentos, utilizan a los mismas, para saquear otros objetivos.
Resulta sintomático la aparición nuevamente de elementos agresivos de alta peligrosidad como fusiles automáticos en asaltos a blindados, u objetivos considerados por el delito organizado de alta rentabilidad.

5 - El grupo social que convive con la violencia, y el que no teme confrontaciones más agresivas.

Bastardeado por algunos dirigentes, desprestigiado por algunos medios, alabado por otros, e integrado por los sectores más marginados de la sociedad. En los asentamientos, verdaderos santuarios de la delincuencia, se está iniciando un movimiento social, de características inusuales para nuestro país.
Zonas liberadas, que se identifican e intercambian relaciones.
Fijan objetivos fuera de su radio de influencia y reparten las movilizaciones con objetivos de saqueo.
Cortan accesos y rutas.
Cuentan con una enorme cantidad de armas, no registradas y algunas de fabricación casera como la célebre “tumbera”.
Con actitudes xenofóbicas, apuntan a objetivos de origen extranjero. Los primeros ataques son dirigidos a "los chinos".
Hasta cuando sus dirigentes (punteros) podrán manejar la situación. Los saqueos contaban con cierto grado de impunidad por la forma de organización con que contaron. Luego de la depredación el retorno al asentamiento volvían a la seguridad de su hábitat.
Si la situación social se mantiene o agrava pueden registrarse movimientos de saqueo y depredación, primero en las zonas aledañas y luego hacia centros urbanos de mayor poder adquisitivo. Estos conflictos muy localizados suelen ser muy graves, no talvez por las bajas que se producen sino por las profundas cicatrices que quedan. Todo el mundo se conoce. 
La posibilidad de superación numérica sobre las fuerzas del orden. Conlleva a la creación de fuerzas de autodefensa.
Es el inicio de la libanización de un conflicto.         

Por Andrés Penachino

No hay comentarios: