viernes, 22 de julio de 2016

A CADA ACCION LE CORRESPONDE UNA REACCION IGUAL EN SENTIDO CONTRARIO



POR ANDRES PENACHINO

El incremento delictual generado por individuos cada vez más jóvenes es un importante dato de la realidad a tener en cuenta. Sin embargo, el que mayor relevancia posee y que genera mayor preocupación en estos días, es el delito violento, siendo éste uno de los factores por los que en algunas zonas de nuestra geografía, la sociedad se encuentra en involución.

Hasta el año 1997, la falta de seguridad en la Argentina ostentaba el sexto puesto en el rancking de preocupaciones de la gente. Desde 1999 pasó al segundo puesto, siendo el primero la inestabilidad laboral. En 2006 paso a hostentar el primer lugar en el rancking de preocupaciones ciudadanas.

Pero existe una creencia general y equivocada, de pensar que un sistema de seguridad resulta más eficiente cuanto más represivo sea y es por ello que muchos actores sociales relevantes, reducen la problemática de la seguridad a la mera represión del crimen, al tiempo que un vasto sector de nuestra ciudadanía, también demanda "mano dura" como medida básica para disminuir el delito, principalmente contra la seguridad física y la propiedad.

La mera represión del delito no debe ser entendida como medida de seguridad sustentable. Como única respuesta tendiente a combatir los hechos delictivos, sólo ofrece un paliativo temporario, muchas veces ineficaz y sujeto a cuantiosas objeciones de diversos órdenes, especialmente moral.

Cualquier política destinada a combatir la delincuencia debe, necesariamente, estar acompañada por una política social. No pueden sólo reprimirse los efectos sin atender y prevenir sus causas. Si bien es "prioritario" y "urgente" dar respuestas rápidas a las demandas lógicas y necesarias de nuestra ciudadanía, debemos también erradicar las causas que generan un marco propicio para el crecimiento de la actividad criminal.

Hablemos de causas

Desde tiempos remotos se han realizado vastos estudios buscando encontrar el origen de las conductas agresivas y criminales de los seres humanos. Aún en estos tiempos, estas acciones son motivo de discusión entre los especialistas. Sus opiniones se dividen en dos corrientes: los que piensan que es un problema genético y los que sostienen que se debe al entorno donde la persona se desarrolla (naturaleza o educación). Ninguno de los trabajos relacionados al cromosoma del crimen han podido demostrar verazmente si éste existe o no, por lo tanto, el estudio mejor orientado es el relacionado con la educación y el medio ambiente.

El fenómeno del delito es universal y viene incrementándose hace ya varias décadas, más o menos en coincidencia con la desinstitucionalización de las sociedades, la tecnificación de los procesos industriales y en algunas partes del mundo, como consecuencia de políticas neo liberales. La aparición de una nueva tipología de delito que reconoce su origen en la ruptura de los vínculos familiares, la carencia de educación y la falta de contención social, es la que actualmente está desbordando los esquemas clásicos de la seguridad pública.

Siendo la familia el primer cordón de contención, en algunos casos ha dejado de ser una comunidad de formación para limitarse muchas veces a ser centro de rivalidad conyugal y de incomunicación entre padres e hijos. La falta de control familiar, acompañada de una vivienda inadecuada, disociación hogareña y una conducta irregular de los padres, se traduce en carencia afectiva que impide a los hijos identificarse con ellos. La estabilidad emocional de los padres, es la base de la armonía familiar y seguro fundamento para una adecuada reacción ante cualquier acontecimiento, constituyendo uno de los mejores medios preventivos. La constitución irregular y la disolución de la familia, sigue siendo el factor clásico y constante en la situación social de los jóvenes con graves problemas de conducta.

¿Cómo puede identificarse el joven con un padre desocupado o una madre peleándole día a día a la miseria? Con el agravante de ver cómo los delincuentes cuentan con todo lo que ambicionan y que la ley es benigna con la mayoría de ellos.

Entonces buscará el valor necesario en un "pase de merca" y en la admiración de alguna mocosa que lo preferirá por no ser un "careta" y salir a "voltear" gente.

Estudios serios dan cuanta que la familia unida aun viviendo en condiciones por demas precarias, salva a los chicos y jovenes de las garras del delito. Esto se comprobo en las familias de cartoneros que salen juntos a recolectar elementos para reciclar.

Pero no todos los delincuentes son pobres

En innumerables hogares, la televisión se ha convertido en la mamá, el papá y la niñera. Infinidad de padres ven más fácil sentar a los niños frente al televisor, que prestarles la atención que necesitan. Allí y aún en los dibujos animados, encontramos personajes con características psicopáticas, donde en tiempo real usan la violencia extrema para luchar por sus objetivos. Estos personajes han pasado de la pantalla a los juguetes, a la indumentaria y a los videojuegos.

La muerte virtual en un juego de video o computadora, es algo a lo que se enfrenta diariamente cualquier niño. De allí que les es muy difícil encontrar la real diferencia entre la muerte real y la virtual. Hasta la publicidad que nos bombardea desde la televisión, le enseña a los niños a mentir (recuérdese aquella del chico que cambia el diario del padre por uno anterior con un paro docente), hasta como ser un "dandy" para promocionar una bebida.

La escuela

El segundo paso preventivo, de inmejorable escenario para el desarrollo del joven, es la escuela, dado que es el cordón de contención de la persona después de su familia. La escuela es un factor protector en la vida del niño y del adolescente. Según la CEPAL (informe 1996), de toda América Latina la Argentina, hasta el año 1976, era uno de los países con mejores niveles de vida incluyendo las clases más pobres; en instrucción, también aventajaba a los países de la región, inclusive el nivel universitario. La situación en general, extrañamente, se agravó en la región con el advenimiento de las democracias y este país no fue la excepción.

La escasez educativa también suele ser la consecuencia de padres que por diversos motivos, carecen de interés por sus hijos y en gran medida este deterioro contribuye a fomentar el delito. La deserción escolar constituye un factor de riesgo importantísimo para el niño y el adolescente.

El fracaso escolar está íntimamente ligado al incremento de la delincuencia juvenil. Un relevamiento "confiable" da cuenta que, 1 de cada 4 chicos llega a la escuela secundaria. El 20% de los jóvenes argentinos no trabajan ni estudian. Son los NI NI. Las escuelas poseen una población cautiva, cuyos problemas y reacciones más diversas, en no pocas ocasiones, se manifiestan dentro de ellas. Las escuelas, también reciben hechos violentos cometidos por alumnos primarios y secundarios. Los alumnos heridos por armas de todo tipo dentro y fuera de las escuelas, son un ejemplo real y casi cotidiano.

Los efectos

La planificación de un buen sistema preventivo (policías preparados, leyes acordes y una justicia ágil) sigue siendo una deuda pendiente en nuestra sociedad. La prevención estratégica es la forma adecuada de atacar los efectos.

La prevención no es otra cosa que la puesta en marcha de los medios apropiados para impedir o evitar determinadas conductas indeseadas en los individuos, que puedan dar lugar a la aparición de hechos o conductas delictivas a posteriori, en nuestro entorno directo y en la sociedad en general. 

Por lo tanto, ésta debe ser una obra en la que participen todos los ciudadanos, las sociedades intermedias, los órganos que integran los poderes públicos de la Nación, de las provincias y las municipalidades. Para ello es necesario el desarrollo y la consolidación del espíritu comunitario, donde las personas, las familias y las sociedades intermedias tomen conciencia de su necesaria y activa participación en el problema.


Escribe Andrés Penachino

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