lunes, 16 de abril de 2012

ASESINAN A OTRO POLICIA METROPOLITANO, UNA PELIGROSA TENDENCIA DE MATAR POR MATAR


POR ANDRES PENACHINO

Hoy estamos despidiendo los restos mortales del Segundo Policía Metropolitano asesinado este año. Carlos Escobar, de 28 años, no estaba en servicio y había salido con su novia. Lo mataron para robarle el auto.
Sin dudas, entre el hampa existe una nueva subcultura de la muerte.
Especialmente entre los ”nuevos delincuentes”, que se autodenominan “jugados”, que son (entre otros) los que matan por matar, especialmente a policías. 


Los tiempos cambian, el delito también.
Antaño la muerte de un policía, era prácticamente una sentencia de muerte. El desenlace fatal en un ilícito era una situación no deseada, y hasta estaba acuñada la frase  “se disgració” cuando ese era el corolario. 
Sin dudas, siempre existieron homicidios y asesinatos, pero el regodearse con la muerte estaba limitado a escasos enfermos mentales, como el “petiso orejudo” o el “ángel de la muerte”. Ajustes de cuentas entre maleantes, podía llevarlos a casos de torturas, pero pasaba más por el ensañamiento de la multiplicidad de heridas mortales o el apaleamiento previo a la muerte. Hoy existen varios tipos de ensañamiento previo, desde las torturas con quemaduras de cigarrillo, violación “aún homosexual” y el más común psicológico. El conocido “bardeo”, conocido por múltiples recopilaciones parciales, dado que resulta casi imposible reconstruir el monólogo del atacante por parte de un solo agredido, que bajo los efectos de la situación solo trata de olvidar los momentos pasados. 
En lo más profundo de sus convicciones, lindando con el inconsciente, saben que la droga los acerca a un desenlace fatal que los privará de la vejez. El fantasma del Sida, presuntamente adquirido en la prisión en violaciones o prácticas homosexuales, los llevó a firmar un pagaré a cinco años vista. Una vida miserable en condiciones casi infrahumanas del asentamiento, les quita perspectivas de una mejor calidad de vida. El efecto de simulación motor de la actividad sociológica, solo les facilita un factor de superación entre sus pares, que pasa por el efímero reconocimiento de pasar a ser un “poronga” nuevo apelativo en reemplazo del antiguo “pesado” nacido de portar una pistola 11,25 (por su peso). Gozar de los favores sexuales obtenidos por dinero o regalos de categoría obtenidos en sus fechorías. Cada noche en un aguantadero es más oneroso que un hotel de 5 estrellas. 
Es casi idéntico el discurso, en el cual muestra todo el resentimiento social, su propia segregación, su identificación con un grupo diferente y hasta su orgullo por pertenecer a una casta de elegidos. Obliga a su víctima a reconocer la culpa de su desgracia. Desafía a toda la sociedad con su actitud, trata de degradar a su nivel a su rehén transitorio. El terror es su principal arma. El brazo armado de la sociedad, la policía se transforma en su principal enemigo, ya que puede responderle con su mismo lenguaje, la muerte. 
Esta subcultura, dispone de todos los elementos necesarios para su instalación.
Hábitat; las villas, asentamientos y conglomerados urbanos, como ciertos barrios se han transformado en verdaderos santuarios.
Lenguaje: el “argot” francés, el “slang” ingles y el “lunfardo” criollo siempre fueron dialectos. Hoy  los modismos, sinónimos y frases hechas del hampa se han incorporado al lenguaje cotidiano de toda la población. “salir de caño”, “merca”, “sacado”, “trucho” etc. 
Manifestaciones culturales; los “grafittis” como modernas pinturas rupestres, muestran el intento de bajar el nivel de atención, modo de evitar el asombro ante situaciones violentas. Los nombres de las bandas de música juvenil eligen como modo de destacarse, sonoros apelativos agresivos, “lobotomía”, “sinfuturo”, etc.
Pero cuando ese mismo sentimiento, se transforma en música y surgen cultores de esta subcultura, como es la cumbia villera, donde se exalta la actividad delictiva, se transforma en una autentica apología del delito. "La poli se la come", "la villa se la da". "Muerte a la gorra"....
El poder exhibir un tatuaje, de una espada vertical rodeado por una serpiente, conocido como “muerte a la yuta”, es la condecoración de su linaje. Un cráneo con un puñal atravesándolo es la medalla obtenida por la muerte de un “logi”. 
Faltan solo dos elementos: el uso de símbolos, banderas, escudos etc. Y disponer de un seudo estado gendarme.
El sentimiento generalizado de la ciudadanía de desamparo ante la violencia delictiva aumenta aun mas cuando asesinan a un uniformado, pues es el policía el único que puede contener al delincuente. Sin policía no hay seguridad, sin seguridad se pierde la defensa y el resguardo de los derechos y libertades individuales y colectivas, así como todos los bienes culturales, que supimos conseguir. 
La prolongación en el tiempo del estado de inseguridad representa una amenaza no solo para la estabilidad de las instituciones sino también para los gobiernos. Señores políticos no se olviden de esto.

Andres Penachino

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