viernes, 26 de julio de 2013

MATAR POR MATAR, MATAR POR UN CELULAR Y UN PAR DE ZAPATILLAS


PUBLICA: ANDRES PENACHINO
Ya transcurrió un año sin Nicolás. También pasó un año de aquel último beso, desde aquella jocosa charla entre madre e hijo. Pero el tiempo parece detenido para Patricia Aglietti. Todavía puede sentir ese instante que, sin imaginárselo, sería la despedida entre ambos. Ya no volvería a abrazarlo. Horas después, el joven de 19 años era asesinado en Moreno por un celular y un par de zapatillas.
El 8 de julio se cumplió el primer aniversario de aquel día en que Nicolás Castillo perdió la vida a manos de cuatro delincuentes que lo apuñalaron en pleno centro de esa ciudad bonaerense para robarle. Y Patricia quiso recordarlo de la mejor manera posible. Les pidió a los amigos que, por "la semana de Nico" -en alusión a la publicitada semana de la dulzura, publicaran en las redes sociales fotos del joven.
"Pude retratar imágenes que desconocía o revivir situaciones que habíamos pasado juntos", dice la madre.  Por momentos, en su cara se dibuja una sonrisa. Es la misma alegría que tenía cuando, horas antes de que ocurriera el fatal hecho, oía a Nicolás festejando porque la noche anterior le había ganado a su amigo en una competencia de PlayStation.
Después de la muerte de su hijo, Patricia decidió mudarse. Cada rincón y pared de la vivienda le hacían recordar a Nicolás. Sentía que se volvía loca, describe. Antes, lo consultó con su otro hijo, Rodrigo, de 15 años.
La nueva casa, situada también en Moreno, está decorada con fotos del joven, pero la mujer aún no tiene las fuerzas suficientes para colgar el último retrato de Nicolás en el que vestía orgulloso su camiseta de San Lorenzo de Almagro, el equipo del que era fanático. El muchacho disfrutaba de ir a la cancha con su papá, Omar.
Patricia no tiene en su corazón más lugar para otro sentimiento que no sea dolor, dice mientras corren lágrimas por sus mejillas. No siente odio por lo que le tocó vivir, sólo exige justicia por ese chico que adoraba. Por ese joven que pensaba si tal vez algún día podría ser arquero de la selección nacional de hockey, que tocaba la guitarra y que la pasaba bien junto con su novia y amigos.
La mujer está convencida de que la vida continúa por y para su otro hijo, y trata de seguir adelante, pero este último 8 de julio volvió a sentirse en carne viva. Para recuperarse, observó con dulzura las fotos de Nicolás. Percibió que su hijo, con ojos pícaros, le devolvía la mirada, y así pudo sonreír otra vez.
Apenas unos días después del hecho que cambió para siempre su vida, Patricia decidió llevar a su hijo en la piel. Dos alas tatuadas en el hombro derecho rodean al nombre de "Niko", como le gustaba firmar a él.
La inseguridad golpeó fuerte a la familia Castillo. Y la sigue maltratando meses después cuando los cuatro acusados, un mayor y tres menores de edad, continúan en libertad o no han quedado a disposición de la Justicia para reeducarlos.
"Las cosas tampoco cambiaron en el aspecto de la seguridad", afirma la mujer, que ahora tiene miedo por su otro hijo. Si bien el asesinato de Nicolás movilizó en 2012 a centenares de vecinos de Moreno para exigir más seguridad, no parece haber respuesta ante los reiterados hechos delictivos.
FUENTE: DIARIO LANACION.

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