martes, 11 de agosto de 2015

ROBO PIRAÑA A NEGOCIOS, UN DELITO CADA VEZ MAS FEROZ



PUBLICA ANDRES PENACHINO

Se bajan de la moto, roban cualquier objeto de valor que esté a la vista y huyen. En pocos segundos, como si fueran "pirañas" se pueden llevar un botín de diez mil pesos o más, entre notebooks, tablets, celulares, relojes y carteras. Y el blanco está servido: los clientes de bares y cafés.

Los vecinos denuncian que los robos han crecido en los últimos meses, sobre todo en Palermo, Recoleta y Belgrano. La policía también dice haber logrado más detenciones de ladrones que se mueven en motocicleta, y advierte que en casi todos los casos se trata de "gente con antecedentes".

Según las estadísticas de las asociaciones de vecinos de distintos barrios de la Capital, desde abril pasado registraron 4897 arrebatos. Muchos de esos casos tienen que ver con asaltos perpetrados por motochorros. De ese total, doscientos cincuenta y cinco casos de robos o arrebatos a clientes de bares, cafeterías y restaurantes.

"Estos números parecen de poca consideración, pero deberían generar preocupación por el solo hecho de que en los mapas anteriores no aparecían. Además, al calcular el porcentaje por barrios el total es superior", dijo Nelson Durisotti, coordinador de la estadística.

Los lugares en los que más casos se registraron son Palermo, Recoleta, Belgrano, Núñez y Colegiales. Si bien los comerciantes prefieren no hablar del tema, en muchos locales tomaron medidas como trabajar a puertas cerradas, instalar cámaras de seguridad, contratar personal de vigilancia o poner un cerco en la vereda. Tal es el caso del bar Chef León, de Montañeses y Ugarte, en Belgrano, donde su dueña consiguió la autorización de la Ciudad para instalar un enrejado que separa la vereda de la calle para dificultar el accionar de los motochorros.

"A las 20, tenemos que cerrar porque después la zona se volvió peligrosa", dijo Frank, el encargado de Chef León. El joven, un colombiano que vino a la Argentina para estudiar, contó que hace poco sufrió una golpiza cuando le quisieron robar la notebook, luego de cerrar.

"Hay veces que tengo que invitar a la gente que se sienta afuera a que ingresen en el local porque comienzo a ver movimientos que no son normales, motos o autos que pasan una y otra vez. Por más que haya policía, buscan el momento justo para actuar", dijo el joven.

Simular ser clientes para estudiar los movimientos del lugar y las víctimas es otro de los rebusques de los delincuentes. Así fue como en un bar de Gorostiaga y Arce le robaron un lujoso reloj a un cliente que estaba almorzando en la vereda, según contó un empleado. En aquella oportunidad, un hombre llegó en una moto y se sentó a tomar una gaseosa cerca de su víctima. Minutos después, arribó un cómplice quien tomó a la víctima por detrás, y el que simulaba ser cliente comenzó a golpearlo en la cara. Luego de quitarle el reloj, el celular y la billetera, los maleantes huyeron cada uno en su vehículo y en distintos sentidos.

Pero la mayoría de las veces, el accionar es mucho más simple y ni siquiera es necesaria la participación de un cómplice. Tal es el caso de una mujer a la que días atrás le robaron su computadora en una cadena de té situada en Uriburu y Pacheco de Melo, en Recoleta, también al mediodía. Allí el delincuente entró al local, tomó la máquina y luego escapó a bordo de una motocicleta.

Para los policías que recorren las calles, es difícil anticipar estos episodios, sobre todo por la rapidez en que ocurren. Aunque más de uno confirmó  la hipótesis de muchos comerciantes, de que los delincuentes aprovechan el horario bancario en el que los policías custodian la entrada y la salida de las entidades, para asaltar al resto. Incluso el botín puede ser mayor si se tiene en cuenta el límite de dinero que manejan las líneas de cajas de los bancos.

Desde las asociaciones barriales señalan además que algunos locales no tienen más remedio que cerrar sus puertas por culpa de la ola delictiva. Tal es el caso de un bar situado en la esquina de Quinteros y Riccheri, en Belgrano.

Aunque afirman que el 65% de los hechos denunciados ocurre en cadenas de comidas rápidas. "Se debe a que son lugares con mucha afluencia de gente y que en su mayoría asisten con niños. La atención puesta en ellos hace que el adulto se descuide y se convierta en víctima", afirmó Durisotti.

Fuentes de la Policía Federal indicaron que en los últimos meses aumentaron la cantidad de detenciones de arrebatadores y motochorros. "Con la incorporación de nuevas motos y el sistema de georreferenciación de las patrullas es más fácil perseguir a los delincuentes que se mueven en moto", dijo un jefe policial. En las sedes policiales no ocultan su malestar con algunos jueces porque, según dicen, la mayoría de los detenidos cuenta con antecedentes por otros robos, pero luego son excarcelados. "Hay gente que la llegamos a detener hasta cinco veces y sigue dando vueltas", afirmó un comisario.
LA FOTO ES REPRESENTATIVA Y NO CORRESPONDE A LA NOTA

Fuente: Procedimientos Policiales.

martes, 4 de agosto de 2015

VIOLENCIA Y DROGA, CIRCO Y PAN.


POR ANDRES PENACHINO

Nuestros valores compartidos de: solidaridad, de libertad y justicia fueron debitándose con el arribo a nuestro país, de dos nuevas amenazas, el libre acceso a las drogas y las armas de fuego. 
Sin dudas, el delito, la violencia y la decadencia social son las consecuencias inevitables de las drogas ilícitas.

Los hechos cotidianos de violencia criminal acontecidos durante esta ultima década, no han dejado dudas que, donde sea que las drogas se encuentren, la violencia, el delito y la corrupción hecha raíces. 

Pero además drogas y los delitos asociados, también amenazan la salud y el bienestar de nuestras comunidades, coartan las aspiraciones de nuestros pueblos y mancillan el futuro de nuestros niños.

Mientras esto acontece, a nuestro alrededor la bulla del fútbol para todos y todas, un programa televisado donde se muestran obscenamente políticos y vedettes bailando por no se sabe que sueño, mirar por el agujero de una cerradura para ver que hace una docena de atorrantes metidos en una casa buscando una efímera fama, parece ser el antídoto efectivo de nuestra civilización, que previene de una hipotética realidad que, solo se desdibuja cuando comenzamos a buscar con nuestro control remoto, aquellos canales que no responden a la propaganda oficial.

Esa realidad se ve emponzoñada por la difusión del comportamiento salvaje, esos actos egocéntricos de la violencia contra los demás, en los que el autor se complace en causar dolor, y muestra una completa indiferencia ante los sentimientos y la humanidad de la victima.
Parecería ser que, la violencia cotidiana también termino por destruir nuestra compasión, la capacidad de vernos a nosotros mismos en los demás y a los demás en nosotros mismos. Hemos perdido la capacidad de preocuparnos por los demás, hemos perdido la solidaridad.
Sin dudas somos indiferentes ante lo que le pase a los demás, pero no nos damos cuenta que tampoco estamos exentos de un flagelo que nos afecta en forma cada vez mas directa
Para los blancos potenciales de la violencia, ahora somos todos y cada uno de nosotros. Ahora el mensaje es, mantenerse hiper vigilantes y asumir que todo el mundo constituye una amenaza en potencia.
Dentro de nuestras casas estamos seguros, fuera de ellas son todos enemigos. 

Pero el espectáculo circense parece continuar, privándonos de la capacidad de ver la gravedad de una enfermedad que amenaza en convertirse en pandemia de continuar en el tiempo.
El ser humano, en toda su historia registrada, buscó el entretenimiento como una falsa forma de evadirse de sus frustraciones. Esa fuga hacia adelante existió siempre, como una resignada manera de no ver los problemas propios que requieren grandes esfuerzos para solucionarlos. 
El circo romano es la síntesis de espectáculos sangrientos, por ejemplo las luchas entre gladiadores y animales salvajes, facilitaban la evasión, como una embriagante droga visual que, luego de la suficiente descarga de adrenalina, permitía una resignada marcha hacia sus casas.

La tecnología moderna multiplicó el Coliseo romano en un número casi infinito. La televisión permitió que el circo alternara casi simultáneamente con el teatro, y éste con alucinantes presentaciones virtuales, que en un permanente delivery, llevaron a domicilio sueños y broncas ajenas, para obviar las propias.

Pero la fórmula del circo tiene un segundo componente que es el pan, elemento esencial en la comida hasta hace pocos años; basta recordar que en la triste Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la denominada guerra de trincheras, se consideraba que cada soldado francés debía consumir dos kilos de pan por día. Ese pan representa la alimentación básica que necesitaba una población, en un tiempo y lugar determinado. Lo dramático se da cuando, gracias a la distracción la gente empieza, lentamente, a recibir miguitas.

La primitiva fórmula que nos ofrece el circo nos motiva y nos mueve más que cualquiera de los dramas de la vida real que nos rodea, y así vamos por la vida, tomándonos en serio un show de televisión, en tanto que no demandamos a quienes deberíamos demandar, soluciones concretas sobre las cosas que realmente merecen verdadera preocupación.

Cuando el espectáculo circense también se convierte en una fuerte adicción, también empezamos a perder ciudadanos para tener meros adictos. En ese momento de mucho circo, la gente que busca el pan tiene dificultades para lograrlo, en primer lugar porque se olvidó cómo se produce, y porque se resignó a participar crónicamente de las otrora ollas populares, hoy denominadas planes sociales, en donde se pierde lentamente el orgullo de votar a cambio de un cada ves mas escaso plato de comida. En ese momento sólo quedan muchos hinchas descontrolados en sus apetitos y muy pocos ciudadanos responsables.
Así como la crisis medieval dio paso al renacimiento, nuestro voto responsable nos proveerá del pan de cada día, evitando que, cada ves mas debamos apelar al circo para evadirnos de la terrible una realidad cotidiana, cuyo pronóstico cada ves es mas sombrío.
Andres Penachino

Fuente: Notas varias del dr. Carlos Besanson en su Diario del Viajero.
Material de la Biblioteca del Programa Comunidades Seguras.
las fotos son extraídas de internet y no tiene que ver con la nota

lunes, 3 de agosto de 2015

APUNTAR A LAS ORGANIZACIONES NARCO


publica Andres Penachino
Los actores

Desde la manufactura hasta el consumo conviven: el peón rural de la plantación de coca, el contador público de la empresa legal que blanquea el dinero de la droga, el adicto y su familia, el capitalista y jefe del cartel, los obreros de la cocina de cocaína, los “soldados” de la organización, la madre de cinco hijos del barrio popular que en uno de los cuartos de su modesta casa pone un kiosco que –además de cerveza o galletitas– vende papelitos o fasos, la empresa que desvía químicos, el puntero que la distribuye en su zona. 

A lo largo de los años, los gobiernos han ordenado toda su política en torno al decomiso de la droga: una política era eficaz si mostraba mayor cantidad de droga decomisada, una fuerza policial mostraba compromiso con incrementos en los kilos secuestrados, un buen procedimiento era el que mayor cantidad de droga capturaba, etc.

Luego de tantos años de estas políticas cabe preguntarse: ¿sirven para algo? ¿Afecta al narcotráfico el decomiso de drogas? ¿Hay una caída en el consumo y, por tanto, en la circulación de droga cuando se secuestran grandes cargamentos? La respuesta es no. 

El decomiso de droga es una porción insignificante del mercado total. Paraguay produce 6 mil toneladas anuales de marihuana. Se estima que a la Argentina llega el 20% y sólo se decomisa anualmente 4% a 9%. 

El único efecto de decomisar es afectar el precio del producto que, en general, ya contempla la pérdida anual por decomiso.
Utilizar como indicador la cantidad de droga secuestrada puede hacer pensar que se ha retirado mayor cantidad de droga del mercado, cuando puede haber sucedido lo contrario: que haya habido mayor circulación y, por ello, los procedimientos se han topado con mayores decomisos.

Es imperioso cambiar el paradigma, relativizando el foco en la cantidad de droga secuestrada y reorientándolo al desbaratamiento de las organizaciones narcocriminales. De poco sirve un procedimiento donde se secuestren 100 kg si los únicos arrestados son el chofer del camión que transportaba la droga y el sereno del depósito donde se iba a guardar, como son los procedimientos que predominan aquí. Es mucho más eficaz un procedimiento que sólo secuestre 10 kg pero lleve al arresto del jefe de la organización, su contador y su encargado de logística. 

Otro nuevo foco sería: ¿en qué eslabón de la cadena de tráfico se deben concentrar los esfuerzos? ¿Dónde se producen más daños a la oferta?
Cinco años después, se debe evaluar el impacto de la desfederalización de la persecución penal del tráfico de drogas a pequeña escala en las provincias que adhirieron a la Ley 26.052, que habilita la competencia provincial, impulsada por Buenos Aires. 

En los 80, en Estados Unidos se perseguía toda manifestación de tráfico de droga, pensando que así se dañaban las redes de tráfico. Pero descubrieron que los puntos de menudeo que se desbarataban eran rápidamente reemplazados por las redes de tráfico y el costo de su pérdida ya estaba “previsionado”. Dejaron de perseguir los pequeños puntos de venta para concentrarse en las redes regionales que los manejaban. Su desbaratamiento originaba un costo mayor, porque no todas las personas quieren y pueden organizar redes de narcotráfico a esa escala, y menos cuando el Estado se muestra eficaz en su combate.

Deberíamos evaluar seriamente si continuamos asignando tiempo y recursos de policías, fiscales y jueces a perseguir el menudeo, o a desbaratar redes regionales de tráfico. Perseguir al menudeo puede servir para “producir estadística” que esconde la cooptación de funcionarios policiales y/o judiciales por parte del narcotráfico. 

La droga se basa en la imposibilidad de los poderes públicos, por negligencia o corrupción, de hacer cumplir la ley. Por eso es una cuestión de Estado, antes que un mero problema policial, sobre la que debemos construir una nueva política de cimientos sólidos.

fuente mismo autor: http://procedimientospolicialesargentina.blogspot.com/2011/02/apuntar-las-organizaciones-narco.html.