lunes, 30 de abril de 2012

LA CATASTROFE DE LA OMISION



 POR ANDRES PENACHINO

La organización ante las emergencias o eventos de gran crisis es un derecho y una necesidad en la sociedad contemporánea. La articulación de las organizaciones creadas para afrontar las catástrofes aparece entonces como una necesidad imperiosa.

Las catástrofes nos acompañan desde siempre, desde la aparición misma de la especie humana. Son sucesos tremendos y caóticos. El diluvio Universal, Pompeya y Herculano, por nombrar algunos ejemplos fueron asociadas a la categoría de los castigos divinos.

Un reflejo ciertamente humano cuando la realidad se descontrola y los eventos adquieren un ímpetu propio ingobernable.

Naturales al comienzo, las catástrofes se complejizaron conforme al desarrollo logrado, dando paso a las catástrofes sociales y/o tecnológicas o a la asociación de ambas.
Que la civilización tiene un costo es indudable. Lo que es innegable es que la previsión puede limitar los alcance de un hecho fortuito.

Ante los siniestros mas frecuentes, un incendio por ejemplo existen planes pre diseñados que pueden limitar su alcances. Es la no observancia de los mismos lo que deriva en una siniestralidad excesiva.
Las catástrofes al igual que los siniestros son repentinos y generalmente imprevisibles pero lo que marca a fuego una catástrofe es la desproporción repentina entre la magnitud del daño y la estructura encargada de controlarlo, especialmente cuando esas estructuras quedan desarticuladas por la aparición de la catástrofe misma.

Esto origina lo que se ha generalizado en llamar la segunda catástrofe que es el resultado de la ausencia o mala gestión de los recursos disponibles.
La duplicación de esfuerzos descentralizados y desorganizados duplica a su vez los costos de los recursos económicos y los recursos humanos,
Se pierde la visión de conjunto y la posibilidad de lograr mayores resultados con menos recursos.

A  medida que el hombre ejerce un mayor dominio sobre la Naturaleza, aumenta a su vez el riesgo tecnológico y este esta teñido de error humano.
Podríamos afirmar entonces que el castigo divino es hoy el castigo de los improvisados.

ANDRES PENACHINO

No hay comentarios: