lunes, 11 de enero de 2016

LA NECESIDAD DE ESTABLECER UNA RED DE PREVENCION CIUDADANA



ANDRES PENACHINO

El problema de la inseguridad es uno de los reclamos fundamentales del pueblo Argentino.
La inseguridad no es un tema puesto de moda. Al igual que la pobreza y el desempleo, la inseguridad se quedará entre nosotros en tanto y en cuanto los ciudadanos todos nos involucremos en este asunto.

La Seguridad, refiriéndonos al aspecto interno, esta sustentada sobre cuatro pilares: la Justicia, el servicio Penitenciario, la Policía y la Población. Como integrantes de este último basamento, no podemos intervenir activamente en la: planificación, organización, dirección, coordinación y control de los tres primeros. 
La Constitución es muy clara al respecto, el pueblo no gobierna ni delibera sino por medio de sus representantes, que son los encargados de establecer las leyes de su organización y los órganos de aplicación. Solo podemos sugerir, recomendar por los medios, elevar propuestas que es la única forma de colaborar.

Sin el apoyo de la población, muy poco pueden hacer los poderes encargados de velar por nuestra seguridad, las pruebas están a la vista y a diario.
En principio por que el gran debate sobre una política de Estado en materia de seguridad no se ha dado. Para algunos se trata de un acuerdo superestructural, entre los partidos mayoritarios, entre los representantes que carecen de la capacidad técnica que el momento exige de la información necesaria para interpretar una realidad, que no puede basarse solamente en estadísticas y de un divorcio total entre la población y su investidura. 

Es por ello que cuando se plantea la necesidad de enfrentar una situación de excepción, resulta imprescindible adoptar medidas adecuadas y consensuadas con la Población. 
Y ésta, totalmente desacostumbrada a ser consultada, no participa y cuando tiene que definir alguna situación, lo hace en forma inorgánica, sin ideología, carente de representantes y por ahora “pacífica”.
El problema que nos ocupa, ha desplazado a la población a una situación de indefensión, que la ha replegado a buscar la seguridad propia blindando su hábitat. 
Es la típica actitud del “no te metas”, del “sálvese el que pueda”, pero ni así alcanza, porque ha cedido el entorno de su casa a la delincuencia. La calle, el barrio, la ciudad toda es territorio liberado para el crimen, se ha apoderado de las plazas bulevares y los sitios públicos están vedados para su uso.

Ya no vale escudarse en el “no sabe, no contesta”, “no me incumbe, no te metas”. La delincuencia no discrimina, no separa en rubios o morochos, de River o de Boca, azules o colorados, unitarios o federales, todos podemos ser víctimas de su latrocinio. Y si hasta hace muy poco la perdida se podía justipreciar en tal o cual valor. Hoy una vida vale menos que un celular usado.

Que la recuperación de su geografía, hoy en manos de la delincuencia, que cuenta con sus propios santuarios, corredores y sistemas de comercialización, con expresiones seudo culturales, de su accionar que modifican nuestra tradicional cultura de respeto a nuestras instituciones deben recuperarse y mantenerse. 
Para ello el valor del barrio, del pueblo, como la Patria Chica, el reconocimiento al afecto de los vecinos, como los parientes que elegimos para convivir, la confianza en los encargados de nuestro cuidado, deben recobrarse a toda costa. Porque el riesgo de perderlos es el fracaso del Estado Nación. 

¿Cuál es el camino?.

¿Enfrentar a la delincuencia con sus propios métodos y transformar nuestra ciudad en una nueva Beirut?. 
¿Dotar al brazo armado de la sociedad, con armamento sofisticado y “meter bala”?. 
Incrementar las penas, es una ilusión cuándo hay jueces que piensan en “como hago zafar a este”. 

La defensa es legítima cuando se ejerce en la conservación del bien más preciado que es la vida, o en salvaguardia del bienestar general. Pero también es cierto que cualquier medida que se adopte para su defensa debe analizarse en función de la emergencia. Y para ello las medidas pre-emergentes, son las que mejores resultados dan. La prevención en consecuencia es la mejor defensa. El mejor de los delitos es el que no se comete. 

Y para eso es necesario crear una política de seguridad, que esté más allá de un efímero mandato, de un mezquino interés político o de una apetencia sectorial o corporativa.
La primera premisa en consecuencia es la defensa común, la solidaridad como herramienta fundamental del que hacer cotidiano. Donde una ofensa, un ataque, una tropelía cometida contra cualquier integrante de la sociedad, es un ataque a la comunidad. 

Este espíritu de cuerpo imprescindible para la prevención, conlleva el intercambio de ideas, sugerencias y planes de contención que hacen más efectiva la protección colectiva. 
Es la sociedad toda la que debe enfrentar a la actual ola delictiva y asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde.

Un frente unido ante la delincuencia, ofrecerá también un bloque de opinión para peticionar ante las autoridades, exigir a nuestros representantes y apoyar a quienes son nuestro brazo armado.

Establecer un punto de encuentro con la policía en cada barrio, donde se vuelva efectuar un intercambio de información de mutuo interés, donde la población comunica cuales son los verdaderos problemas que la aquejan, cuales son las zonas conflictivas y las necesidades de vigilancia y presencia policial. Y donde la Policía le plantee a la población cuales son los inconvenientes que encuentra en su labor, la necesidad de una comunicación eficiente y ordenada. 

En síntesis, la participación social es clave para que la comunidad ejerza un mayor control sobre las decisiones que influyen en su vida; la participación es la fuente de todo poder

La construcción de una sociedad más democrática se hace en el marco de dialogo y concertación, por lo tanto, las organizaciones de base comunitaria como cualquier ciudadano que autoconvocado quiera involucrarse en este asunto deben constituirse en actores sociales organizados y consolidados para participar activamente en la definición de políticas preventivas.

Además, estos actores, a través de sus acciones colectivas van conformando verdaderos movimientos solidarios y de cooperación civil siendo este un enfoque diferente del presente modelo sobre el ordenamiento de las relaciones.

Imaginar y constituir modelos de gestión mancomunada que apunten al fortalecimiento de la sociedad civil y la creación de nuevos vínculos  entre los distintos actores sociales implica un proceso de aprendizaje. En este sentido, un modelo posible es el de la cooperación que supera el dilema entre lo publico y lo privado. 
Para ello, es preciso diseñar sistemas de participación en los cuales cada sector cumpla una función especifica para lograr los objetivos de integración.
por Andres Penachino

La foto es orientativa y no tiene que ver con la nota

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