viernes, 13 de mayo de 2016

DROGAS, DESCONTROL Y MUERTE.


POR ANDRES PENACHINO

No podemos negar la realidad de los hechos cotidianos relacionados con la drogas. La muerte de los jóvenes intoxicados con drogas de diseño en Costa Salguero, nos lleva a una reflexión profunda sobre lo que podríamos denominar, la contra cultura relacionada con el consumo de drogas y sus efectos devastadores sobre la existencia humana, dado que forman parte de las barbaries contemporáneas. 
La drogadicción, el alcoholismo y la violencia son -sin dudas- signos decadentes de una enfermedad social. Las drogas junto al alcohol hoy se incorporan a los ritos de muerte que aseguran un placer efímero inicial para luego generar cuadros de dependencia psíquica y física toxica con efectos permanentes sobre los consumidores. En este caso, la diversión, en donde la fiesta, eje de toda cultura, perdió su relación con el encuentro, para asociarse a la excitación comercializada.
En una sociedad donde, la anomia y dimisión de los padres muestran tanto el en plano social como en la célula educativa fundamental fallas que alteran el desarrollo evolutivo infantil, el libre albedrío de las personas, logro de la modernidad se transformo en individualismo insolidario que hoy sigue patrones consumistas y hedonistas de la posmodernidad. El deber cede ante los derechos individuales pero a costa del bien común solidario. Así vemos como la deserción familiar, resta amor, limites y valores, ingredientes fundamentales para la salud de joven, existiendo una relación importante entre los conflictos familiares y el consumo de drogas por parte de los hijos. Los padres constituyen la respuesta primaria porque son los que mas tiene que perder. La escuela puede ayudar, como también la iglesia y las instituciones intermedias, pero ninguno de ellos puede reemplazar a la familia. Sin entrar ahora en el análisis de los diferentes planeamientos educativos, si podemos afirmar que nuestras instituciones educativas no preparan para la vida, a los sumo para seguir estudiando. Los problemas reales que los educandos viven en la casa o en la calle, permanecen fuera de los programas. En cuanto a las drogas vemos que casi no existe educación alguna, ni dentro ni fuera de la escuela. En este sentido, la institución escolar es el escenario privilegiado inicial parra el desarrollo de los programas de prevención de las enfermedades psicosociales ya que permite un tiempo prolongado de acción (población cautiva) y ofrece una estructura funcional que facilita el desarrollo continuo de programas, incluyendo los diversos niveles (niños, padres, docentes, auxiliares, vecinos) y dispone del ecosistema adecuado, siendo la principal fuente de socialización del niño.

NECESIDAD DE PREVENCION La prevención (prevenir= antes de venir) es natural y lógica en cualquier planeamiento de la actividad humana, en este sentido la sabiduría popular nos dice que es mejor prevenir que curar. En el caso de la drogas es fácil comprobar la validez de este principio. La prevención no es otra cosa que la puesta en marcha de los medios apropiados para impedir la aparición de dependencias como la drogas en la sociedad. Actuar después que la droga se ha instalado en nuestra sociedad supone daños irreparables y difícilmente superables, no solo en costos de vidas, sino en servicios de salud, asistencia social, correccional, etc. Si nuestra sociedad quiere seguir avanzando, necesita personas sanas que sepan enfrentarse a los problemas y encuentren soluciones creativas, porque las drogas no solucionan ningún problema, sino que crean muchos otros que forman una terrible espiral que nos lleva al vacío y la aniquilación como sociedad. Solo desde respuestas locales y con los institutos mencionados vamos a poder evitar que las drogas se casen con nuestra comunidad. Si nos empeñamos en no reconocer el problema, el consumo e drogas será cada ves mayor aun en lo local, la violencia continuara y la decadencia social se tragara nuestras instituciones, nuestra comunidad y nuestro futuro.
Andres Penachino

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