jueves, 19 de mayo de 2016

EL DELITO EN LA CIUDAD



PUBLICA: ANDRES PENACHINO

Las tasas más altas de criminalidad se concentran en las aglomeraciones urbanas. La gestión de la seguridad implica reducir el riesgo objetivo de ser víctima de un delito y el temor a ser victimizado.
El diseño urbano puede contribuir a estos objetivos a partir de la inclusión, el reconocimiento de la diversidad y la participación.
Las estadísticas policiales y las encuestas de victimización a nivel mundial muestran que los niveles de criminalidad son más elevados en las ciudades que en las zonas rurales. El territorio urbano es un escenario permanente de conflictos y tensiones, en él coexisten el delito común, el crimen organizado y los distintos tipos de violencia. Esta complejidad está arraigada en los históricos problemas económicos, sociales y políticos de nuestra región. En este sentido, la década del 90 marcó un importante punto de inflexión, no sólo en cuanto a la profundización de las políticas de exclusión y empeoramiento de los indicadores sociales, sino también en el aumento desmedido de las tasas de criminalidad.

La respuesta estatal frente a esto ha sido variada, pero en general se han ensayado estrategias tendientes a fortalecer la capacidad de acción policial e incrementar las medidas de control sobre la población. A pesar de que a principios del nuevo siglo se impulsó una serie de reformas en los sistemas de seguridad, en general las políticas de seguridad urbana han quedado circunscriptas al dominio de las fuerzas policiales. Pero la idea de seguridad urbana es mucho más amplia. Por un lado, es seguridad urbana el problema objetivo del riesgo de ser víctima de un delito y, por otro, también lo es el problema subjetivo de la sensación personal y colectiva del temor a ser víctima de un delito (Sozzo, 2000).

Por ello, la producción de seguridad en contextos urbanos opera mayormente en el plano de la prevención, y es aquí en donde el diseño y la planificación urbana pueden efectuar importantes aportes para alcanzar el objetivo de reducir los delitos y la sensación de inseguridad.
Según Van Dijk, la prevención del delito puede ser definido como “todas las políticas, medidas y técnicas, fuera de los límites de sistema de justicia penal, dirigidas a la reducción de las diversas clases de daños producidos por actos definidos por el estado como delitos”.

Dentro de este concepto se han propuesto tres tácticas alternativas de prevención del delito:

-      La táctica situacional ambiental tiene por objetivo reducir las oportunidades situacionales y ambientales de que se produzcan delitos;

-      La táctica social está orientada a incidir sobre las causas sociales del delito; y, por último,

-      La táctica comunitaria busca involucrar a la comunidad como un actor protagonista de la construcción de la seguridad.

FUENTE MAXIMO SOZZO 2000 (Crawford, 1998; Pavarini, 1992, y 1995; Selmini, 1996; Baratta, 1998)

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