En todas sus manifestaciones, la violencia
delictiva, desde el simple arrebato de un celular, el robo de la cartera a una
anciana, o un asalto a un domicilio, la delincuencia ejecuta su accionar con
una violencia totalmente desmedida.
Y este es un tema que hoy mas preocupa a la
sociedad toda, pues cada ves es mas frecuente la culminación del episodio con
la muerte de la victima.
Hace mas de unos años escribíamos una nota
sobre el tema que hoy nos ocupa, cuyo titulo fue ¿estamos en guerra?.
Hoy preguntamos ¿se han roto los códigos?
Sin dudas ya no existen códigos, ni los escritos
para preservar a la sociedad, ni aquellos que todos respetaban por ser
ancestrales y dignos de confianza.
Alguien, en algún momento saco los pies del
plato, y encima rompió el plato.
Esos códigos que nacen de lo mas profundo de
nuestro sentido de supervivencia, que nos hacían respetar el no hagas a otros
lo que no quieres que te hagan.
Para el delincuente, el sentido de la vida ha sido
reemplazado por el culto de la muerte.
Ya no importa la vida ajena, menos la propia.
Aquellos uniformados que en algún momento han
tenido la enorme desgracia de enfrentarse cara a cara y “arma” en mano con
la delincuencia, "y ha podido contarla", suponemos que todos deben
haber recibido las dos mismas manifestaciones por parte de los cacos en el
medio del enfrentamiento, la primera: “matame, me haces un favor!, cuando los
tantos ya no estaban del lado del caco, y lo peor, y que va mas enserio, fue
escucharles gritar en el medio de la refriega. !Ya estoy jugado!, !No pierdo
nada! !O me matas o te mato!.
Este tipo de sucesos acontecen cada ves mas
frecuentemente porque, para la mayoría de los delincuentes la vida es algo sin
importancia por eso les da lo mismo matar que morir.
Pero cuando la suerte esta del lado del caco, hacen
sufrir a la víctima por puro placer. Buscan los medios mas horribles que
encuentran a la mano para causar dolor.
No es la cultura tumbera del sufrimiento
carcelario, ni las “malas” que pudieron pasar allí dentro.
Es cierto que una requisa en busca de armas
tumberas dentro de una penitenciaria, no es un juego de rayuela, ni una estadía
en un solitario es algo aconsejable para el reuma.
El verdadero sufrimiento de una paliza, aun
propinada por los propios internos, es la impotencia de no poder defenderse y
el saber que no hay ayuda posible. Y las razones siempre existen así sea por el
solo hecho de haber violado la tenue línea del código tumbero.
La mayoría de los delincuentes “pesados” que hoy
pululan en nuestra sociedad, probaron el rigor de la disciplina carcelaria
hasta convertirse en dóciles internos que evitaban a toda costa el castigo.
Pero, contar historias truculentas al entorno, de
cómo se la “bancaron”, crea prestigio.
En sus nuevas fechorías, sin dudas agregan una
cuota de sadismo que le dará mayor “brillo” a su faena. Y por supuesto más
respeto entre los perejiles que no se animaran a discutir nada. A obedecer con
premura y a facilitar cualquier cosa.
Un ejemplo reciente es el caso en que torturaron a
la victima del robo con una plancha caliente.
Y la premisa es; “hay que demostrar todo el sadismo
que se pueda para mantener el prestigio”. No basta con la anulación de la
defensa por la supremacía de la fuerza. Hay que doblegar a la victima,
reducirla a servidumbre, bardearla en el argot carcelario.
Y si se cruza la “gorra” negociar con los de los
derechos humanos para sacarla barata.
Hoy una toma de rehenes, es la consecuencia de no
haber podido escapar del lugar del hecho.
Ello no agravara en nada el hecho principal, solo
bastara pedir que venga el juez o el fiscal, una cámara de TV que ya saben no
se podrá negociar, la llegada de un familiar directo para buscar al abogado
amigo, mientras esperan que los provean de pizza y gaseosas, para discutir (con
la panza llena) un par de horas con el negociador de turno.
Ninguno de los secuestradores le teme a los franco
tiradores que aseguran el lugar, saben que ya el Juez Yrimia no esta en
funciones, por lo tanto nadie les da orden de tirar.
Se puede recordar una toma de rehenes reciente, en
la que los secuestradores aparecieron todos juntos en el balcón del
departamento mientras discutían a los gritos con el negociador. En ese episodio
“todo salio bien”. No hubo muertos ni heridos, total, los traumas que arrastren
las victimas no se notan.
FUENTE: BIBLIOTECA DEL PROGRAMA COMUNIDADES SEGURAS
DISERTACION DEL MAYOR (R) REAL FUERZA AEREA CANADIENSE DN HUGO DIAZ EN EL COLOQUIO SOBRE PREVENCION URBANA CAMARA DE DIPUTADOS DE LA NACION 2011

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