PUBLICA: ANDRES PENACHINO
Las tasas más altas de criminalidad se concentran
en las aglomeraciones urbanas. La gestión de la seguridad implica reducir el
riesgo objetivo de ser víctima de un delito y el temor a ser victimizado.
El diseño urbano puede contribuir a estos objetivos
a partir de la inclusión, el reconocimiento de la diversidad y la
participación.
Las estadísticas policiales y las encuestas de
victimización a nivel mundial muestran que los niveles de criminalidad son más
elevados en las ciudades que en las zonas rurales. El territorio urbano es un
escenario permanente de conflictos y tensiones, en él coexisten el delito
común, el crimen organizado y los distintos tipos de violencia. Esta
complejidad está arraigada en los históricos problemas económicos, sociales y
políticos de nuestra región. En este sentido, la década del 90 marcó un
importante punto de inflexión, no sólo en cuanto a la profundización de las
políticas de exclusión y empeoramiento de los indicadores sociales, sino
también en el aumento desmedido de las tasas de criminalidad.
La respuesta estatal frente a esto ha sido variada,
pero en general se han ensayado estrategias tendientes a fortalecer la
capacidad de acción policial e incrementar las medidas de control sobre la
población. A pesar de que a principios del nuevo siglo se impulsó una serie de
reformas en los sistemas de seguridad, en general las políticas de seguridad
urbana han quedado circunscriptas al dominio de las fuerzas policiales. Pero la
idea de seguridad urbana es mucho más amplia. Por un lado, es seguridad urbana
el problema objetivo del riesgo de ser víctima de un delito y, por otro,
también lo es el problema subjetivo de la sensación personal y colectiva del
temor a ser víctima de un delito (Sozzo, 2000)
Por ello, la producción de seguridad en contextos
urbanos opera mayormente en el plano de la prevención, y es aquí en donde el
diseño y la planificación urbana pueden efectuar importantes aportes para
alcanzar el objetivo de reducir los delitos y la sensación de inseguridad.
Según Van Dijk, la prevención del delito puede ser
definido como “todas las políticas, medidas y técnicas, fuera de los límites de
sistema de justicia penal, dirigidas a la reducción de las diversas clases de
daños producidos por actos definidos por el estado como delitos ”
Dentro de este concepto se han propuesto tres
tácticas alternativas de prevención del delito:
- La táctica situacional
ambiental tiene por objetivo reducir las oportunidades situacionales y
ambientales de que se produzcan delitos;
- La táctica social está
orientada a incidir sobre las causas sociales del delito; y, por último,
-
La
táctica comunitaria busca involucrar a la comunidad como un actor protagonista
de la construcción de la seguridaD
FUENTEdMAXIMO SOZZO 2000 (Crawford,
1998; Pavarini, 1992, y 1995; Selmini, 1996; Baratta, 1998)

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