sábado, 4 de junio de 2016

EL CIRCO ROMANO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORANEA.



POR ANDRES PENACHINO

A pesar del despliegue de maravillas tecnológicas de los últimos 50 años en: medicina, transporte, comunicaciones, computación, etc. vivimos en una sociedad enormemente problemática. Bajo el triple azote del; consumo de drogas, la criminalidad y el declive de los valores morales, este mundo se esta convirtiendo en un caos.
Todos ellos, asociados o no, son una amenaza para la sociedad, pero también amenazan la salud y el bienestar de nuestras comunidades, coartan las aspiraciones de nuestros pueblos y mancillan el futuro de nuestros niños.
Todos lo vemos, poca es nuestra reacción.
Mientras esto acontece a nuestro alrededor, la bulla del triunfalista del fútbol, los programas televisados donde se muestran obscenamente políticos y vedettes bailando por no se sabe que sueño, el mirar por el agujero de una cerradura para ver que hace una docena de atorrantes metidos en una casa buscando una efímera fama, parece ser el antídoto efectivo de nuestra civilización, que previene de una hipotética realidad que, ni siquiera se desdibuja cuando comenzamos a buscar con nuestro control remoto, aquellos canales que solo pasan películas.
Allí frecuentemente encontramos otra realidad, una realidad que se ve emponzoñada por la difusión del comportamiento salvaje, esos actos egocéntricos de la violencia contra los demás, en los que el protagonista “malo” se complace en causar dolor, y a veces, según el guión, en una completa indiferencia ante los sentimientos y la humanidad de la victima. Es lo que vende dicen algunos entendidos.
Los videos juegos que utilizan los chicos condicionan indiscriminadamente a los chicos a atacar y matar, inspirados en los métodos militares que emplearon en la instrucción de los soldados que iban a Viet Nam para superar la resistencia a matar al enemigo.
La violencia vista, la leída y la que vivimos a diario, se ha convertido en el temor al otro. Hemos generado una caparazón que poco a poco destruye nuestra compasión. Estamos perdiendo la capacidad de preocuparnos por que le pase a los demás, pero no nos damos cuenta que tampoco estamos exentos del flagelo que nos afecta en forma cada vez mas directa
Los blancos potenciales de la violencia, ahora somos todos y cada uno de nosotros. Ahora el mensaje es, mantenerse hiper vigilantes y asumir que todo el mundo constituye una amenaza en potencia.
Dentro de nuestras casas estamos seguros, fuera de ellas son todos enemigos. 
El espectáculo debe continuar, haciendo lo posible por privarnos de la capacidad de ver la gravedad de una enfermedad que amenaza en convertirse en pandemia de continuar en el tiempo.
El ser humano, en toda su historia registrada, buscó el entretenimiento como una falsa forma de evadirse de sus frustraciones. Esa fuga hacia adelante existió siempre, como una resignada manera de no ver los problemas propios que requieren grandes esfuerzos para solucionarlos. 
El circo romano es la síntesis de espectáculos sangrientos, por ejemplo las luchas entre gladiadores y animales salvajes, facilitaban la evasión, como una embriagante droga visual que, luego de la suficiente descarga de adrenalina, permitía una resignada marcha hacia sus casas.
La tecnología moderna multiplicó el Coliseo romano en un número casi infinito. La televisión permitió que el circo alternara casi simultáneamente con el teatro, y éste con alucinantes presentaciones virtuales, que en un permanente delivery, llevaron a domicilio sueños y broncas ajenas, para obviar las propias.
Pero la fórmula del circo tiene un segundo componente que es el pan, elemento esencial en la comida hasta hace pocos años; basta recordar que en la triste Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la denominada guerra de trincheras, se consideraba que cada soldado francés debía consumir dos kilos de pan por día. Ese pan representa la alimentación básica que necesitaba una población, en un tiempo y lugar determinado. Lo dramático se da cuando, gracias a la distracción la gente empieza, lentamente, a recibir miguitas.
La primitiva fórmula que nos ofrece el circo nos motiva y nos mueve más que cualquiera de los dramas de la vida real que nos rodea, y así vamos por la vida, tomándonos en serio un show de televisión, en tanto que no demandamos a quienes deberíamos demandar, soluciones concretas sobre las cosas que realmente merecen verdadera preocupación.
Cuando el espectáculo circense también se convierte en una fuerte adicción, también empezamos a perder ciudadanos para tener meros adictos. En ese momento de mucho circo, la gente que busca el pan tiene dificultades para lograrlo, en primer lugar porque se olvidó cómo se produce, y porque se resignó a participar crónicamente de las otrora ollas populares, hoy denominadas planes sociales, en donde se pierde lentamente el orgullo de votar a cambio de un cada ves mas escaso plato de comida. En ese momento sólo quedan muchos hinchas descontrolados en sus apetitos y muy pocos ciudadanos responsables.
Así como la crisis medieval dio paso al renacimiento, nuestro voto responsable nos proveerá del pan de cada día, evitando que, cada ves mas debamos apelar al circo para evadirnos de la terrible una realidad cotidiana, cuyo pronóstico cada ves es mas sombrío.
FUENTE: DIARIO EL VIAJERO, MATERIAL DE LA BIBLIOTECA DEL PROGRAMA COMUNIDADES SEGURAS ONG.
LA FOTO ES REPRESENTATIVA, EXTRAIDA DE INTERNET Y NO TIENE QUE VER CON LA NOTA
Andrés Penachino

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