lunes, 22 de agosto de 2016

EL FRAUDE EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN TOTAL



PUBLICA ANDRES PENACHINO

En un mundo sin fronteras, con información clasificada al alcance de los hackers y comunicaciones impersonales vía Internet, el delito de fraude ha tenido un crecimiento exponencial, motorizado por los sistemas de última generación. Este accionar ha creado una frontera imprecisa entre lo lícito y el delito; el estudio de casos, permite elaborar nuevas normas de protección.

Orígenes

Una de las más antiguas definiciones de “fraude” (del latín “fraudem”; mala fe) es del emperador Justiniano quien promulgó el Digesto en el año 533. En el Derecho Romano, recibía el nombre de “Crimen Stellionatus”, y en España, siete siglos después de la compilación de Justiniano, las “Siete Partidas” ya condenaban y castigaban penalmente hechos que hoy se conocen como “estafa”.

¿Qué es el fraude?

Muchos siglos han transcurrido desde estas primitivas definiciones de una de las actividades criminales que más se ha desarrollado a través del tiempo, tanto en los medios como en las técnicas utilizadas, cuyo objetivo, es el apoderamiento de bienes o actividades comerciales mediante un ardid o engaño.

Características del fraude

Las maniobras fraudulentas poseen tres elementos esenciales:
Habilidad (Modus Operandis).
Ausencia de violencia.

Metodología.

La habilidad del delincuente sumada a las peculiaridades del delito se convierte en el “Modus Operandis” que él mismo adopta para llevar a cabo su cometido. Respecto a las maniobras utilizadas, los distintos medios de comisión en las que puede presentarse el delito son:
Nombre supuesto.
Calidad simulada.
Falsos títulos.
Influencia mentida.
Abuso de confianza.
Apariencia de bienes, crédito, comisión, empresa o negociación.
Valiéndose de cualquier otro ardid o engaño.

Los juristas son coincidentes en que el engaño es el elemento primordial dentro de este delito, y esto es así porque en la estafa no hay violencia como la puede haber en el robo. Es un delito en que el criminal actúa con inteligencia y astucia (entre las distintas variedades que puede adoptar), para engañar a la víctima y hacerse entregar voluntariamente el objeto querido.

Su metodología es en principio la actuación personal. El estafador se muestra tal como exterioriza su persona; culto, profesional, bien vestido, con una gran capacidad de llevar adelante conversaciones sobre temas dispares, ostentando una “supuesta” posición económica holgada la que será el “señuelo” para interesar a su víctima.

Los medios pueden ser artesanales, donde es necesario su manejo personal y donde no existen sofisticaciones para llegar al logro de su objetivo, solo la escenificación del fraude (“Cuento del Tío”); o técnicos, cuando la operación está destinada a atacar una organización y en ella un producto determinado que exige un montaje más profesional.

El uso de medios técnicos hace necesario la convocatoria de expertos en las distintas especialidades que formen parte de la operación, tales como; químicos, ingenieros en sistemas, dibujantes y en todo caso, idóneos, con conocimientos suficientes para superar los niveles de seguridad que las empresas utilizan para prevenir y combatir el fraude.

Hoy, con la utilización de hardware y software adecuado, se pueden falsificar o copiar, mediante equipos periféricos como fotocopiadoras multipropósito o escáneres, distintos tipos de documentaciones a partir de componentes originales. Obtenida la imagen del documento, de logos y/o marcas, la adulteración se realizará mediante un software apropiado para finalmente utilizar sistemas gráficos que permitan producir las nuevas unidades sin inconvenientes.
La diversidad de medios o formas que presenta el delito de estafa, es una de las primeras dificultades que se encuentran a la hora de definirlo.

Este tipo de delincuente “económico” posee una educación totalmente diferenciada de otro tipo de delincuente marginal; generalmente es de clase media, incluso profesional, cuya inteligencia está destinada a establecer las debilidades de los sistemas comerciales o personas hasta encontrar un nicho o una flaqueza que pueda ser explotada.

Algunas de las modalidades son conocidas como de “cuello blanco”, término acuñado en 1949 por el sociólogo estadounidense y uno de los criminólogos más influyentes del siglo XX, Edwin Sutherland, quién abarcó en su definición distintos tipos de actividades delictivas, tales como; fraudes fiscales, prácticas ilegales de ventas, fraudes con seguros y tierras, saqueos, fabricación y venta de productos peligrosos.

Actualmente, las operaciones están direccionadas a distintas actividades donde se pueda ocultar el acto delictivo, reducir la presencia física, como así también, resguardar la identidad del delincuente. En este sentido, las TIC’s son ideales para materializar acciones que afecten a:

Sistemas bancarios, legajos de crédito, medios electrónicos de pago.
Corporaciones manufactureras textiles, perfumeras, marroquineras, petroleras, laboratorios médicos, discográficas.
Documentos de identidad, cédulas, pasaportes, carnet de conductor.
Bolsas de valores.
LA FOTO ES REPRESENTATIVA EXTRAIDA DE INTERNET Y NO TIENE QUE VER CON LA NOTA

Fuente: LATAM COMUNITY
Escrito por Rodolfo Raúl Pardo (Licenciado en Seguridad (IUPFA), Managing Director de “Profile ISC”, asesores internacionales en seguridad corporativa)

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