lunes, 2 de julio de 2012

PUEBLADA EN CAÑUELAS, EL PUEBLO QUIERE RESPUESTAS ANTE LA VIOLENCIA DELICTIVA


Un día después del brutal asesinato de dos hermanos, dueños de un supermercado de la ciudad bonaerense de Cañuelas, vecinos llevan adelante un intenso pedido de justicia en la municipalidad.
Pasadas las 10, un grupo de personas ingresó al edificio en el que estuvieron reunidos autoridades locales y provinciales del área seguridad.
Desde la mañana, vecinos exigen respuestas de las autoridades tras el brutal asesinato de dos hermanos durante un robo; "La responsabilidad de la seguridad en la provincia es nuestra", dijo el ministro Casal. fuente la nacion.com

NUESTRA OPINION:

La Seguridad, refiriéndonos al aspecto interno, esta sustentada sobre cuatro pilares: la Justicia, el servicio Penitenciario, la Policía y la Población. Como integrantes de este último basamento, no podemos intervenir activamente en la: planificación, organización, dirección, coordinación y control de los tres primeros. La Constitución es muy clara al respecto, el pueblo no gobierna ni delibera sino por medio de sus representantes, que son los encargados de establecer las leyes de su organización y los órganos de aplicación. Solo podemos sugerir, recomendar por los medios, elevar propuestas que es la única forma de colaborar.

Sin embargo, sin el apoyo de la población, muy poco pueden hacer los poderes encargados de velar por nuestra seguridad, las pruebas están a la vista y a diario.
En principio por que el gran debate sobre una política de Estado en materia de seguridad no se ha dado. Para algunos se trata de un acuerdo superestructural, entre los partidos mayoritarios, entre los representantes que carecen de la capacidad técnica que el momento exige de la información necesaria para interpretar una realidad, que no puede basarse solamente en estadísticas y de un divorcio total entre la población y su investidura.

Es por ello que cuando se plantea la necesidad de enfrentar una situación de excepción, resulta imprescindible adoptar medidas adecuadas y consensuadas con la Población.
Y ésta, totalmente desacostumbrada a ser consultada, no participa y cuando tiene que definir alguna situación, lo hace en forma inorgánica, sin ideología, carente de representantes y por ahora “pacífica”.
El problema que nos ocupa, ha desplazado a la población a una situación de indefensión, que la ha replegado a buscar la seguridad propia blindando su hábitat. Es la típica actitud del “no te metas”, del “sálvese el que pueda”, pero ni así alcanza, porque ha cedido, el entorno de su casa a la delincuencia. La calle, el barrio, la ciudad toda es territorio liberado para la delincuencia, se ha apoderado de las plazas bulevares y los sitios públicos están vedados para su uso.
Cuál es el camino?.
¿Enfrentar a la delincuencia con sus propios métodos y transformar nuestra ciudad en una nueva Beirut?.
¿Dotar al brazo armado de la sociedad, con armamento sofisticado y “meter bala”?.
Incrementar las penas, es una ilusión cuándo hay jueces que piensan en “como hago zafar a este”.

La defensa es legítima cuando se ejerce en la conservación del bien más preciado que es la vida, o en salvaguardia del bienestar general. Pero también es cierto que cualquier medida que se adopte para su defensa debe analizarse en función de la emergencia. Y para ello las medidas pre-emergentes, son las que mejores resultados dan. La prevención en consecuencia es la mejor defensa. El mejor de los delitos es el que no se comete.

Desde nuestra sencilla posición de ciudadanos, no solo “podemos”, sino que “debemos” comprometernos en esta lucha por el bienestar común, por la seguridad.
Ya no vale escudarse en el “no sabe, no contesta”, “no me incumbe, no te metas”. La delincuencia no discrimina, no separa en rubios o morochos, de River o de Boca, azules o colorados, unitarios o federales, todos podemos ser víctimas de su latrocinio. Y si hasta hace muy poco la perdida se podía justipreciar en tal o cual valor. Hoy una vida vale menos que un estéreo.
Que la recuperación de su geografía, hoy en manos de la delincuencia, que cuenta con sus propios santuarios, corredores y sistemas de comercialización, con expresiones seudo culturales, de su accionar que modifican nuestra tradicional cultura de respeto a nuestras instituciones deben recuperarse y mantenerse.
Para ello el valor del barrio, del pueblo, como la Patria Chica, el reconocimiento al afecto de los vecinos, como los parientes que elegimos para convivir, la confianza en los encargados de nuestro cuidado, deben recobrarse a toda costa. Porque el riesgo de perderlos es el fracaso del Estado Nación.

Y por eso es necesario crear una política de seguridad, que esté más allá de un efímero mandato, de un mezquino interés político o de una apetencia sectorial o corporativa.
La primera premisa en consecuencia es la defensa común, la solidaridad como herramienta fundamental del que hacer cotidiano. Donde una ofensa, un ataque, una tropelía cometida contra cualquier integrante de la sociedad, es un ataque a la comunidad.
Este espíritu de cuerpo imprescindible para la prevención, conlleva el intercambio de ideas, sugerencias y planes de contención que hacen más efectiva la protección colectiva. Un frente unido ante la delincuencia, ofrecerá también un bloque de opinión para peticionar ante las autoridades, exigir a nuestros representantes y apoyar a quienes son nuestro brazo armado.
Es la sociedad toda la que debe enfrentar a la actual ola delictiva y asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde.
La solidaridad es uno de los valores que garantizan la convivencia dentro de nuestras sociedades.
 Esta es una acción efectiva para revertir la sensación de riesgo y comenzar a despertar inseguridad en los delincuentes, dado que el control de los ilícitos por parte de la ciudadanía, evita la constante repetición de hechos de esta especie.

No hay comentarios: