sábado, 31 de marzo de 2012

A 30 AÑOS DE LA GESTA DE MALVINAS





Por: Andres Penachino


Con el episodio aquí  recreado  queremos rememorar los miles de eventos como este ocurridos en el teatro de operaciones de  Malvinas, que pusieron de manifiesto el valor y heroísmo de nuestros combatientes.


“Tendremos pues la razón de suprimir en la boca de los hombres ilustres los lamentos y dejarlos a las mujeres, y ni siquiera a todas sino a las muy vulgares, y a los hombres cobardes, con el fin de que aquellos destinados a la custodia del país menosprecien semejantes debilidades.” (República, Platón),



Mucho se ha escrito y dicho sobre los hechos y actos que dieron origen a la guerra del Atlántico Sur.

Algunos ven una gesta iniciada por iluminados y decididos dirigentes de profunda fe nacional, en tanto otros afirman estar convencidos que el mayor peso de la toma de decisiones que condujeron al enfrentamiento, fue por razones de política interna.

La gran pregunta del momento fue.
¿Estaba preparado el país para una contienda bélica?. Indudablemente no.

Porque al gobierno le faltó concepción política correcta y un análisis apropiado de las circunstancias promediantes. Allí y no en otra parte se ve el origen de los múltiples errores cometidos por la conducción del conflicto.

Un ejemplo concreto de la falta de caracterización y diagnóstico adecuado, fue la frase lanzada en un reportaje. el hombre fuerte, Presidente de facto, hoy fallecido General Leopoldo Fortunato Galtieri, quien aseveraba que se consideraba el niño mimado de los americanos. 
Imaginarse tal como lo hizo el General Galtieri, que los Estados Unidos se volcarían a favor de nuestra posición, o tan siquiera permanecerían neutrales en nuestro enfrentamiento con Gran Bretaña, fue directamente suicida.

Creer que los Ingleses no vendrían, fue desconocer la historia, y comenzar mal las cosas. Pretender que la Unión Soviética apoyaría abierta y decisivamente nuestra lucha, un despropósito.

¿En que marco de referencia se ubica el inicio de la reconquista?

La estructura misma del cuerpo social de la Nación, el 1 de abril de 1982 ya estaba en crisis.
Años de aplicación de una política que condujo a la corrupción de las mentes y la laxitud en las voluntades, una economía estaba destrozada por un sistema que premiaba la especulación, la usura y la explotación de los esfuerzos y vida del prójimo habían surtido un cruento efecto.
Nos encontrábamos en el país del sálvese quien pueda. Protestas sociales, rabia contenida, los primeros tumultos, y marchas con heridos y muertos presagiaban tiempos tormentosos.

El 1 de abril de 1982 ya el pueblo estaba afuera de los grandes acontecimientos nacionales.


Clausewitz decía: la guerra es la continuación de la política por otros medios. 
La guerra no es simplemente un hecho técnico. Siendo como es la continuación de una política, es esencialmente un hecho político.

La guerra no la hacen solo los militares. Las guerras son empresas encaradas por un pueblo cuya punta de lanza está constituida por sus hombres de armas.
Ellos aportaran la técnica y la preparación especifica pero, la guerra la hace el pueblo en su totalidad. Atrás de un esfuerzo de guerra, debe estar el trabajo y voluntad de un pueblo convencido que aquella es la única vía posible para la consecución de un objetivo de fundamental interés nacional. O se va hacia la derrota.

La historia es rica en enseñanzas y lecciones. La derrota del Ejercito Francés ante la embestida fulminante del ejército Alemán descrito por Jean Paul Sartre en “Los caminos de la Libertad” es solo un ejemplo. Él ejercito Francés era numeroso, moderno y bien equipado, pero lo derrotaron en semanas, en muchos episodios sin lucha, sin resistencia.

Lo cierto es que la decisión se tomo y se ejecuto.

A pesar de todo, cerramos filas tras el gobierno y nos encolumnamos tras del esfuerzo de la guerra, siendo que un día antes la una gran parte del pueblo atacaba la política gubernamental.
Sin negar que algunos de nuestros compatriotas, sin dudas poco acostumbrados a una empresa de tamaña magnitud vivieran el tiempo que transcurrió la contienda en una atmósfera de campeonato de fútbol, donde tampoco faltaron los festivales monstruo y la bulla triunfalista e irresponsable de algún medio de difusión.

El país estaba ansioso por escuchar los partes de guerra, creyendo que estábamos ganando. Por leer cuanto informe se cruzara por nuestros ojos. Discutíamos como expertos militares datos y rumores de dudosa procedencia.

Aportamos nuestra contribución al fondo patriótico, también cuanto estuviera a nuestro alcance. Los niños enviaban golosinas a los soldados de vanguardia, en tanto que empresas donaban innumerable cantidad de elementos e insumos propios de la maquinaria bélica y los hombres que estaban en el frente.

Hasta aquí los que quedamos en el continente.

Este viejo conflicto hizo reflotar en las fuerzas armadas su ideal histórico. El 2 de abril de 1982 el Contraalmirante Busser, junto con sus soldados recupera de manera brillante nuestras Islas Malvinas, regidas por una administración británica en forma ininterrumpida desde el 2 de enero de 1833. Como diría luego el comandante en jefe del ejército Ingles, recuperarlas no fue un picnic. Fueron 74 días de duros y encarnizados combates.

Caben algunas reflexiones sobre el desempeño de los hombres de armas que actuaron en Las Malvinas.

Sin dudas se cometieron errores. Sin dudas hubo falencias personales y técnicas. Y debe haber habido ladrones y cobardes, debe haber habido episodios comunes a toda guerra. 

Algunos colegas de este foro como el Sub Oficial y héroe de Malvinas Martín San Miguel que han combatido heroicamente en esas tierras, ellos podran describir mucho mejor esta gesta.
Pero, sin dudas también tengo para mí que, con sus más y sus menos, con sus errores y negligencias el trabajo de los hombres que defendieron esas tierras fue altamente positivo.

Nuestro pueblo debe estar más que orgulloso del desempeño de nuestras armas, de la heroicidad de nuestros combatientes, e incluso de la capacidad evidenciada al imponer al enemigo un alto precio para conquistar la victoria. 

Enfrentaron y dieron duros golpes a la segunda potencia de la OTAN. Y, por encima de todo demostraron un ejemplo de voluntad y decisión a los países periféricos. Mostraron habilidades profesionales que asombraron al mundo. Hoy algunos episodios viven en la memoria de la nación y del mundo. Tal es el empleo de misiles en una forma ni siquiera pensada por los propios fabricantes.

Hay mil episodios nacionales que nutrieron nuestra historia con gloria y ejemplo. Episodios que contribuyeron decisivamente a configurar en nosotros el amor a la patria. Releer la actuación y actitudes honrosas de nuestros hombres del ayer retempló nuestro ánimo, puso a nuestros antepasados en pie en momentos de desesperanza y los guío en la lucha.

La espada de Lavalle, siempre al frente de sus hombres. San Martín cargando primero en San Lorenzo, los derrotados de Chancay prefiriendo el honor de la muerte a la asunción de su estado de prisioneros, el General Mansilla que silenciados los fuegos propios de las baterías de Vuelta de Obligado carga al frente de sus hombres con la bayoneta y cae herido de muerte por la metralla anglo – francesa.

La reconquista de Malvinas, es una herida que sangra en todos los argentinos. Reivindico la reconquista de Malvinas pese a los errores cometidos.
Rindo homenaje a los que lucharon heroicamente. Y mi recuerdo emocionado a los que cayeron.
La sangre derramada de nuestros compatriotas, sin dudas sirvió de base fundamental de una nueva nación.





Soldado INSTRUIDO (RESERVA) Fuerza Aérea Argentina Andres Penachino
Gracias al Patriota, Sr. juez Dr. Jorge Estrada por acompañar a nuestros combatientes en todos sus actos .


viernes, 30 de marzo de 2012

VIOLENCIA DELICTIVA IRRACIONAL, PRENDIERON FUEGO A UN CHICO DURANTE UN ROBO

PUBLICA: ANDRES PENACHINO
El ladrón le exigió dinero o joyas, pero como no se las dio, lo roció con alcohol y lo quemó. El adolescente está en terapia intensiva
Un chico de 16 años está internado en grave estado a raíz de las quemaduras que le provocó un ladrón que ingresó a su casa en la localidad de Monte Quemado, Santiago del Estero. 


Anoche, alrededor de las 22, Franco González estaba solo en su casa del barrio Virgen del Carballo. La mamá es docente y trabaja en el interior del departamento de Copo. El papá había salido a hacer unas compras y sus hermanas tampoco estaban. Fue entonces que un hombre armado con un revólver entró y le exigió dinero o joyas. 

Según la Policía, el chico no le entregó nada al ladrón, por lo que se originó un forcejeo que terminó cuando el asaltante tomó una botella de alcohol, roció a Franco y lo prendió fuego. Después, escapó. 

Alertados por los gritos del adolescente que salió corriendo de la casa, los vecinos se acercaron a auxiliarlo. Luego fue derivado al hospital de Monte Quemado, pero a raíz de la gravedad de las heridas que presentaba fue trasladado al hospital Ramón Carrillo de la capital santiagueña, donde esta mañana permanecía internado en terapia intensiva con pronóstico reservado. 

El ataque conmocionó a los habitantes de Monte Quemado, localidad ubicada a 430 kilómetros al norte de la ciudad de Santiago del Estero. 

El comisario César Rodríguez, jefe de la seccional 22, señaló todavía no manejan pistas firmes que permitan llevar al agresor, porque no se encontraron testigos de la agresión. Y dijo que aunque a partir del relato de la víctima la principal hipótesis es la de un intento de robo, no descartan otras líneas investigativas. 
FUENTE: DIARIOCLARIN.COM

jueves, 29 de marzo de 2012

POR "ENTRADERAS", CAMBIAN TURNOS EN LA POLICIA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES


PUBLICA ANDRES PENACHINO


No aumentará el número de efectivos. La medida se implementará solo en las zonas más críticas. Apuntan a bajar la cantidad de robos de la modalidad "entraderas".El ministro de Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, anunció hoy que se rediseñarán los horarios de prevención en las calles del Conurbano entre las 18 y las 6, cuando se cometen la mayor cantidad de robos bajo la modalidad "entraderas".

Las denominadas "entraderas" son aquellas en las que los delincuentes capturan a las víctimas y las obligan a llevarlos a sus casas para continuar robando o las interceptan cuando llegan a sus domicilios a pie o en auto.

"Se trata de una redistribución de las fuerzas, no de un aumento de la cantidad de oficiales en cada zona", explicaron fuentes del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.

También, informaron que este rediseño no se hará en todo el Conurbano sino "en las zonas más críticas de acuerdo a un mapa del delito". Además, agregaron que "en estos días ya se estará realizando esta redistribución del personal policial".

Casal manifestó que luego de "analizar permanentemente el modus operandi" de quienes cometen ese tipo de delitos, se dispuso aumentar la cantidad de policías que patrullan el Conurbano "en la franja horaria de 18 a 6 de la mañana".

"Se ha dispuesto rediseñar los horarios de cobertura de prevención en la vía pública para que el máximo de personal disponible esté en estos horarios, que son los que más preocupan a la denominada 'entradera'", expresó el ministro.
FUENE: DIARIO CLARIN

martes, 27 de marzo de 2012

EL SISTEMA DE SEGURIDAD EN CRISIS TERMINAL


POR ANDRES PENACHINO
Las razones son variadas, pero fundamentalmente, lo que ha entrado en crisis Terminal es el sistema de seguridad.
En términos de percepción social, el sistema de seguridad se lo puede reducir a un solo problema, (la policía) pero, en realidad, se trata de varios problemas vinculados entre si.
Es por eso que las medidas puntuales tomadas a lo largo del tiempo, no han tenido los resultados esperados porque el problema no es unitario. La seguridad de los ciudadanos, su patrimonio y al medio ambiente, es el resultado de multitud de variables que interactúan de forma muy dinámica, y no dependen de un solo organismo, por caso de las policías.



Veamos:
1-  “no es la policía en particular” pese a todos los elementos propios que tornan mas profunda y dramática la situación, sino el modelo actual de seguridad e investigación que ya no responde a las necesidades de seguridad y demanda de las sociedades actuales, y las exigencias que las nuevas formas de ilegalidad plantean a estos sistemas.
Si bien se han adoptado métodos drásticos como los referidos a la depuración de las fuerzas de seguridad, no han demostrado cambio alguno en la seguridad.
2- El pésimo funcionamientos de la justicia penal, ha degenerado en; desconcierto, descrédito, desaliento e impunidad, dado que, los jueces aparecen como una parte importante del sistema ineficiente y corrupto, que dictan fallos condenatorios y excarcelaciones totalmente arbitrarios y fuera de todo sentido común.
3- El sistema penitenciario se halla totalmente colapsado. Dada la inmensa población carcelaria que esta intentando contener, hecho que ha degenerado en el hacinamiento de reclusos, mezclándose en el mismo pabellón; ladrones de gallinas con asesinos seriales y asaltantes de bancos.
Esta situación desesperante ha desvirtuado el concepto  primario de mantener al reo encarcelado para reencauzarlo,  convirtiendo a los establecimientos carcelarios en verdaderas universidades del delito, donde los internos no solo perfeccionan sus modalidades delictivas, sino que aprenden una variada gama de fechorías convirtiéndolos en perfectos especialistas en el accionar criminal.
4- La relación casi perdida de los entes citados anteriormente con el ciudadano común, quien demanda seguridad pero no participa en las soluciones, también genera un grave inconveniente a la hora de sumarlo a un plan concreto de seguridad sustentable.
Es por estas razones y no otras, que tratar de imponer soluciones unitarias conducen irremediablemente al fracaso y a un mayor deterioro del sistema de seguridad.
Entendido esto, todos los actores citados son parte de la crisis de seguridad actual, no solo la policía, sino todos aquellos vinculados a los segmentos de seguridad, como así también su destinatario, el ciudadano común.
Solo que la policía por su inmediatez con el ciudadano es la única demandada y al imaginario colectivo, responsable de todos los problemas de seguridad.
Volviendo a los tres primeros, (policía, justicia, servicio penitenciario), pretender hallar sectores puntuales dentro de sus organizaciones que no estén afectados por esta crisis, es al menos ingenuo, mas aun pretender que un sector del personal pueda tener capacidad de modificar a toda la organización es mas ingenuo aun.
ANDRES PENACHINO

lunes, 26 de marzo de 2012

HAN ASESINADO A OTROS DOS POLICIAS



FOTO DEL SARGENTO ASESINADO EN MAR DEL PLATA

POR ANDRES PENACHINO

Un Policía Metropolitano y un Policía Bombero de la Provincia de Buenos Aires murieron a manos de delincuentes que no dejan de aumentar en numero, audacia y agresión. 

La sociedad ha perdido otros dos integrantes fundamentales e imprescindibles y como tal, estamos dolidos. Por cada integrante de una fuerza de seguridad que muere, son muchísimos los delincuentes que no son contenidos.
Los hemos dejado solos. Hemos roto toda clase de vínculos con quienes arriesgan sus vidas para preservar las nuestras.

Pero no debería ser así.

El compromiso en el combate contra el delito no puede ser solo de la policía, sino de la comunidad toda, la que debe enfrentar a la actual ola delictiva y asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde. Y en tanto no recuperemos nuestra propia geografía, seguiremos lamentando estas pérdidas verdaderamente irreparables.

Hoy, toda nuestra sociedad es la que está en guerra. 

El enemigo es la delincuencia y solo la comunidad toda debe quitarles a los delincuentes el territorio que usurparon. "Todos nosotros corremos peligro", peligro de muerte.

Hay un viejo axioma militar que dice: enemigo que avanza, tierra arrasada; enemigo que huye, puente de plata. Cuando no existe un territorio librado para el ciudadano común, cuando la geografía pertenece en su totalidad a la delincuencia, la sociedad debe recuperarla, debe intervenir con los medios que cuenta en apoyo de su policía.
La indiferencia se ha hecho doctrina en nuestra población y en tanto y en cuanto no abandonemos la actitud del "no te metas", la delincuencia seguirá ocupando más y más terreno dentro de nuestra geografía, de nuestros barrios, de nuestras vidas. Ya no vale escudarse en el “no sabe”, “no contesta”, “no me incumbe”, “a mi no me pasa”. La delincuencia no discrimina, no separa en rubios o morochos, de River o de Boca, Radicales o Peronistas, Kirchneristas o del Pro....., todos podemos ser víctimas del latrocinio, del asesinato. 

Y si hasta hace muy poco la perdida se podía justipreciar en tal o cual valor. Hoy una existencia vale menos que un celular.

La primera premisa en consecuencia es la defensa común, la solidaridad como herramienta fundamental del que hacer cotidiano. Donde una ofensa, un ataque, una tropelía cometida contra cualquier integrante de la sociedad, es un ataque a la comunidad.

Es el enemigo el que debe sentirse inseguro del terreno que pisa. No debe encontrar refugio, todo ámbito le debe ser hostil. La responsabilidad no se delega, se asume, y la responsabilidad de la población cuando está en juego su propia supervivencia, es la de transformarse en actor y no en mero espectador y testigo crítico de la acción que cumplen otros para salvaguardar su integridad.

No es necesario armarse y pretender ejercer legítima defensa. No es por el camino de los justicieros que resolveremos este asunto, porque este sendero conduce indefectiblemente a la "libanización" de un conflicto que debe ser circunscripto al accionar policial y judicial.

Si cada ciudadano se convirtiera en los ojos y oídos de su policía. Si se denunciara cada actividad sospechosa, cada corredor delictivo, sus aguantaderos; si se evitara la compra de algún producto ilícito, si se denunciara a los comerciantes que lucran con objetos robados...

¡Si existiera la solidaridad! la geografía volvería a ser de los hombres y mujeres de bien y no de la delincuencia

Todos nosotros tenemos las manos manchadas con sangre, la sangre de POLICIAS que murieron absurdamente a manos de criminales despiadados e irracionales, porque simplemente seguimos permitiendo que delincuentes de todo tipo transiten libremente por nuestra geografía.

¿Cuántos muertos más deberemos tener para comenzar a tomar conciencia de que el crimen nos afecta a todos?

"Sí", hay una guerra y resulta vital ganarla. Esta situación no la buscamos ni la quisimos, pero todos tenemos el deber de enfrentarla

Y porque no la buscamos ni la quisimos, solo entre todos, "policías y ciudadanos", la vamos a ganar. Y LA VAMOS A GANAR

domingo, 25 de marzo de 2012

LA SEGURIDAD PUBLICA EN LA SOCIEDAD INDUSTRIAL EJEMPLO NORTEAMERICANO


PUBLICA: ANDRES PENACHINO

La seguridad pública en la sociedad industrial 


Debido a la fuerte influencia que las experiencias de las policías norteamericanas han tenido en los diseños organizacionales de las policías de la región (sin desdeñar por ello otras influencias), pensamos que una breve recorrida histórica por el modelo de EE UU puede permitir comprender mejor la crisis de los sistemas tradicionales y la emergencia de nuevas modalidades de 
seguridad y policía. 

 SU HISTORIA

A partir de la consolidación de las ciudades de Estados Unidos, a fines del siglo XIX, las policías se organizaron como cuerpos dependientes de los alcaldes y los concejos de la ciudad. 
Había un fuerte componente de dependencia política y el requisito fundamental para ser policía era la relación con los “punteros” o “jefes” de los comités partidarios locales. Ese policía conocía a fondo el barrio o área donde operaba y era un contacto permanente entre la comunidad y el gobierno local. Al mismo tiempo, la dependencia política generaba manipulación y la corrupción era habitual. 

La corrupción generalizada llevó a una serie de investigaciones y propuestas de reforma que derivaron en las recomendaciones de la Wikersham Commission, creada por el Presidente Hoover en 1929, y que significó el nacimiento de un nuevo modelo de seguridad y policía. En los años 30, con las reformas implementadas a partir de las recomendaciones de dicha comisión, la policía se separa de los cuerpos políticos del estado, se profesionaliza, y, tomando como 
modelo organizacional el del ejército, se erige en una fuerza armada de control del orden, que actúa en el medio local con “asepsia” y “objetividad”. 

Se parte de la base de que la comunidad puede corromper al policía y por lo tanto éste debe mantenerse al margen de la misma, con una actitud de “distanciamiento” profesional. El delito y la seguridad pública se conciben como materia objeto de monopolio exclusivo del estado y, dentro de éste, de la policía y el aparato judicial. 

El modelo tradicional o modelo profesional de policía, desarrollado a partir de ese momento y generalizado a la mayoría de las policías de mundo, está basado en tres presupuestos operativos fundamentales, que son: 

1. Patrullaje preventivo: El impacto de la aparición del automóvil produjo efectos duraderos en las concepciones de la seguridad pública. Más autos fue sinónimo de mayor presencia policial disuasiva, fenómeno que se retroalimentó con el desarrollo de los suburbios de las ciudades. 

2. Respuesta rápida: La gran preocupación (hasta en términos obsesivos) de la policía, en el modelo tradicional, era llegar lo más rápidamente posible al lugar desde el cual se hacían llamadas de emergencia y llamadas al servicio. Autos rápidos, equipos de comunicación sofisticados, despachos centrales con mapeos digitalizados y seguimiento continuo, eran la vidriera de un sistema de seguridad rápido y efectivo.  

3. Investigación científica del delito: Una vez producido el delito, la policía – actuando en dependencia de la justicia – ponía un importante aparato operativo al servicio de la investigación del mismo: laboratorios de todo tipo, bancos de datos, fotografías, infografías, etc. 
Sumado a ello, la imagen de fama y prestigio de los “detectives” como fuerza especial, retroalimentó esta pauta cultural.  

Castigo y re - socialización: Este modelo se completa con la idea de que, quienes cometen delitos o faltas, deben ser sancionados o castigados, siendo el castigo y la internación en establecimientos penitenciarios parte de una estrategia de reeducación o resocialización que permite al delincuente volver a reinsertarse en la sociedad en condiciones que no representen un peligro para el orden establecido.  

III. La emergencia de modelos alternativos 

A mediados de los años setenta, la relación de la policía con las comunidades locales en Estados Unidos era realmente deficiente. Los movimientos estudiantiles, la oposición a la guerra de Vietnam, los movimientos por los derechos civiles de las minorías sumados a los asesinatos de 
John  Kennedy, en 1963, Robert Kennedy y Martin Luther King, en 1968, en los cuales la sombra del establishment aparecía involucrada, contribuyeron a esta situación, a la que se sumaba un escalofriante incremento de los delitos violentos, en particular asaltos y homicidios. 
La cultura organizacional de una policía separada de la comunidad tornaba inviables los esfuerzos de acercamiento.  

En ese contexto, tanto desde el ámbito académico como desde las propias policías, se comienzan a revisar críticamente los presupuestos de actuación del modelo tradicional y a proponer alternativas a su funcionamiento. 

Uno de los primeros experimentos (ya un clásico en la materia) y al cual se agregarían más tarde otros similares fue el “Experimento de Patrullaje al Azar de Kansas City” del año 1973. La ciudad de Kansas fue dividida en tres áreas. En una de ellas se mantuvo el patrullaje preventivo en vehículo existente; en otra parte se suprimió totalmente y, en la parte restante, el control en 
vehículos se triplicó. Los resultados, al cabo de dieciocho meses de mediciones, indicaron que no había diferencias significativas de delito y temor al delito en las tres partes de la ciudad.  

Similares experimentos se hicieron con la respuesta rápida a la llamada a la policía, concluyéndose en la precariedad de sus beneficios cuando la llamada se demora más de cinco minutos a partir de la comisión del hecho (algo que sucede en el 90 % de los casos) y también sobre la investigación científica de delitos, algo que, a pesar de los altos costos que tiene, no da como resultado un nivel importante de esclarecimiento de delitos.  

También de esa época datan los primeros experimentos de patrullaje policial a pie, realizados en las ciudades norteamericanas de Flint, Michigan, Newark y New Jersey, que permitieron la demostración de que, patrullando a pie, la comunidad se sentía mejor y más segura, aun cuando no hubiera un cambio significativo en el número de delitos. Estos experimentos demostraban que la policía podía ensayar alternativas a los mecanismos tradicionales.  

Según datos coincidentes de policías de diversos países, de las llamadas de servicio que se reciben, sólo un 30 % está directamente relacionada a delitos y el 70 % restante corresponde a llamadas por cuestiones sociales, de violencia o desorden familiar o vecinal. Estos datos indican claramente que el esfuerzo policial, en lugar de estar concentrado en la respuesta rápida a lo postdelictual, debería orientarse preferentemente hacia aspectos preventivos. 

En un famoso trabajo, publicado en 1989 en el Atlantic Monthly Journal, George Kelling y James Wilson plantean algo que parece una herejía para las tendencias policiales del momento: que más allá de crímenes y delitos importantes, la policía debe ocuparse necesariamente de cuestiones que, aunque aparentemente de menor importancia, son relevantes para la calidad de vida, como por ejemplo las relacionadas con ruidos molestos, graffiti, vagancia y mendicidad en la vía pública, limpiavidrios, suciedad y desorden y muchos otros temas “menores” que se consideraban hasta entonces ajenos a la temática de la seguridad y la policía. 

Las policías comienzan entonces a impulsar nuevas modalidades en la prestación del servicio y a articular con la comunidad mecanismos de relación de distinto tipo (participación y apoyo vecinal, policía orientada a la comunidad, patrullaje a pie, unidades ciclísticas, foros vecinales) y comienza también una activa participación de la policía en tareas de carácter social como por ejemplo campamentos con chicos en riesgo, competencias deportivas, almuerzos y reuniones con sectores de la comunidad, aún los más problemáticos y riesgosos, charlas y presentaciones de policías en escuelas para tratar temas de seguridad junto a los alumnos, etc. 

Se trata de “bajar” al policía del auto y ponerlo a caminar por el beat o área de trabajo, en contacto fluido y permanente con la comunidad. La influencia de estas ideas ha sido lo suficientemente fuerte como para aunar en su apoyo pensadores de vertientes políticas tan dispares como Anthony Giddens (1998) y Francis Fukuyama. 

Finalmente, también el postulado del castigo y la resocialización penitenciaria ha sido controvertido por la experiencia empírica. Esta parece indicar que la lógica de los procesos de retribución punitoria exhibe fuertes matices críticos por: 1) su fuerte contenido discriminatorio (sólo afecta determinados tipos de delitos y de delincuentes); 2) la circunstancia de llegar tardíamente y a un ínfimo porcentaje del universo de infractores (alrededor del 1%) y 3) la constatación empírica de que retroalimentan la delincuencia, lo que se advierte por las altas Tasas de recidivismo. 

Si bien el presente trabajo está concentrado en la temática policial de prevención y contención, señalemos que también en materia postdelictual las nuevas tendencias de justicia restaurativa y justicia comunitaria cambian el paradigma tradicional de la idea del castigo y la punición, hacia la idea de la restauración del daño y la toma de conciencia, por parte del infractor, de las consecuencias de su conducta. La tarea de trabajo con las víctimas y la no menos ríspida pero apasionante cuestión del contacto víctima – victimario, se integran dentro de estas nuevas modalidades (Nicholl, 1999). 

IV. La policía comunitaria 

Aunque mal traducida como “policía comunitaria” (quizás una traducción más exacta sería la de “policía de la comunidad” o “policía de la localidad”) esta nueva tendencia es considerada el nuevo paradigma de la seguridad pública e implica una reversión profunda de algunas de las antiguas concepciones en lamateria. En tal sentido se señala (Trojanowicz y Bouqueroux, 1994): 

La policía comunitaria es una filosofía y una estrategia organizacional que promueve una nueva asociación entre la comunidad y su policía. Está basada en la premisa de que ambos, policía y comunidad, deben trabajar en conjunto para identificar, priorizar y resolver los problemas actuales como por ejemplo delitos, drogas, temor al delito, desorden social y decadencia barrial, con el objetivo de mejorar la calidad de vida en la zona 

La policía comunitaria requiere un compromiso extendido a la totalidad del departamento de policía – personal armado y no armado – de asunción de esta nueva filosofía. Así mismo convoca a expresar esta nueva filosofía en sus funciones, equilibrando la necesidad de mantener una respuesta policial inmediata y efectiva al delito individual con el objetivo de explorar nuevas iniciativas proactivas encaminadas a resolver problemas antes de que estos 
ocurran. 

La policía comunitaria reposa, así mismo, en establecer a los oficiales de policía como agentes descentralizados en zonas asignadas en forma permanente, donde ellos disfrutan de la libertad y la autonomía para operar como solucionadores locales de problemas, trabajando directamente con la comunidad y haciendo de sus comunidades lugares más seguros donde vivir y trabajar.  

Se señalan como principios fundamentales de esta modalidad de policía los siguientes:  

Una filosofía y una estrategia organizacional: La policía comunitaria implica una base filosófica de cómo deber ser y actuar la policía, base marcadamente distinta a la tradicional; pero, además, desarrolla y explica los concretos mecanismos y herramientas para que esa filosofía pueda ser llevada a la práctica cotidiana del policía.  

Compromiso con el fortalecimiento de la comunidad: La policía comunitaria parte del supuesto que la comunidad debe involucrarse en el delito y debe articular con ella las herramientas encaminadas a prevenir, contener y encauzar las conductas que generan delito y temor al delito y acotar y reducir los daños que este ocasiona. La policía es una herramienta de la propia comunidad y por lo tanto no pueden estar separadas o aisladas. 

Policía descentralizada y personalizada: Estos dos aspectos implican, por una parte, que los gobiernos locales (municipios) tienen un fuerte rol a jugar en la estrategia de la seguridad pública, toda vez que el crimen sucede localmente y está inevitablemente asociado a contextos territoriales específicos de cada comunidad. Pero, además, al personalizarse la relación del policía con el espacio territorial de actuación, se intensifica su conocimiento y comprensión 
profunda de la problemática sobre la que debe actuar, de los actores con los cuales debe trabajar y de los procesos que están teniendo lugar y que se desea contener, prevenir y reconducir, si son negativos y potenciar o auspiciar si son considerados valiosos. 

Solución proactiva de problemas inmediata y de largo plazo: La solución de problemas es la justificación legitimadora de la existencia de una policía de tipo comunitario. Pero, además, el modelo busca que la solución de problemas no sea mitigadora, reduccionista o de corto plazo, sino que, por el contrario, opere sobre las causas reales de la disfunción, identificándolas y generando abordajes de tratamiento y contención creativos y en los cuales se involucre la comunidad. 

Ética, legalidad, responsabilidad y confianza: La formación de un policía profesional, con una fuerte autonomía decisional y con una tarea personalizada y acotada territorialmente, implica un nuevo contrato policía – comunidad, basado en el respeto, la confianza y la mutua interacción. Esto reclama un fuerte compromiso ético y con la legalidad.  

Ampliación de las tareas policiales: En el modelo de policía tradicional, la función del policía está generalmente limitada a unas pocas tareas, tales como patrullaje preventivo, rondín, parada fija, operativos de control de distinto tipo y apoyo a las tareas de la justicia. Si bien en el modelo de policía comunitaria el policía sigue teniendo las mismas capacidades básicas de la policía 
tradicional, éstas se ven ampliadas además a las múltiples tareas relacionadas con la organización de la comunidad en la prevención proactiva del delito, como son la organización del voluntariado, el trabajo con ONGs vecinales y de carácter específico, la mediación y facilitación, el contacto con otros organismos del gobierno, etc. 


Creatividad y apoyo a partir de las características locales: No hay recetas únicas para problemáticas sociales complejas. Las experiencias sociales no son reproducibles y lo que es útil en un lugar puede ser inconveniente y hasta peligroso en otro. De allí que la policía comunitaria busque el desarrollo de decisiones “a medida” de las problemáticas locales concretas, apelando a la creatividad de los actores, buscando nuevas formas de abordar los problemas, generando alternativas diferentes a las tradicionales del arresto o el castigo y pensando, en general, “fuera de la caja”. 

Cambio interno: Aunque insistiremos en este tema en el punto siguiente, el cambio interno se relaciona, por una parte, con el rediseño organizacional de la policía y, por la otra, con un cambio de las modalidades de actuación de todo el departamento involucrado, es decir personal policial armado y no armado, profesionales y voluntarios. 

A partir de sus primeras implementaciones en la década del 70, los postulados de la policía comunitaria se expandieron rápidamente en EE UU e Inglaterra primero, y luego a los restantes países de Europa y Asia.  

En América Latina, la policía comunitaria registra a la fecha muy aisladas experiencias. Existe un cierto rechazo cultural a la introducción de nuevas modalidades en materia de seguridad y no hay ámbitos científicos o de debate donde plantear alternativas. El modelo mental de los decisores públicos parece ser el siguiente: “el modelo de seguridad y policía tradicional está en crisis, pero nosotros podemos mejorarlo y hacerlo andar bien”. 

V. Componentes centrales de la policía comunitaria 

Mucho se ha escrito sobre policía comunitaria y más de una vez se ha llamado a la reflexión sobre la circunstancia de que no cualquier experiencia de acercamiento con la comunidad es, técnicamente, policía comunitaria. Herman Goldstein, señala al respecto que el abuso de la utilización del concepto, para cualquier tipo de experiencia que de una manera u otra involucre a la policía y la comunidad, ha contribuido prácticamente a vaciar la expresión de contenido 
concreto (Goldstein, 1993).  

No obstante ello, cabe sostener que existirá policía comunitaria toda vez que se verifiquen fácticamente, en forma conjunta, los tres componentes centrales de la estrategia que, según el Instituto de Policía Comunitaria del Alto Medio Oeste (2000) son los siguientes:  

1. Asociación con la comunidad 

Como ya dijimos, el modelo parte de la convicción de que policía y comunidad deben trabajar juntas en el abordaje del delito y la disfunción y que la policía no puede, por sí, resolver los problemas que generan el delito. 

La asociación con la comunidad implica el desarrollo, por parte de la policía, de un proceso previo de mapeo y detección de actores relevantes, líderes sociales, grupos de interés de tipo general o especial y otros elementos de importancia para el relevamiento de la realidad donde actúa y para la construcción conjunta de relaciones creativas. 

Más allá que a los dirigentes políticos les gusta su práctica de tiempo en tiempo, la mera convocatoria a vecinos a foros o asambleas, como se la venido practicando en Argentina en los últimos años, no es propiamente un componente de la policía comunitaria (que es una estrategia policial integral) sino tan sólo un aspecto o modalidad del acercamiento de la policía a la comunidad, dentro del modelo tradicional.  

2. Resolución de problemas 

Los nuevos modelos de prestación de servicio de seguridad pública están igualmente basados en la idea de que la policía es un elemento articulador de las potencialidades de la comunidad en la resolución de problemas que generan delito y temor al delito. 

La idea central es que condiciones subyacentes generan el emergente delictual y por lo tanto, policía y comunidad deben trabajar juntas en la tarea de identificar las causas del delito y el temor al delito, desarrollando soluciones de largo plazo y “a medida” a través del ejercicio de la imaginación, la inventiva, la creatividad y la capacitación permanente. 

La filosofía de resolución de problemas, desarrollada entre otros por Herman Goldstein (1990) creador de la “Policía oreintada a problemas” ha dado lugar a la aparición de varias técnicas utilizadas activamente tanto por las policías que adhieren explícitamente a los modelos comunitarios como las que, aún girando bajo los modelos tradicionales, incorporan modalidades de problemología. 

En este tema se encuentra la teoría de los “vidrios rotos” y la “tolerancia cero” del ya mencionado George Kelling. Considerada una de las bases de la policía comunitaria, la misma postula la existencia de una vinculación indisoluble entre el desorden y el delito y, por otro lado,  la necesidad de “hacerse cargo” de los pequeños problemas para evitar que degeneren en problemas mayores. Contrariamente a lo que piensan muchos en Argentina, la idea de la “tolerancia cero” no postula que toda falta o infracción debe ser necesariamente sancionada, sino que postula que, en toda falta o infracción, subyace un núcleo causal determinado, al cual se debe necesariamente atender a fin de evitar el progreso de problemas mayores. 

Al mismo tiempo, la teoría de los “vidrios rotos” supone la absorción, por parte de la comunidad, de tareas específicas y concretas relacionadas con la seguridad pública que van desde el voluntariado en actividades sociales con sectores en riesgo, hasta la participación en redes vecinales de prevención delictual (neighborhood watch), apoyo vecinal a policías, patrullajes conjuntos policía – vecinos  y otras. 

3. Cambio organizacional 

El paso de una policía del modelo tradicional a los nuevos modelos, implica un profundo cambio organizacional, abarcando una reingeniería integral de estructuras y procesos, en busca de generar organizaciones policiales flexibles, con capacidad de adaptación al cambio y con estructuras horizontales y en red.  

Está claro que para lograr tamaño objetivo, la mera reforma legislativa no alcanza. Pero al mismo tiempo se advierte que no tiene sentido hacer reingeniería organizacional si no se cambian, al mismo tiempo, las modalidades profundas con las que se provee servicio de seguridad pública. 

Esta situación se puede advertir en los resultados de los intentos de reforma institucional de policías llevados a cabo en las provincias de Buenos Aires y Mendoza. Ambas provincias encararon procesos con casi idéntico diseño normativo (Estévez, 2000).  

En Buenos Aires la experiencia se frustró tempranamente por falta de apoyo de las propias dirigencias políticas locales. En el segundo caso, el fuerte soporte político existente permitió avanzar hacia la implementación de las nuevas leyes y se mantuvo incluso después del cambio de gobierno de un partido a otro distinto. Sin embargo, la modalidad operativa concreta de la 
policía de Mendoza (esto es: lo que la policía de Mendoza hace concretamente en orden a proveer seguridad a la comunidad) sigue siendo muy similar a lo que se hacía antes, con el único matiz de que se ha acentuado, en forma significativa, el patrullaje en automóvil.  

VI. Principales diferencias entre ambos modelos 

Toda comparación en abstracto de modelos puros puede implicar siempre algún nivel de arbitrariedad. Sin embargo, permite también reforzar los conceptos en desarrollo. Por ello, entendemos que puede ser útil una confrontación entre las principales características de los modelos en marcha, a fin de enfatizar el contenido de cambio paradigmático de las nuevas tendencias.  

En primer lugar, mencionemos la característica reactiva de la policía de los modelos tradicionales. Se trata de una policía a la espera de la llamada de denuncia de delito o desorden y mientras tanto ocupada en las tareas de “prevención”, que están limitadas al patrullaje preventivo al azar, en auto, caballo o bicicleta, la parada fija, el rondin y – a través de los cuerpos especiales – el control de disturbios y desórdenes y de apoyo a la investigación de delitos. Modelos de cuadrante, como los recientemente iniciados en Chile, se inscriben en esta metodología. 

Al mismo tiempo, el modelo tradicional es fuertemente centralizado y con una organización vertical que reproduce la de las FFAA.  La razón de este modelo, ya lo hemos señalado, era la idea de que la sociedad corrompe al policía y por lo tanto éste debe estar aislado de la misma y sólo interviniendo cuando se genera una inconducta. Es decir, un “guardián” del orden. 

El enfoque sistémico de la disfunción, sobre todo en modelos de tipo comunitario, plantea  perspectivas más amplias y más profundas en el abordaje de esta problemática. Más amplias porque incorpora al análisis elementos que van más allá de la policía y la justicia, considerando involucrados en la seguridad las problemáticas de la pobreza, la marginación, la crisis de 
valores, la privatización de la vía pública, y tantas otras otros temas relacionados a la violencia, 
el desorden, la disfunción y las patologías sociales (entendiendo por “patologías” situaciones que operan de una forma distinta a la que pensamos deberían operar). Más profundas porque intentan “bajar” desde el nivel de los emergentes fácticos (el delito, la patota, los chicos drogándose o inhalando pegamento, el último asesinato) hacia las estructuras subyacentes que los están provocando y sobre las cuales se debe operar si se desean cambios permanentes. 

Las nuevas modalidades son, básicamente, proactivas, en el sentido de que el policía, como profesional de la seguridad, es un estudioso  de las circunstancias sociales que generan la emergencia del desorden, el delito y el temor al delito. El policía conoce, mapea, estudia y diagnostica una situación social (en un barrio, una comunidad, un grupo étnico o un grupo mafioso) y, una vez que comprende los procesos que están teniendo lugar, construye – con los 
sectores interesados de la comunidad – soluciones permanentes que involucran a las agencias del gobierno, a la propia comunidad y a los medios. Esto, obviamente, entraña un nuevo policía, con otras capacidades y habilidades y mucho más parecido a un médico, operando y previniendo en las patologías del cuerpo social que a un sargento del ejército.  

La proactividad de los nuevos modelos plantea que la policía está en condiciones de comprender y operar dentro de los entornos que producen predisposición al delito, actuando preventivamente. En el modelo tradicional, los policías iban a ciertos barrios y comunidades sólo para realizar un arresto o investigar un delito. En los nuevos modelos la presencia policial es parte del paisaje comunitario. 

La característica militar de la organización, que se explica porque la misma es un producto histórico que nace en un momento determinado y con especiales características, llevó también a estructuras centralizadas, rígidas y con largas cadenas de mando. Eso era entendible porque la tropa era supernumeraria y las tareas limitadas. El cumplimiento de ordenes era la regla de actuación y no había mayor espacio para la autonomía decisional.  

En los nuevos modelos de sistemas de seguridad pública la descentralización aparece de la mano de una mayor autonomía decisional del policía para hacer las cosas que decíamos en el párrafo anterior. Está dicho que, en el modelo tradicional, “los jefes deciden” y en los  nuevos modelos “los policías deciden”. 

Esta circunstancia hace que, en los modelos actuales, se avance significativamente a mayores niveles de descentralización funcional y decisional. En este contexto, los gobiernos locales comienzan a jugar un rol mucho más activo en las políticas de seguridad pública. 

El tipo de respuesta de los sistemas de policía y seguridad tradicionales es bastante unificado: patrullajes en vehículo al azar o en zonas acotadas; operativos y controles; arrestos y auxilio al poder judicial. 

En los modelos nuevos, en cambio, el policía es un agente catalítico de la comunidad y por lo tanto desarrolla tareas de liderazgo, promoción, articulación y “link” entre el estado y la comunidad.  

Lógicamente las nuevas tareas y el nuevo perfil cambian la “orientación” del trabajo del policía. 
En el modelo tradicional está focalizada, precisamente, en tareas, en cosas que hay que hacer (tantos arrestos, tantos controles de documentos, tantos trámites, tantos operativos). En las nuevas tendencias y modalidades, en cambio, lo que el policía busca son “resultados”, es decir productos concretos que cambien favorablemente una situación, pero no en términos de “provisión” de respuestas (lo que nos llevaría a un modelo paternalista) sino en términos de “articulación” de respuestas con la comunidad: se trata de buscar respuestas a preguntas tales como: ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para encauzarlo o solucionarlo?  
¿Cómo lo hacemos? ¿Qué organismo del Estado u organización de la sociedad nos puede ayudar?  

La idea de que la policía tradicional está aislada de la sociedad civil suele molestar a los policías, ya que la ven como una idea sesgada y prejuiciosa. Sin embargo, responde al paradigma de la seguridad tradicional. Los comisarios y oficiales jefes en general, no están tan aislados y son los que más defienden la idea que “la policía y la comunidad están juntas” pero ello no es así y donde más se nota es en la “tropa”. La situación de aislamiento de la policía  de la comunidad, en nuestro país, tiene una abundante base empírica, sustentada en encuestas y relevamientos de opinión. También es una señal de esta situación el bajo porcentaje de denuncias de delitos a pesar del alto nivel de victimización imperante. 

 Eso plantea también un cambio importante de enfoque, que culturalmente es muy difícil de entender: en la policía tradicional se trabaja “por” la comunidad, mientras que en el nuevo modelo se trabaja “con” la comunidad, pero decirlo es fácil y hacerlo es difícil porque supone aceptar que la comunidad tiene tanto (o más) conocimiento y percepción de los problemas que la propia policía, idea que resulta difícil de aceptar.  Pero debe recordarse que el aislamiento nace precisamente de la idea que el policía debe intervenir “asépticamente” en el delito y la disfunción. 

Un elemento importante a destacar de las ventajas de la policía y la comunidad fuertemente unidas y enlazadas es la corriente de información que se genera. Según datos que se manejan en los institutos de Policía Comunitaria de EE UU, el 90 % de los delitos se esclarecen con información y el 10 % con investigación científica. 

Existen muchas otras diferencias entre ambos modelos que en razón de la extensión de este trabajo no podemos desarrollar in extenso. El Cuadro del Anexo resume las principales diferencias que encontramos entre el modelo de policía tradicional y los nuevos modelos. 

VII. Conclusiones 

Ya nos hemos expresado con anterioridad acerca de la necesidad de encarar enfoque sistémicos de la disfunción social, buscando superar el reduccionismo y la linealidad en la comprensión del desorden, el delito y la violencia y en la adopción de medidas para combatirlos (Montbrun y otros, 1999). 

La utilización de este tipo de metodologías está fuertemente sesgada en nuestro país por los prejuicios y resquemores generados por el temor a lo desconocido. En materia de seguridad pública, no obstante, su uso es habitual en otros países (Bureau of Justice Assistance, 1993; NC Community Policing Institute, 2000).  

Los estudios de campo llevados adelante en 2000, en el marco de la operatoria AR 0247 (Córdoba, Santa Fé, Mendoza, Tucumán, Ciudad de Buenos Aires, partidos de la provincia de Buenos Aires), como así mismo las investigaciones que viene desarrollando la Dirección Nacional de Política Criminal, permiten determinar una serie de espacios en los cuales es posible iniciar procesos de fortalecimiento institucional, actualización doctrinaria y capacitación y reciclaje del personal policial, pero para ello se considera necesario un proceso previo de 
decisiones políticas vinculadas al “modelo” de sistema de seguridad que se desea implementar. 

Al mismo tiempo, en nuestro país se insiste tercamente en recetas notoriamente anacrónicas  (más compra de vehículos, más penas en los códigos, más cárceles, más policías, más represión penal a niños y jóvenes disfuncionales) mientras se condena al actual recurso humano de la 
seguridad a situaciones de desasistencia y escasa capacitación y a seguir evolucionando en un 
modelo agotado. 

Si no cambia el modelo mental de nuestros líderes y no se comienza a advertir que es imposible  resolver un problema desde la misma lógica desde la cual el problema se ha generado, será tal vez nuestro destino seguir asistiendo al incremento de la inseguridad hasta niveles de metástasis social. 

 FUENTES VARIAS 
POLICIA Y SEGURIDAD PUBLICA MODELOS EN MARCHA POR:Dr. Alberto Montbrun  Profesor del Instituto Universitario de Seguridad Pública